Hilda murió por culpa del CISEN | Letras Libres
artículo no publicado

Hilda murió por culpa del CISEN

Juan Villoro imaginó una obra de teatro a partir de la siniestra imagen de un grupo de presuntos narcos ejecutados por otros narcos, perfectamente sentaditos y sangrantes. Me consta que el gozoso público de Muerte parcial era una aceptable radiografía social del país: antes y después de la penumbra, descubrí los rostros de clasemedieros, señoras de alta y menos alta sociedad, muchos bachilleres y estudiantes, tíos con sus sobrinos, gente, pues. Antonio Ortuño escribió una novela, hasta donde entiendo su opera prima, en la que la serpiente de la extrema derecha se enreda alrededor de la trama. La otra noche, en una tumultuosa fiesta, un amigo argumentaba que después del grito en la plaza de Morelia, nuestra recién estrenada Ground Zero, las cosas ya no serán iguales. Mi amigo, como siempre, tiene razón. Ahora, pienso, veremos quién se avienta el tirito de escribir algo con los despojos humanos que quedaron regados en Morelia la noche del grito (“La noche del grito”: hasta suena bien como título, pero pasa lo mismo que con el 9-11, no se puede escribir gran cosa con polvo de ceniza. Digamos a manera de explicación simplona y no pedida que de ese polvo nadie extraerá jamás una mota de polvo enamorado).

Es cierto que, en mayor o menor medida, la realidad mexicana está siendo generosa con su literatura. Casi no hay semana, por ejemplo, en que no aparezca una nueva novela de narcos y hampones eficientemente organizados en temibles y temerarias bandas que viven de la muerte. Se sabe que en México avanzamos retrocediendo, pero parece que vamos vertiginosamente de vuelta a la tradición decimonónica de los bandidos, héroes y corruptos que poblaron las novelas de Manuel Payno, Luis G. Inclán o Ignacio Manuel Altamirano. Caminamos a paso firme por aquella senda de lugares comunes en la que si Antonin Artaud y México tal cosa, que si Kafka fuera mexicano sería un escritor costumbrista y todo un rosario de frasecitas que suelen sonar en boca de diputados, funcionarios públicos y lo más granadito y fino de nuestra comentocracia. En un país donde una elefanta cuarentona muere atropellada en una carretera que conduce a las pirámides de Teotihuacán, es hora de ampliar perspectivas, mirar hacia nuevos horizontes e iniciar un género que podríamos llamar el de la “nueva novela zoológica”, en la cual, obviamente, los animalitos del reino de dios se confunden con las bestias que congrega la especie denominada, al menos hasta el día de hoy, como homo-sapiens.

Imagine el lector, recree en su mente, la cadena de eventos o sucesos que tuvo que ocurrir para que Hilda se encontrara frente a frente con un autobús de pasajeros. ¡Qué historia!

Primero, algunos detalles de la vida de un celador, quizás medio borrachín, quizás adicto al porno o a los infomerciales, al que se le escapa un elefante a media madrugada. Algo sobre su resentida relación con el escalafón directivo del zoológico.

Segundo, los anhelos de libertad de la elefanta Hilda, su soledad y desesperación ante un esquema de cosas, básicamente una reja, que le impide ir y conocer el mundo globalizado. Los lejanos recuerdos de su infancia en las praderas kenianas, que ya a estas alturas se le han vuelto una tortura mental.

Tercero, su domador, ¿por qué diablos no la psicoanalizaba, estúpida avestruz indiferente al dolor ajeno?

Cuarto, las horas previas al último viaje del pobre chófer que en paz descanse, se fue a encontrar de narices con una masa de cinco toneladas de peso avanzando zangoloteante sin luces ni direccionales.

Quinto, las ignotas razones del poli idiota y subnormal que ante el cuerpo moribundo de Hilda decidió llamar a una ambulancia.

Sexto, las todavía más ignotas razones del secretario de Gobernación que horas antes en comparecencia ante la turbamulta legislativa, San lázaro como una especie de enloquecida arca de Noé, dice y afirma que “el propósito que ha anunciado la administración respecto a la reestructuración del CISEN, es transformarlo en ese órgano de inteligencia con un alto grado de eficacia en su operación, que contribuya a preservar la integridad, estabilidad y permanencia del Estado mexicano, y dar sustento a la gobernabilidad democrática y a fortalecer el estado de derecho.” Clear as mud, como te dicen los abogados de bienes raíces en el país vecino cuando cierras el trato para comprarte una casita o un departamentito en la cual vivir tranquilo. Sobre todo porque en el país vecino, el equivalente al CISEN, la National Security Agency, no hace nada de eso que dice el secretario, para eso están el FBI y los departamentos de policía; o en Inglaterra, país de excéntricos y despeinados, donde el MI5 se encarga de la seguridad interna, junto con los Bobbies, armados solamente con sus célebres sombreros de fieltro y la habitual cachiporra.

Séptimo, el sabio chimpancé curtido en años de confinamiento en el mismo zoológico que, tras escuchar al ministro y enterarse del secuestro del perro propiedad de la gerente de una tienda de artesanías en el aeropuerto internacional de Mérida, decide revisar algunos capítulos de su obra larga y trabajosamente dedicada a la filosofía política e incorporar algo de Norberto Bobbio y otro poco más de Leo Strauss.

Octavo, el presidente de un país en llamas que en lugar de unificar a la policía como en Colombia (todavía hay algunos mandriles en los distintos poderes de la Unión que se indignan y gustan de bramar frases como “Somos un país de instituciones. ¡México jamás se colombianizará!” “Por favor —responde un perro callejero que acabará sus días en un puesto de tacos en Balderas— ojalá así lo hiciéramos”), ese presidente, decía, en lugar de ponerse manos a la obra, se nos va a Nueva York a dar el campanazo de inicio de operaciones en Wall Street. Vaya sagacidad. Semejante y protocolario acto, en un momento en el que los mercados bursátiles son una auténtica zona de desastre, equivale a que el primer mandatario acudiera un día a silbar el arranque de un partido del Deportivo Iztacalco Los Valedores, de las Cachanillas de Mexicali, de los Ladrilleros de Tlajomulco, de los Cobijeros de Chiconcuac o del Club Deportivo San Mateo Atenco, todos ellos dignos ocupantes del último lugar en la tabla de posiciones de sus respectivos grupos en la Tercera División.

Noveno, momento de suspenso. Quizá fue una buena idea. A poco menos de dos horas del cierre de los mercados, MoneyCentral-MSN reporta el 24 de septiembre de 2008 un extraordinario repunte del 0.07 por ciento en el índice Dow Jones.

Décimo y nunca último, ánimo y adelante, que aquí hay material para seguir. Allons travailler, como dice Emile Zola en la última frase de L’Oeuvre.

– Bruno H. Piché