La frontera natural | Letras Libres
artículo no publicado

La frontera natural

Se rellena las orejas con los auriculares y se sienta. La piel de la cara es una frontera natural de su existencia y no trasluce signos. El vagón está lleno pero él no se inmuta. Ve y no distingue, sus ojos repelen las imágenes una tras otra: la membrana de los ojos también es una frontera natural.

A solas con la música, que va y viene por su cabeza en una operación de continua recarga. Todo es superlativo en el interior: el calor es calor de verdad, el olor no varía, no hay ninguna trampilla de ventilación. Los pensamientos evitan estorbar la circulación de la música, y el cuerpo, amodorrado, funciona por su cuenta, como pidiendo perdón –un ruido de tripas o un dolor en un dedo podrían echarlo todo a perder. Él no oye, le llena la música y no queda hueco para más. Es una caja de música, una orquesta completa inaudible, y, claro, la música misma es su frontera natural.

Al hombre que viene en la dirección contraria sumido en sus pensamientos le pesa el vientre. Es una cueva de intestinos fatigados, pero él apenas oye el ruido de tripas –no se le ocurre que suenan igual que el tren.

Hay quien no oye el dolor que abre una cueva en el estómago del hombre que se ha atrevido a cenar mal.

Claro, el que va dormido es una caja de sueños, y quizá los ronquidos silenciosos ellos solos no son otra cosa que la voz natural de sus sueños.

Todos son cajas y sueños de lo que sea. Difícil imaginar qué sucedería si todos hicieran como el vagabundo que se ha puesto a dar voces, por más que salgan de la cueva rota de su corazón. ¿Qué sucedería si los libros de las grandes bibliotecas hablaran? El ruido que derriba murallas o echa abajo las lámparas de araña no viene de la nada.

Cuando los dos trenes se cruzan, no se tocan, claro está. La lluvia, que entretanto ha derramado afuera sus cabellos, no ha vaciado el parque, sino que el hombre empapado la oye martillear cada vez más fuerte sobre su frontera natural. ~

 

Traducción de Luz Gómez García

 

 

 

 

Poema perteneciente al libro Un minuto de retraso sobre lo real, de aparición en septiembre de 2011 en Vaso Roto Ediciones.


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