Happy Bloomsday | Letras Libres
artículo no publicado

Happy Bloomsday

Cada 16 de junio, miles de fanáticos celebran en Dublín el día de Leopold Bloom, el protagonista del Ulises, de James Joyce, novela que transcurre a lo largo de ese día de 1904. 

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El 16 de junio de 1904, en Dublín, un muchacho de 22 años llamado James Joyce paseó por primera vez con Nora Barnacle, una criada de hotel a la que había conocido poco antes y que sería la mujer de su vida. Poco después dejaron juntos Irlanda para vivir en la Europa continental. Según anotó José María Valverde, “resulta muy joyceano que barnacle sea ‘lapa’ y ‘percebe’, buenos símbolos de la adhesión fidelísima y paciente con que aquella inculta e importante mujer supo siempre aguantar y ayudar a su difícil compañero, cuya obra no leyó jamás”. En homenaje a aquel primer paseo, Joyce hizo transcurrir toda la acción del Ulises, su obra maestra, en la misma fecha: el 16 de junio de 1904.

Medio siglo después, el 16 de junio de 1954, cuatro locos decidieron homenajear a Joyce y su obra peregrinando por los sitios por los cuales Leopold Bloom, el protagonista del Ulises, anduvo aquel día. Los cuatro locos eran los escritores Flann O’Brien, Patrick Kavanagh y Anthony Cronin y un primo del homenajeado, un dentista llamado Tom Joyce. Desde no hace mucho se puede ver en YouTube un video con imágenes de aquella primera celebración.

Con los años, ese festejo —que tomó el nombre de Bloomsday, “el día de Bloom”— fue ganando adeptos, hasta convertirse en el acontecimiento literario que es hoy. Cada 16 de junio, miles de fanáticos recorren las calles de Dublín, muchos de ellos vestidos para la ocasión (es decir, a la moda de 1904), comen lo mismo que comió Bloom aquel día, pasean por los mismos lugares y organizan lecturas públicas, representaciones teatrales y otras actividades. El Happy Bloomsday con el cual saludan es, a la vez que un deseo, una señal de identidad.

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Estuve en Dublín el Bloomsday de 2012. Fue una experiencia muy divertida. Ver a todos esos locos lindos reunidos en nombre de la literatura, disfrazados y recitando a Joyce con una sonrisa que no les cabe en las caras, es un auténtico placer.

En esa ocasión formaron parte de los festejos oficiales los Caballeros de la Orden del Finnegans, un grupo de escritores españoles que “tiene como único propósito la veneración de la novela Ulises, de James Joyce”. El grupo fue fundado por Enrique Vila-Matas en 2006, y lo integran autores como Malcolm Otero Barral, Marcos Giralt Torrente, Eduardo Lago, Antonio Soler, José Antonio Garriga Vela y Jordi Soler. Leyeron —como se puede ver en este video— los dos primeros párrafos del capítulo 8 de la novela, en la traducción del argentino José Salas Subirat.

Hablando de traducciones al castellano: acaba de salir una nueva, la cuarta, a cargo de Marcelo Zabaloy, con la colaboración de Edgardo Russo, editada en Buenos Aires por El Cuenco de Plata. La de Salas Subirat fue la primera, largamente elogiada, además de por sus méritos literarios, por haberse tratado de un trabajo casi artesanal, realizado por un autodidacta en sus ratos libres. La segunda y la tercera estuvieron a cargo de españoles: José María Valverde, primero, y Francisco García Tortosa y María Luisa Venegas, después. Juan José Saer y Eduardo Lago, entre tantos otros, han escrito sobre las primeras tres traducciones con mucha lucidez.

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A mediados de 1909 Joyce visitó Dublín. Según los biógrafos, en esos días llegó a sus oídos una versión que lo amargó profundamente: la de que un viejo amigo suyo, Vincent Cosgrave, había tenido una aventura sentimental con Nora Barnacle en el verano de 1904, es decir, al mismo tiempo en que ella empezaba a salir con él. Cuentan que Joyce envió a Nora varias cartas recriminatorias.

Días más tarde, el domingo 8 de agosto, Joyce visitó a su amigo John Francis Byrne. Esta segunda visita fue muy placentera, porque Byrne le reveló que los rumores de la supuesta infidelidad eran infundados. Joyce se sintió tan bien que se quedó toda la noche y se fue recién la mañana del día siguiente, después de desayunar. Tanta fue la gratitud que sintió allí que inmortalizó esa casa convirtiéndola en la de Leopold Bloom, en el número 7 de Eccles Street.

Al parecer, el instigador de las versiones de la infidelidad de Nora habían surgido de otro viejo amigo de Joyce, un hombre llamado Oliver St. John Gogarty. Como venganza, el escritor lo hizo de él al traidor Buck Mulligan, protagonista del primer capítulo del Ulises.

Cuando estuve en Dublín traté de visitar la casa en el 7 de Eccles Street, pero descubrí que ya no existe. Fue derribada parcialmente en los años 60 y por completo en 1982, junto con muchas de las casas de alrededor, para edificar allí el Mater Private Hospital, inaugurado en 1986. La puerta de la casa original y parte de la pared que la rodeaba fueron salvados de la destrucción y hoy se exhiben en el James Joyce Centre, en la capital irlandesa.

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El que acabo de contar es uno de los incontables episodios novelescos en la vida de James Joyce. Y es que la historia de la escritura y publicación del Ulises es casi una novela en sí misma. Hablar hoy de la casa de Leopold Bloom me parece que viene a cuento para completar las coordenadas: si hoy es su día, ese fue su lugar. Aunque en realidad, lo sabemos, su lugar es todo Dublín, pese a que Joyce haya abandonado esa ciudad en 1904 para regresar solo en ocasiones esporádicas en los siguientes ocho años y luego no volver a pisarla en las casi tres décadas más que vivió. Su novela más famosa la escribió entre 1914 y 1921 entre Trieste, Zurich y París.

Se suele decir que la mejor forma de celebrar un libro o un autor es leyéndolo. Por eso, si bien el Bloomsday está lleno de convocatorias de lo más pintorescas, el mejor homenaje sigue siendo leer el Ulises. Como hicieron aquella vez los Caballeros de la Orden del Finnegans, aunque casi nadie allí entendiera su español. O como Marilyn en la famosa foto tomada por Eve Arnold en 1955.

Así que eso les propongo: saquen el Ulises de la biblioteca, o googléenlo, y lean algún fragmento. Aunque sea cortito, aunque sea cinco minutos. De cualquier traducción o incluso del original en inglés, como prefieran. Y aunque les parezca que no entiendan mucho, algo entenderán. Y se sentirán hermanados con un montón de locos lindos en el mundo. Happy Bloomsday.