Galería de personajes fantasmas | Letras Libres
artículo no publicado

Galería de personajes fantasmas

Una serie de cuentos sobre esos personajes que, en palabras de Stephen Dedalus, se han desvanecido hasta ser impalpables

En el Ulysses, de James Joyce, el joven Stephen Dedalus se pregunta: ¿qué es un fantasma?, y él mismo se responde: alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres. Pudo añadir: o alguien por el que ha pasado el tiempo, o alguien que se ha olvidado de vivir, o alguien al que hemos olvidado. Quizá tenemos muchos modos de ser fantasmas, es decir de aparecer, desaparecer o reaparecer para otros o para nosotros mismos.

 Esa intuición, esa inquietud, tal vez las sugieren estos breves cuentos míos.

 

EL DELICIOSO PERO TEMIBLE  OLVIDO

—No serás ya más para mí ni para nadie —dijo Luisa a Pedro—. Te olvidaré  tan intensamente que dejarás de existir.

         Y lo olvidó tan intensamente que Pedro ya no existió más.

         Pero, como Luisa ya era solamente un recuerdo de Pedro, a su vez desapareció del mundo.

 

DE LA DESAPARICIÓN DE MÚSICOS

Mientras en las cuerdas sus dedos ejercían un ágil dedeo que lo tenía embelesado, el guitarrista desprevenido se inclinó tanto hacia el negro agujero umbilical del instrumento que perdió el equilibrio y cayó allí como en un pozo y si al principio se asustó, luego poco a poco se halló a gusto, deleitado con la melodía que los dedos de otro ejercían alla arriba.

 

T E S E O

Días y noches y años dando vueltas con la espada oxidándosele en la mano buscó al monstruo en el laberinto y murió de hambre y fatiga sin saber que allí no había más monstruo que el mismo Laberinto.

 

ORFEO

Habiendo perdido a Eurídice, la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que encantaban a todos los ciudadanos, quienes le daban monedas y le pedían encores. Luego fue a buscar a Eurídice al infierno, y allí cantó sus llantos y Plutón escuchó con placer y le dijo:

         -Te devuelvo a tu esposa, pero sólo podrán los dos salir de aquí si en el camino ella va detrás y nunca te vuelves a verla, porque la perderías para siempre.

         Y echaron los dos esposos a andar, él mirando hacia delante y ella siguiendo sus pasos...

         A punto de llegar a la salida, recordó Orfeo aquello de que los Dioses infligen desgracias a los hombres para que tengan asuntos que cantar, y sintió  nostalgia de los aplausos y los honores y las riquezas que le habían obtenido las elegías motivadas por la ausencia de su esposa.

         Y entonces con el corazón dolido y una sonrisa de disculpa volvió el rostro y miró a Eurídice.

 

NARCISO

Contemplándose en la luna del armario, se apuñaló el pecho y cayó muerto. 

Pero como el puñal del reflejo no era concreto, el Narciso del espejo permaneció vivo y en pie.

 

INENCONTRABLES

El príncipe despertador besó a la bella durmiente, que despertó mientras él se dormía, y ella entonces lo besó a él, que despertó mientras ella volvía a dormir,

         y entonces él...

         (Así sucesivamente.)

 

UNA PASIÓN EN EL DESIERTO

El extenuado y sediento viajero perdido en el desierto vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.

         - ¡Por Alá -gritó-, dime que esto no es un espejismo!

         - No -respondió la mujer, sonriendo-. El espejismo eres tú.

         Y

          en un parpadeo de la mujer

          el hombre desapareció.

 

EJERCICIOS DE FANTASMIDAD

El fantasma del caballero Ele, que por amor a la rapidez  y por mantenerse en forma había estado ejercitándose con éxito en hacer sesenta apariciones por segundo, descubrió un día con horror que se había convertido en el caballero Ele otra vez vivo.

 

ESA  MUCHACHA…

Al final de la feria, adonde apenas llegan los latidos de la musiquita de charanga, entre los puestos del hombre serpiente y la mujer tortuga y el hombre de tres ojos y la echadora de cartas y el enano forzudo y la señora barbuda hay una barraca en la que se cobra diez pesos por la entrada y por estar allí sólo el tiempo de diez parpadeos del espectador y entras y ves a la muchacha más hermosa del mundo y si al salir pagas mil pesos tendrás derecho a soñar con ella una noche cada siete años.

 

(Publicado previamente en Milenio Diario)