Javier Calvo, escritor | Letras Libres
artículo no publicado

Javier Calvo, escritor

“Salir del barrio me provoca rechazo ideológico”

Ha tardado muchos años en escribir sobre su ciudad, una que hasta hace menos de una década no le servía para contar la historia que quería contar: la de una auténtica metrópoli. Pero al fin ha llegado el momento de hablar de Barcelona y de esa “corriente de magia que circula entre el individuo y el genio del lugar”. Lo hizo ya en un ensayo del libro Odio Barcelona (Melusina, 2008), en la colección de relatos Matar en Barcelona que publica en pocos días la editorial Alpha Decay, en su web Ríos perdidos , y lo ha hecho sobre todo en su nueva novela, la que acaba de terminar. En ella, Barcelona y el barrio en el que reside el autor, el Raval, no son sólo los escenarios de los crímenes más espeluznantes sino también mundos en inevitable transformación, modernidad que se construye sobre patíbulos y hogueras, la enigmática geografía del mal que deja abiertas las preguntas por el origen y el sentido de la muerte en una Europa que ha cambiado los monjes paganos por los turistas de Dunkin Donuts. Ya sabemos lo que va a pasar cuando la publique a inicios del año que viene: Cada libro que escribe el catalán Javier Calvo (1973), uno de los autores más talentosos de su generación, se convierte en libro de culto.

¿Por qué vives en este barrio, el Raval, el antiguo barrio chino?

Estuve muchos años intentando irme fuera de Barcelona porque había desarrollado un rechazo visceral hacia ella. Luego decidí que iba amar Barcelona y a ser barcelonés. Me dediqué a buscar las raíces de lo que fue la ciudad y así descubrí que no podía vivir en ningún lugar que no fuera el casco antiguo de la ciudad, porque es el único lugar que me parece que es realmente Barcelona –el Ensanche y los barrios de la periferia me parecen ciudades-dormitorio, lugares sin historia–, aunque esté siendo invadido por una suerte de corrientes malignas que son básicamente la explotación turística, la especulación, la adulteración y la transformación en ciudad-simulacro.

¿Qué lo hace un lugar atractivo para un escritor como tú?

Me gusta que sea un lugar de perplejidad, de desconcierto, de problemas idiomáticos, como una especie de representación o materialización del caos. Es una ciudad basada en el caminar y no en el coche, en la llegada de gente extranjera de primera generación, en la idea del callejeo de noche, me gusta que se mantenga cierta identidad entre el lugar donde se vive y el lugar donde se bebe, a diferencia de esos barrios donde la gente vive y luego deben coger un taxi para ir al bar. Es esa idea de que un barrio es como tu madre: te lo permite hacer todo. Yo como agorafóbico intento abandonar el Raval lo menos posible. Salir del barrio me provoca ansiedad y rechazo, rechazo ideológico.

A ti te interesa mucho la historia y la magia. ¿Cuáles crees que sean las energías que subyacen bajo su actual revestimiento urbano?

Cuando cada comunidad se asienta en un lugar ese lugar se vuelve el centro del mundo; lo primero que hace es enterrar a sus muertos allí y eso carga el suelo de energía. Si se destruye la iglesia y se construye un edificio de apartahoteles se pierde el poder. En el casco antiguo de Barcelona estaban los cementerios originales, los patíbulos, las horcas, las hogueras donde quemaban a la gente, los mercados. La antigua Boquería era un lugar donde se sacrificaban animales. Se trata de una energía espiritual y si eres materialista, de una energía simbólica. En Barcelona se han encontrado huesos de hace 10 mil años, quiere decir que hay una continuidad, que aquí están nuestros padres de sangre. Si nos movemos perdemos poder.

Hace poco un reportaje decía que la calle Roig, la calle donde vives, es la más peligrosa de la ciudad…

Lo dice el Ayuntamiento y La Vanguardia, pero yo no estoy de acuerdo, para mí sería mucho más peligros vivir en los barrios de la zona alta, en uno de esos lugares horribles, tediosos, sería un peligro para mi vida porque me provocaría depresión y me tendría que medicar.

¿Por qué escogiste a Enriqueta Martí, la “vampira de Barcelona”, como tema del relato que escribiste para Matar en Barcelona (Alpha Decay)?

Yo no lo escogí, Ana S. Pareja, la editora, me obligó a escribir sobre este personaje. Enriqueta Martí es el Jack el Destripador de Barcelona. Ana S. Pareja debe haber pensado que Enriqueta Martí era la asesina más importante de la historia de Barcelona y yo era el mejor escritor del libro, así que me la adjudicó. El Raval ha sido tradicionalmente un lugar de explotación sexual y de explotación humana. Enriqueta era una proxeneta que vendía niños a la gente de los barrios burgueses y también era una mujer desequilibrada que creía ser una bruja y hacía pociones con los cuerpos de los niños. Más que de ella, de quien ya se ha escrito demasiado, mi historia trata sobre la religión. El protagonista es un niño que actúa como sumo sacerdote y mata al elemento del caos.

En tu primera novela, El Dios Reflectante, era Londres. Por fin escribes una novela solo sobre Barcelona. ¿Qué Barcelona te interesa contar?

Es una novela de crímenes ambientada en el Raval en el siglo XIX. Se me ocurrió leyendo un libro de Sir Thomas Brown sobre el sentido de la muerte. Estoy interesado en la muerte como tema literario. Es una novela muy diferente a las que he escrito, se basa en un misterio y está muy inspirada en Arthur Conan Doyle, en la literatura victoriana, en Stevenson, en ese mundo gótico, eso como mecanismo, pero en realidad es una novela sobre la Barcelona profunda y el surgimiento de la Barcelona moderna.

– Gabriela Wiener