La escuela de Galileo | Letras Libres
artículo no publicado

La escuela de Galileo

Era un peso muerto que caía,
     un ave en pleno infarto
     o una planta suicida que se atreve
     desde el balcón en el octavo piso.
     Viajaba a la velocidad de los cuerpos
     que han perdido
     su lugar en la atmósfera,
     y era un desplome lento
     de tan mudo
     sin nada de alas inútiles y sucias.

Se impactó en el asfalto.
     Sobre las rayas blancas
     del cruce peatonal
     una mancha creció angustiosamente
     hasta encontrar al fin su forma.

He pasado la tarde,
     desde entonces,
     arrojando tus cosas al vacío,
     haciendo un inventario
     de sus modos y tiempos de caer.

Los libros no planean,
     no despliegan sus hojas;
     el perchero es estaca y es aguja;
     la almohada sólo un sueño
     de plumas confundidas.

El piano, sí, el piano...
     Pero falta el paraguas, por ejemplo;
     al rato probaré con el sofá. -

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