Galimatías de la penúltima noche en la plaza | Letras Libres
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Galimatías de la penúltima noche en la plaza

Tú sí dices: sangre aparte,

vida en ristre, ¿cómo divaga

el ritual de quererme?

Asta o quilla,

al margen de la arena

que imagino por no lastimarte

con el mar de mi más breve instinto

cuando caduca su fórmula de paisaje

en cuadro, ya lejos la ola,

y me pregunto si no ensordece

a alguien la lluvia aludida, la lluvia recesiva,

que no escarmienta ni fragmentada

por la memoria que le antepongo:

lluvia sin sesgo, involuntaria en medio

de otra historia, gana y pierde,

¿quién anda por afuera contigo

(la interpelo)

lloviendo como si hubiera otras gotas

y no éstas que guardo entre surcos?

Tú sí dices: ya es hora de irse,

hora de ayer, hora de mañana.

Pero quién la anuncia

si aún no hay alba de oro,

alba mirando en este mirlo

que me clausura con su pico

picando en la boca de ti.

Tú sí dices:

la pirueta de tu sombra en la casa cercana

no es nadie,

el brillo luciferino en la torre

no es nadie,

la rata cautiva entre ceja y luz

no es nadie.

Tú sí dices:

recala en la tierra;

durando más que el jirón de plástico

entre el suelo y un deslave

apenas discernible de pintura roja,

se embarra la pátina de mí al menos.

¿Giraste conmigo? Vertiendo saña

no se modula ningún rencor. Recuérdame:

hoy volverá a ocurrir mañana,

dices diciéndome otra cosa,

tu lengua suelta ya de tan bandida tu lengua,

¿que dónde pusiste la mía? ~


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