Instrucciones para acabar con el PSOE | Letras Libres
artículo no publicado

Instrucciones para acabar con el PSOE

Podemos aspira a superar al PSOE como partido de izquierdas mayoritario, y para ello explota sus contradicciones ideológicas y su culpabilidad. 

En abril de 2015 Pablo Iglesias escribió en New Left Review un largo ensayo donde explicaba la estrategia de Podemos para las elecciones generales: superar al PSOE y hacerlo irrelevante. Tras el 20D, críticos con el partido utilizaron ese artículo para demostrar que Podemos no busca realmente una alianza con el PSOE sino su pasokización (en referencia al antes mayoritario y ahora irrelevante partido Pasok en Grecia): “Solo un PSOE superado por Podemos cederá ante nuestro liderazgo, o se suicidará políticamente entregándose al liderazgo del PP.” Su plan era sacar más votos que el PSOE o, en su defecto, actuar como tal. Eso redefiniría el “tablero electoral”. Es la estrategia clásica de construcción discursiva de Podemos, de modificación de la hegemonía: había que convertirse, aunque sea solo simbólicamente, en el partido de la oposición.

La pasokización del PSOE parece complicada, pero la estrategia de Podemos de explotar las contradicciones ideológicas dentro del PSOE, e incluso del proyecto socialdemócrata en general, funciona. A pesar de su amateurismo, sus bandazos y su adanismo, e incluso de su viraje desde un movimiento de democracia radical a una socialdemocracia vintage, Podemos ha conseguido tocar el tabú de la socialdemocracia moderna: la ideología y las etiquetas. Y lo ha conseguido negando para sí mismo las propias etiquetas ideológicas.  

Para Podemos la izquierda no es un marco ganador, pero sí puede serlo para criticar al PSOE. Cuando Iglesias acusa al PSOE de haber perdido las siglas “socialista” y “obrero” lo hace consciente de que ya las perdió hace décadas. Es un reproche malicioso (y clásico de partidos como Izquierda Unida), pero también estratégico: sabe que es una objeción superficial pero efectiva. Podemos explota la culpabilidad del PSOE y le pide el carnet de izquierdas. Los socialistas son esclavos de la realidad, porque han gobernado, pero también de unas expectativas poco realistas de sus votantes. Se mantienen en un equilibrio muy débil entre lo que realmente son y lo que muchos esperan de ellos.

Como escribe José Ignacio Torreblanca, el PSOE es un partido “incapaz de conectar con sus votantes potenciales y con una organización disfuncional basada en baronías territoriales”. Los problemas internos de Podemos, y el difícil encaje de sus confluencias anticipan un camino similar al del PSOE. Pero Podemos es capaz de conectar con sus votantes potenciales. Todavía no ha tenido que explicarles en qué cree realmente. El interés de Podemos por la militancia de base socialista es inteligente: entre una socialdemocracia que ha tenido que explicar sus cesiones y otra que solo juega en lo simbólico, muchos eligen lo segundo. Por eso Podemos insiste en convertirse en el portavoz emocional de la militancia del PSOE, que distingue de sus élites.

Sus contradicciones ideológicas, la presión tanto desde la izquierda como de la derecha y su papel actual en la formación de gobierno, intentando crear una mayoría que incluya apoyos de Ciudadanos y Podemos, convierten al PSOE en un partido de centro. Pero no en una posición de “centralidad”, a la que aspira Podemos. En un análisis en Revista de Libros del artículo de Pablo Iglesias en New Left Review, el historiador Santos Juliá cuestiona la estrategia de Podemos de construcción de hegemonía, y limita su alcance y éxito: “Cuando el discurso político no da cuenta de los nexos internos que constituyen lo real y se mantiene como pura construcción discursiva, por mucho que pretenda transformar la plebs en populus, acabará por disolver su potencial movilizador.” Un discurso patriotero, de nacionalismo sin nación como el de Errejón tarda en calar. Pero el discurso de la pureza contra el PSOE es fácil y hace daño. Podemos intenta llevar al PSOE al terreno de lo ideológico, y lo obliga a elegir entre dos salidas: ofrecer como socialismo lo que ya no es socialismo o intentar explicar por qué el socialismo ya no existe. 

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