¿Es inevitable el triunfo de Trump en la Convención Nacional del Partido Republicano? | Letras Libres
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¿Es inevitable el triunfo de Trump en la Convención Nacional del Partido Republicano?

En 6 de las 10 convenciones republicanas en las que se “abrió” el proceso, bajo el supuesto de que otro candidato tendría mayores posibilidades de ganar una elección general, los republicanos ganaron la presidencia.  

Conforme se acerca la Convención Republicana para nominar a su candidato presidencial aumenta la especulación sobre sus posibles desarrollos y desenlaces. ¿Se respetará el voto emanado de las elecciones primarias? ¿Buscarán los barones del partido un candidato más presentable en una elección general? ¿Habrá negociación en el cuarto oscuro o trifulca en el pleno de la convención?

Los partidarios de Donald Trump esperan que se le reconozca a su candidato el número de delegados que ganó, mientras que los republicanos más ortodoxos maniobran para que durante la Convención, que empieza el 18 de Julio, en Cleveland, Ohio, se libere de sus compromisos a los delegados y se celebre una nueva votación que descarrile la nominación de un advenedizo como Trump al partido de Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt y Ronald Reagan.

La controversia y la manipulación son usuales en estos eventos pero nunca en la historia del Partido Republicano se había dado el caso de que senadores, congresistas y ex miembros de gabinetes presidenciales republicanos manifestaran abiertamente su repudio al presunto candidato de su partido.

Uno de los principales disidentes a la candidatura de Trump es Mitt Romney, el anterior candidato presidencial republicano, quien desde hace tiempo ha dicho: “No puedo votar por alguien cuyos principios sugieren racismo, xenofobia, misoginia y fanatismo, y que recurre a la vulgaridad una y otra vez”.

También hay importantes senadores del mismo partido, como  Lindsey Graham de Carolina del Sur que dudan de la capacidad del candidato: “no creo que Donald Trump tenga el temperamento y el juicio para ser presidente”. O como Jeff Flake, de Arizona, quien define a Trump como el candidato “incómodo”; O Ben Sasse de Nebraska, quien después de su reunión con Trump declaró que nada había cambiado porque la elección de 2016 seguía siendo un “incendio en un basurero”.

Tampoco han faltado figuras prominentes que han servido en gabinetes republicanos como el ex Secretario del Tesoro con George W. Bush, Hank Paulson, quien declaró: “tratándose de la presidencia, no votaré por Trump”. Una declaración que suscita dudas sobre la capacidad de Trump en temas económicos.

También hay serias dudas sobre su habilidad para dirigir la política exterior del país como lo ha manifestado otro titán del republicanismo, Richard Armitage, subsecretario de Estado con Colin Powell en la primera presidencia de George W. Bush. Cuando un neoconservador como Armitage declara: “Si Donald Trump es el candidato votaré por Hillary Clinton. No creo que Trump sea republicano ni que haya mostrado su deseo de aprender sobre los temas importantes”. Es evidente que para la ortodoxia republicana Trump es un advenedizo.

Tampoco los expertos en temas de seguridad nacional como Brent Scowcroft se sienten cómodos con el presunto candidato. El ex Consejero de Seguridad Nacional de George H W Bush expresó su repudio a Trump declarando: “la Secretaria Clinton entiende que nuestro liderazgo y compromiso más allá de nuestras fronteras le brinda seguridad y prosperidad a Estados Unidos’.

Los detractores de Trump abogan por una Convención Nacional abierta, es decir, que se libere a los delegados de su adhesión a Trump en las primarias y se les permita votar libremente durante la Convención. La idea ni es inusual ni es descabellada. Menos aún cuando el presunto candidato entraría dentro de una categoría que va de lo inaudito a lo escalofriante. En seis de las diez convenciones republicanas en las que se “abrió” el proceso, bajo el supuesto de que otro candidato tendría mayores posibilidades de ganar una elección general, los republicanos ganaron la presidencia.

También se comenta mucho que en esta convención podría estallar la violencia. Una posibilidad que tampoco sería novedosa. Durante la convención de 1976 en Kansas City, Missouri, en la que un insurgente Ronald Reagan intentó arrebatarle la candidatura al presidente Gerald Ford hubo desde sucias y tortuosas estratagemas políticas y sobornos para ganarse el voto de los delegados hasta peleas físicas entre los simpatizantes de ambos candidatos. Una violencia que no se veía desde 1912, cuando la rivalidad entre el ex presidente Theodore Roosevelt y el presidente William Howard Taft propició la que ha sido descrita como la más tumultuosa en la historia del partido.

Aparte de las convenciones tumultuosa, reñidas o amotinadas, también ha habido otras que no producen noticias porque tanto los consensos como las puñaladas por la espalda se dan tras bambalinas. En este sentido, nadie debería descartar que en 2016 un vendedor de ilusiones como Trump lograra el suficiente apoyo para asegurar la nominación aunque es poco probable que el proceso sea silencioso.

La convención de 1964 es considerada la más fea porque a tan solo unos días de la reunión, todas las encuestas señalaban a Nelson Rockefeller como el triunfador hasta que su oponente, el ultra conservador Barry Goldwater, difundió la noticia de que la segunda esposa del gobernador había dado a luz y lo denunció como un individuo inmoral por haber contraído segundas nupcias. Si hoy se aplicara este tipo de criterios Trump no sería el candidato pues lleva varios matrimonios y presume públicamente de sus infidelidades.

Lo evidente en esta ocasión, como bien señalaba el filósofo George Steiner es que “cuando uno ve que alguien como Donald Trump es tomado en serio por la democracia más compleja del mundo, todo es posible.”