Estampas | Letras Libres
artículo no publicado

Estampas

El avión se posó suavemente en las rizadas, oscuras y gélidas aguas del río Hudson. Ninguno de sus numerosos pasajeros o tripulantes sufrió lesión alguna. Dicen que esa operación, acuatizar la nave, es dificilísima: el enorme aparato debe ir tocando el agua de manera absolutamente pareja, todo él paralelo, exactamente a la misma distancia de la superficie. Cualquier inclinación habría partido el avión, que, de inmediato, habría empezado a hundirse en las aguas glaciales (lo más peligroso parece ser que hunda la trompa). Pero no, el piloto completó la operación impecablemente. Y ha sido exaltado a héroe, ovacionado, como saben, en el centro del campo donde se disputó el Superbowl. Si algo ama el pueblo americano es la posibilidad de un héroe. Y más a este piloto, que en las innumerables entrevistas se muestra como un hombre por entero común y corriente. Y eso justamente es lo que más venera el americano: la heroicidad del hombre común (en eso se basan los mejores westerns de John Ford).

Y por eso el capitán recuerda mucho a otro capitán, el del barco acosado por la tempestad en la preciosa novela corta de Joseph Conrad que se llama Tifón, ese capitán, un hombre común, no muy listo ni muy valiente ni muy nada, pero sereno, modesto y experimentado, que sin alardear y sin arredrarse enfrenta y vence un furioso tifón y salva a su nave. “No, no pensaba en nada; lo único que quería era hacer bien las cosas y salvar a los pasajeros, así que no me puse nervioso, sólo me concentré en hacer lo que era preciso hacer.” Conrad puro, destilado de Conrad, en labios del tranquilo y sonriente capitán.

¿Qué habría pensado de todo esto Saint-Exupéry?

 

 

Responde el contador Marcopolo, creo que así se apellida, aunque no lo crean, el único que advirtió y denunció –siete veces, pero no le hicieron caso– que el alegre Madoff estaba haciendo trampa, a la pregunta ¿cómo se dio usted cuenta del fraude?, explicando: fue porque noté que Madoff nunca perdía, y eso, claro, no puede ser, es imposible, porque, mire usted, un beisbolista que bateara siempre de hit no existe ni puede existir, y así también en la actividad financiera a veces se gana y a veces se tiene que perder. Para no perder tienes que no jugar, como hacía Madoff.

 

 

La ovación de pie fue atronadora, la unidad manifestada en torno a Obama fue entusiasta y muy expresiva el día de su informe al Congreso. Tanta que recordó la manifestada en su día a Bush, cuando proclamó la guerra de Iraq. Ahora todo mundo se quiere desmarcar de esa guerra mentirosa y cruel, pero entonces era imposible hallar un político profesional o un periodista de la televisión que criticara la locura de Bush, y lo apoyaban atronadoramente. Como a Díaz Ordaz la mañana del Informe que incluía la represión de Tlatelolco y el encarcelamiento de los dirigentes estudiantiles: los políticos siempre de pie aplaudiendo al salvador de la nación (de quién sabe qué peligros fantaseados en el insomnio). Y ciertamente así ha sido siempre y cabe pensar que así seguirá siendo hasta que tanta abyección empiece a ir contra los intereses de los políticos y deje de ser lucrativa, si es que esto puede llegar a suceder, cosa que dudamos.

 

 

La Atenas clásica era lugar de libertad. Hasta los animales, según testimonio de Platón, recuerda Paul de Saint-Victor, parecen en Atenas más libres que en las demás partes y avanzan arrogantemente por las calles chocando con desenfado contra aquel que no les deja el paso.

El amor a los animales, sobre todo a los perros, es, como se sabe, infinito en Estados Unidos. Pero las bestias no avanzan con la arrogancia de Atenas, ya que llevan siempre collar, correa y, a veces, bozal. Avanzan de todos modos confiados en que sus deposiciones serán cuidadosamente recogidas en plásticos por sus amos para echarlas al basurero. No hay esquina sin basurero (veinticinco dólares la multa por echar basura de casas o comercios en depósitos dispuestos para los paseantes). A cambio de eso, en muchos, demasiados, restaurantes americanos no hay baño público. Cerca de mi casa hay tres sin baño, pero en uno de ellos los encargados mexicanos me permiten usar el suyo, que está bastante bien, la verdad.

 

 

Los astrólogos usaban cierto uniforme en la España árabe, como en el Oriente, eso está averiguado. Y también que el Marqués de Sade fue enemigo vociferante de la pena de muerte, pese a ser ateo y republicano radical, cosa que le trajo problemas bajo el Terror y su entusiasmo por las ejecuciones (fue detenido en
1793, pero liberado en 1794). ~

 


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