Fiestas | Letras Libres
artículo no publicado

Fiestas

Alguien en un coctel de fin de año

le comentó a mi amigo del perro cojo,

la copa entre las manos, el pelo cuidadosamente

revuelto, la sonrisa mítica y profesional,

que la historia en realidad nunca se repite,

reproduce semejanzas por inercia,

porque no conoce otras estructuras,

pero que los hechos en sí son siempre únicos

y uno debe aprender a distinguirlos

sin los vicios del pasado o algo así,

dijo esta persona antes de trasladarse

hacia un grupo risueño, menos aburrido

o taciturno que mi amigo del perro cojo

que no sabe llegar a los lugares

como si fuera una costumbre

y suele detenerse, ver de reojo su reloj,

esperar junto a la entrada hasta que un conocido

lo saluda y le señala algún asunto más o menos

esencial como el juego político tras bambalinas

o las cifras estancadas o la sequía venidera

antes de seguir por otro camino, hacia el jardín

con su toldo donde un cuarteto de jazz

filtra sus melodías suavemente y el pasto

es una alfombra que no guarda polvo

y la gente se felicita, se abraza,

y mi amigo entonces examina el piso, piensa

en los puentes de medianoche que vio en un sueño,

rotos a la mitad con sus piedras tiradas

en el agua de los ríos donde un casco

flota junto a un niño muerto en la ciudad

de los arcos nítidos y blancos,

piensa en la historia más pequeña

donde casi nunca se demora la época

ni marca pautas un conflicto sino que hay simples

edificios alrededor de una plaza y lo decisivo

sucede en otra parte sin las campanas rituales

o la nieve imaginaria que se embarra

un segundo en la banqueta,

piensa en sí mismo mi amigo

y siente su espíritu en un rincón,

cómo se restriega contra los huesos,

cómo lo incita a bajar hacia el jardín de los demás,

a compartir esa euforia del recuerdo impreciso

para que todos exclamen:

¡qué imagen tan interesante! No dejes de escribirla

y mi amigo del perro cojo, ya lleno de valor,

les dirá que en su mente las palabras

son como vidrios, miran y dejan mirar,

calcan a veces paisajes, una barda

sin yedra pero envuelta por la bruma,

la vida nunca se imita, pule sobre todo

los detalles, señala con ironía mi amigo

del perro cojo como si hablara

con una persona o varias, bajo el toldo

o en la orilla mientras la música

se diluye y junto a la puerta una figura

se despide con la cara oblicua,

o eso afirman los que estuvieron. ~