Futbol y regionalismo: Barcelona-Bayern | Letras Libres
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Futbol y regionalismo: Barcelona-Bayern

Nadie como ellos dos ha reivindicado tanto una cultura regional a través del futbol; nadie como ellos dos ha convertido las victorias deportivas en metáfora de su hegemonía creativa y económica; nadie como ellos dos desea tanto diferenciarse, con el balón de por medio, del resto de sus respectivos países: el Barcelona como bandera de la catalanidad, el Bayern Munich como orgullo de la identidad bávara, se enfrentaron esta semana en la Liga de Campeones con poderosa victoria del lado blaugrana.

Tal vez lo único que haría falta para completar los vínculos del FC Barcelona con los clamores catalanes de autonomía, sería que se llamara “FC Cataluña-Barcelona”.

Así, precisamente, se traduce el nombre del FC Bayern München: Baviera-Munich. Es una región orgullosa de sus tradiciones alpinas, de su vestir con el denominado lederhose (pantaloncillo de cuero con tirantes y saco), de su liderazgo en la fabricación de cerveza, de su dialecto bávaro incomprensible para el resto de los germanoparlantes, de su religión católica que sobrevivió a la reforma luterana, de su elevada productividad industrial y, por supuesto, de su dominante club Bayern Munich.

El Barcelona, por su parte, adquirió un sentido superior para los catalanes exactamente cuando la cultura catalana empezaba a ser reprimida por el franquismo. Entonces sí, fue el escuchar palabras en catalán sólo dentro del Camp Nou, el ver banderas catalanas o señeras introducidas clandestinamente al estadio, el relacionar cada paso del Real Madrid con el centralismo y la dictadura.

Manuel Vázquez Montalbán, escritor que adoró los colores blaugranas, explicaba que “la significación del Barcelona se debe a las desgracias históricas de Cataluña desde el siglo XVII, en perpetua guerra civil armada o metafórica con el estado español”.

Y esa relación no fue fortuita, sino perfectamente ideada. El futbol ha sido utilizado en infinidad de ocasiones para muy variadas metas (conflictos étnicos en los Balcanes, división religiosa en Escocia, diferenciación política en Italia, choques sociales en muchas partes del mundo); lo distinto del caso barcelonista es que las autoridades catalanas nunca ocultaron sus intenciones.

Jordi Pujol, una de las figuras políticas más relevantes de Cataluña, declaró que debían politizarse los logros del equipo “dada la importancia que tiene el FC Barcelona como representante de Barcelona y de Cataluña en el ambiente futbolístico, y dadas las inmensas posibilidades de hacer país por medio de él”.

El turbulento siglo veinte español se encargó de moldear la relación Cataluña-Barcelona. Ya en 1908 el fundador del club Barcelona, el suizo Hans Gamper (luego rebautizado catalanamente como Joan) apoyaba toda propuesta de autonomía para la región catalana. Quince años después, la dictadura de Primo de Rivera clausuró el equipo por silbidos al himno español. Al inicio de la Guerra Civil, el presidente del club, Josep Sunyol, fue fusilado por tropas franquistas. En 1939, tras el conflicto armado, el gobierno militar decidió que el “nuevo” Barcelona jugara su primer cotejo con el uniforme de la selección española e intentó sin éxito cambiar el nombre de la institución por el de “España”.

El FC Bayern también tiene profundas implicaciones para Baviera, pero nunca ha radicalizado sus posturas políticas (no imaginamos llegar a ver en el estadio muniqués un letrero que diga “Bavaria is not Germany”, así como el “Catalonia is not Spain” del Camp Nou).

Sucede que la tradición bávara jamás se ha sentido amenazada y que no es común entre los ciudadanos bávaros el afán autonomista respecto a Alemania. En este caso, la protesta se basa en disminuir la ayuda económica a las zonas del país menos afortunadas, como los territorios de la antigua Alemania Oriental o la cuenca del río Ruhr de altos índices de desempleo.

Mientras que en el resto de la nación teutona se saluda con “Guten Tag” (o sea, “buen día”), en Baviera suele decirse “Gruss Got” (“Saluda a Dios”) en un alarde católico que los separa del agnóstico y protestante norte del país. Si por error alguien da los buenos días en Hamburgo o en Berlín con el término “Gruss Got” la respuesta puede ser algo así como “si lo veo te lo saludo” o “si existe yo le digo”.

Al margen de las cuestiones lingüísticas y religiosas, Munich suele estar en permanente rivalidad con la también sureña ciudad de Stuttgart debido a muchos factores, empezando por el futbol y la industria automotriz (así como la Mercedes Benz es de Stuttgart, la BMW es de Munich y se traduce como “Bayerische Motor Werk” o “Trabajo Motor Bávaro”).

Juergen Klinsmann, finísimo delantero que ahora es director técnico del Bayern, nació en Stuttgart y rendía pleitesía a los colores del club VFB Stuttgart. A la fecha puede visitarse en esta ciudad la “Klinsmann Bakerei” o “Panadería Klinsmann”, propiedad de su familia. Sucede que en su hogar, como en muchos más de esta localidad, se ama a la institución local al mismo tiempo que se detesta al Bayern.

Cuando el cuadro bávaro ofreció un contrato millonario al contundente Juergen, no fue fácil que consiguiera el permiso de su padre, quien sufría viendo a su hijo golear a favor del acérrimo rival.

Mientras Alemania renacía de sus cenizas tras la Segunda Guerra Mundial y encontraba en Baviera a su motor económico, el FC Bayern se convertía de la nada en el más fuerte club del país. Desde entonces, es el rival a vencer tanto en la cancha como en los despachos, siempre con balances financieros impecables.

El Barcelona, a su vez, es un digno reflejo de la vanguardista cultura catalana, del arte de Gaudi, de Dalí, de Miró (quien, por cierto, pintó el póster del 75 aniversario del equipo). El futbol barcelonista está obligado por tradición a ser atractivo como la oferta cultural local y efectivo como las empresas catalanas.

Las legiones extranjeras que defienden a este brazo deportivo de Cataluña, suelen bautizar a sus hijos con nombres catalanes (por ejemplo, Jordi Cruyff, hijo de Johan), así como las contrataciones millonarias del Bayern visten su lederhose en el Oktoberfest (festival de la cerveza de Munich).

Estos dos equipos, tan similares en sentimiento, fueron dispares en la cancha: en la Liga de Campeones, el FC Barcelona demostró que, regionalismos al margen, hoy es muy superior al FC Bayern.

- Alberto Lati