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artículo no publicado

Japón después del terremoto

Desde Tokio, Isami reflexiona sobre cuatro aspectos de Japón después del temblor: la economía en desastre,  la información sesgada, la rendición de cuentas y, los apagones y la liga de beisbol japonés.

Batalla perdida

El archipiélago japonés está ubicado en medio de cuatro placas tectónicas: la Filipina, la Pacífica, la Norteamericana y la Euroasiática. Por esta razón, los japoneses han estado expuestos a temblores y tsunamis, algunos, de gran escala que han dejando enormes pérdidas humanas y materiales. Esta experiencia ha derivado en el desarrollo de una cultura de la prevención y ha impulsado el desarrollo de mejores técnicas de construcción y de planeación portuaria, así como de monitoreo de los movimientos telúricos.

Sin exagerar, Japón es una las naciones mejor preparadas para los temblores. Sin embargo, como lo demostró el terremoto del 11 de marzo, no hay prevención suficiente,  no hay sistema perfecto. Ninguno de los eminentes sismólogos japoneses pudo “predecir” los funestos resultados de un terremoto de 9.0 grados en escala de Richter. Los ingenieros civiles, quienes construyeron el dique de la bahía de Tohoku, tampoco pudieron imaginar que varios tsunamis penetrarían con gran facilidad esa gran muralla de contención. Las cifras oficiales indican que habrán alrededor de 30 mil muertos. Números terribles para una nación preparada para los temblores.

Economía en desastre

Después del 11 de marzo, diversos países han buscado ayudar a Japón. En un día, los taiwaneses recolectaron 2 millones de dólares. Taiwán tiene un gran afecto hacia Japón producto de su pasado colonial y de los acontecimientos posteriores al triunfo de la Revolución china de 1949. Pero, como muchas otras nacionales, también lo hace por claros intereses económicos. Si la economía japonesa se estanca, la taiwanesa entrará en recesión. Algo similar ocurría en Australia, Tailandia, Corea y China (aunque sus autoridades no lo quieran admitir). No por nada, Japón es la tercera economía mundial y una de los principales fuentes de ayuda para los países subdesarrollados.

Obviamente, la economía mexicana también se podría ver afectada. Nada más hágase estas preguntas: ¿Qué pasaría si desaparece Nissan? ¿Qué pasaría si quiebra Olympus? ¿Qué pasará si desaparece Sony? ¿Qué pasará si existe una reducción de la demanda interna japonesa? Miles de empleos se perderán en Aguascalientes. No habrá más cámaras endoscópicas para los hospitales privados mexicanos. No habrá más frivolidades como el PS3, incluso los vendedores de piratería se verían afectados. Muchos campesinos en Michoacán podrían perder uno de los más jugosos mercados para sus aguacates. Es tenebroso nada más de pensarlo, pero no creo que sucedan esos escenarios. Este país se recuperará, aunque tardará un poco. La historia ha demostrado que Japón tiene ese potencial.

Información sesgada

Un gran temor ha sido el desastre de las plantas nucleares. Las noticias de las agencias internacionales y las mexicanas son alarmantes y las que da el gobierno japonés son “optimistas”. ¿A quién creerles? Un amigo japonés puso en su blog de Mixi (el Servicio de Red Social más grande de Japón) lo siguiente (traduzco algunas líneas, mi amigo no ha hecho público su blog disculpen este inconveniente): Muchas de los informantes externos son irresponsables. Realmente, ¿entienden el idioma japonés?… Resulta que ahora una persona, en quién sabe donde, tiene mayor información que las propias autoridades japonesas. Incluso, tienen datos de dudosa procedencia que contradicen los que ha publicado la Universidad de Tokio: institución educativa que ha monitoreado los índices de radiación del valle de Kanto desde hace más de 30 años… La única fuente confiable es el gobierno japonés.

Estoy de acuerdo con él. Los que vivimos en este país; los que no podemos salir tan fácilmente; los que tenemos un vínculo familiar aquí, tenemos que creerle al primer ministro Naoto Kan y a su vocero Yukio Edano. No porque sean unos tipos confiables o simpáticos. Son políticos y son humanos, por eso cometen errores, pero son los que toman las decisiones. Sus datos están sustentados en las principales instituciones educativas, una de ellas el centro de radiación de la Universidad de Hiroshima. Algo que me da confianza. Además, son los que realmente han dado la cara. No son voces anónimas que llenan los medios de rumores y suposiciones. Una pregunta. Lector mexicano, ¿si pasara algo similar en Laguna Verde (Veracruz), a quién le creería usted: al Facebook o al gobierno mexicano?

Rendición de cuentas

Una vez que se haya controlado la crisis de la planta nuclear (no sabemos cuándo, pero esperemos que sea pronto), el actual gobierno y Tepco (empresa encargada de manejar la planta de Fukushima) tendrán que rendir cuentas. Tendrán que eliminar esa planta e indemnizar a su víctimas. Además, tendrán que garantizar que no serán discriminadas esas personas, como sucedió con las víctimas de las dos bombas atómicas de 1945. Ese es mi principal temor, la discriminación. No solo en Japón, sino en el resto del mundo.

Sin embargo,  restregarle toda la responsabilidad a Naoto Kan no es la solución. Si bien, el actual gobierno es el responsable del manejo de la crisis, la responsabilidad es compartida. ¿Quién decidió construir una planta en una zona de temblores y de tsunamis? Los directivos de Tepco quienes garantizaron que era 100% segura. Los ingenieros y eminentes profesores de la Universidad de Tokio, quienes dieron su visto bueno. El Partido Liberal Demócrata: organización que gobernó Japón desde 1955 hasta el 2009 y que fue una de las principales promotoras de la energía nuclear. Una organización cobarde que ahora quiere echarle la culpa de todo a Kan. No podemos olvidar a los gobernadores de Fukushima y los alcaldes de los pueblos afectados. Ellos aceptaron crear esas monstruosas cosas ahí. Y,finalmente, los habitantes de Tokio. Esa planta está hecha para abastecer de electricidad a esta gran metrópoli. Fuimos nosotros los que  obligamos a crear una planta nuclear.

Apagones y béisbol

Desde hace varios días, Tepco pidió al gobierno y a la población de Tokio reducir su consumo de electricidad. Ante la destrucción de la planta nuclear y de algunas termoeléctricas, había una gran posibilidad de que todo el valle de Kanto se quedara sin luz. Para evitar un apagón de gran escala, se decidió tomar una medida extrema: hacer apagones planificados. Solo el centro metropolitano, en donde están las oficinas gubernamentales y del gobierno de Tokio lograron un suministro permanente. La gente reaccionó con pánico. Los japoneses “nunca” habían experimentado una situación similar. En la mayoría de los edificios no había plantas de emergencia. Algo paradójico para una sociedad con tan prevención. Así, los habitantes de Tokio pasaron del “Primer” al “Tercer Mundo”. Pero las estúpidas autoridades de la Liga de Béisbol Profesional, en particular la Liga Central, anunciaron que no se suspendería la temporada regular y que iniciarían el próximo 25 de marzo, como estaba contemplado. Una medida absurda porque los Gigantes de Yomiuri, las Golondrinas de Yakult y las Estrellas de la Bahía de Yokohama se consumirán toda la luz ahorrada. Finalmente, se ha retrasado cuatro días el comienzo de la temporada, pero no será una medida suficiente. La sociedad civil ha reaccionado y los jugadores tampoco quieren jugar. Veamos cómo les va.

Tokio, marzo 2011