Estudio de piernas en el estudio | Letras Libres
artículo no publicado

Estudio de piernas en el estudio

Hay que lavarse los ojos después de cada mirada, dice un proverbio japonés. Pero, por fortuna, no siempre esto es necesario. No lo es, por ejemplo, con esta fotografía de Hans Finsler, Estudio de piernas, que es de una sobresaliente elegancia. No olvido la primera vez que la vi. Tardé mucho en verla en conjunto porque mi mirada se posó inicialmente en la parte inferior de la imagen, en las líneas brillantes que hay en cada una de las piernas, dos líneas de tono blanco que las recorren de arriba abajo y dan la sensación de que las medias son de seda. Tal vez hasta lo sean, pero eso es lo de menos porque para mí realmente lo importante es que lo parezcan. Y lo parecen. Lo importante es el efecto artificial que el fotógrafo supo darles a esas medias que, recorridas por las dos líneas de brillo blanco, se deslizan como la seda misma hacia dos sublimes zapatos blancos que, al principio, me parecieron de pista de tenis a lo Finzi-Contini, la única familia en la que pienso cuando pienso en el tenis. Aunque con esta foto también pensé en la mía, en mi familia. Y lo pensé por las figuras geométricas del suelo de la casa, idénticas a las de la casa en la que pasé mi infancia.
     Primero vi las piernas, después las zapatillas de tenis, y de pronto vi que ni lo eran ni pretendían parecerlo, no eran zapatillas de tenis, pues la sombra de una de ellas delataba un sorprendente puntiagudo tacón. Eso lo cambió todo. Volví a mirar las piernas. Las medias parecían de seda. Los zapatos eran de tacones y ni eran ni parecían de tenis, me había engañado el deslumbramiento de las dos líneas de brillo blanco que se deslizaban hacia unos zapatos que tal vez ni eran plenamente blancos. Y finalmente vi el sillón de mimbre, una de cuyas piernas, la única visible, también era recorrida por un brillo que, por un efecto artístico, parecía de hierro y seda.
     Me entusiasmó la fotografía. Y no lo pensé dos veces. Antes de escribir sobre ella, la llevé a enmarcar. En la planta baja de mi inmueble enmarcan cuadros. De un tiempo a esta parte también fotografías. Ahora, esta imagen de Finsler la estoy viendo colgada en la pared de mi estudio. Al atardecer, los postreros hilos del sol del crepúsculo bañan suavemente las piernas de la mujer de la fotografía y también la única pierna visible del sillón de mimbre. Placer visual de todas mis tardes. Placer de hoy, de ahora, al escribir sobre ella, sobre esa lectora anónima que leerá pronto lo que yo ahora escribo sobre ella en la luz de este atardecer en el que mi deseo se extiende sobre la fotografía y las medias de seda. Placer que no se extinguirá ni con el último rayo de luz que se pose sobre lo que ahora lentamente voy viendo. Cuando caiga la noche, me quedaré mirando el color de la falda de ropa antigua y su sombra, ese oscuro espacio a la derecha perfilándose —suntuoso y absoluto— sobre el señorial paso del tiempo.~


Este texto, así como la imagen, forma parte del libro Fotografía, publicado bajo el sello de Fundación Televisa. El libro se pondrá en circulación próximamente y será presentado el 27 de noviembre en la Feria del Libro de Guadalajara.