La cultura de la copia | Letras Libres
artículo no publicado

La cultura de la copia



Imagínense una exposición sobre un escultor donde ninguna de las piezas exhibidas es un original de ese autor. Imaginen que la única obra genuina que se muestra de ese artista es una firma, escrita sobre un pedestal vacío. El planteamiento de una exposición semejante haría correr entre la crítica ríos de tinta sobre cuestiones como el nombre propio, la muerte del autor, la escultura en el campo expandido, la pérdida del pedestal, el neoconceptualismo postmoderno, el apropiacionismo, el simulacionismo. Esos textos críticos estarían además plagados de citas de los filósofos franceses que han inspirado este tipo de discursos, tan corrientes en el mundo del arte contemporáneo desde hace más de dos décadas: Foucault, Barthes, Baudrillard o Derrida. Y, naturalmente, sólo cabe imaginar una exposición de este tipo en un centro habituado a acoger arte actual. Si estuviéramos en París, pongamos por caso, tendría lugar muy probablemente en el Palais de Tokyo, tan fashion. Imposible algo semejante en el Louvre, claro.

Cuando le comenté a un amigo que acababa de ver en París una exposición magnífica sobre Praxíteles, me dijo: “Ah sí, pero ¿no es ese autor del que sólo queda un pedestal?”. Y así es (o casi: se discute si el Hermes con Dioniso niño del Museo de Olimpia es original –el único- del artista). Ese pedestal vacío, pero con la firma del escultor clásico del siglo IV a. C. grabada y especialmente resaltada, gracias a la iluminación, por el montaje que ofrece el Louvre en una de sus salas de exposiciones temporales, es la única obra original de la muestra, y por eso mismo, la encargada de recibir al visitante. A partir de ella, éste transita por un sinfín de extraordinarias réplicas, interpretaciones y reinterpretaciones de la escultura atribuida a Praxíteles, ejecutadas en épocas muy diversas, y se da cuenta de que éste es el verdadero hilo conductor de la exposición; lo cual no deja de ser extremadamente interesante y atractivo. Tendemos a olvidar que nuestro conocimiento de la escultura clásica no se da si no a través de un sinfín de copias. En el caso de Praxíteles, unas pocas seguras, como la de la Afrodita de Cnido, y muchas de ellas de autoría asignada no sin importantes reservas. Además, sobre un número nada despreciable de copias romanas, se han llevado habitualmente a cabo diversas restauraciones modernas, como también se puede apreciar en el Praxitèle. Un maître de la sculpture antique del Museo del Louvre.

El montaje permite la perfecta comparación entre las distintas versiones de una figura, y, sobre todo, y esto es quizá uno de sus mayores atractivos, favorece la percepción de las grandes diferencias existentes entre ellas. El Apolo Sauróctonos, por ejemplo, sin abandonar en ningún caso su actitud muelle y femenina, es unas veces un imberbe a quien se podría echar a lo sumo doce años, con un cuerpo esbelto e inmaduro semejante al de un adolescente napolitano bajo la lente neorrealista; en otras ocasiones, ha adquirido una estructura más firme y decidida, la propia ya de un joven.

A pesar de las apariencias, esta exposición es una de las formas de representación del arte griego más genuinas que cabe encontrar, y hay que reconocer al Louvre el coraje de haber planteado abiertamente el carácter indirecto de nuestro conocimiento de la escultura clásica. Pues ¿qué es ese arte si no las sucesivas lecturas que de él hemos hecho, al menos desde Roma y el Renacimiento, o desde que Winckelmann se conmoviera con él hasta convertirlo en una patria espiritual, Hegel lo declarara la única nostalgia legítima, o Nietzsche hiciera temblar los fundamentos de mármol blanco que habían sustentado la visión de lo griego hasta el momento? Quizá no haya nada tan auténtico como la copia romana o el pastiche renacentista de un original griego que ya nunca conoceremos. Hay que remontarse más atrás de Warhol y el Arte Pop, aproximadamente hasta los caballos del Partenón, para entender que nuestra idea del arte se basa en un ejército de simulacros. Puede que alguno de ellos se vea dentro de poco en esa réplica del Louvre que se está construyendo en Abu Dhabi. ~