Entrevista con Yi Mun-Yol | Letras Libres
artículo no publicado

Entrevista con Yi Mun-Yol

Cuando llegué a España, me sorprendió encontrar en la universidad a muchos estudiantes coreanos interesados y hasta fascinados por la literatura latinoamericana. En aquel entonces la combinación me pareció insólita. ¿A qué respondía esto? Uno de ellos me contestó: "la lectura de las obras del boom, donde se novelaba la situación de las dictaduras militares de algunos países de América Latina, sirvió de reflejo para muchos coreanos, que por aquella época vivíamos bajo la bota de una tiranía militar". Soo Hyun, quien respondió a mi pregunta en ese momento, terminaría siendo amigo mío y no dudé en asesorarme con él e invitarlo a la entrevista con Yi Mun-Yol. Su participación no pudo ser más importante: fue el traductor de las palabras de Yi Mun-Yol, el autor más importante y popular de Corea del Sur, cuyas novelas han sido adaptadas al cine, al teatro, e incluso a la ópera. Traducido a varios idiomas, vende anualmente millones de copias de sus libros. En España, Ediciones B se ha encargado de difundir su obra. La ignorancia occidental a veces es pasmosa: pocos lo conocen y sin embargo será, muy probablemente, el primer Premio Nobel de literatura de Corea.

En El Poeta, su novela más conocida en Occidente, dice que la verdadera misión del poeta es alcanzar la libertad propia y la de otros...
En nuestra tradición literaria la naturaleza es fundamental y su representación siempre ha tenido un espacio preponderante. La poesía siempre ha intentado copiar la naturaleza y armonizar con ella. Pero yo pienso que su trabajo debe ir más allá, y entonces hay que diferenciar entre escribir poemas y hacer poemas. Escribir poemas es intentar copiar la naturaleza y producir un objeto estético, mientras que hacer poemas es formar parte de la naturaleza, ser naturaleza. Quizás esta sea la verdadera poesía.

El poeta ha tenido, paradójicamente, poco éxito en su país y una gran fortuna en el extranjero.
Esto quizás responde a lo siguiente: el protagonista de la novela, Byung Yeon Kim, es muy famoso en la historia de la literatura coreana. De manera que quienes no han leído en Corea esta obra tienen inevitables prejuicios acerca de ella, porque conocen muy bien la biografía del personaje. Esto hace que el lector occidental, que ignora la vida del protagonista, pueda acercarse al libro de forma más libre y espontánea.

¿Cuál es el libro suyo más popular en Corea?
Hijo de hombre es el más vendido: un millón setecientos mil ejemplares.

¿Se trata de una obra bíblica, de tema bíblico?
Cuando yo tenía veintiséis años me interesé mucho por la cultura occidental. Leí a Platón, Aristóteles, y me acerqué a la cultura judía, leí la Biblia y también muchos libros de teología. Esto sucedía en 1973. Corrían los tiempos grises de la dictadura del general Jeong Hee Park. Hijo de hombre intenta mezclar la justicia de Dios y la justicia de los hombres. Creo que los estudiantes que formaban parte de los movimientos de protesta contra la dictadura debieron ver en la lectura de mi novela un tema casi prohibido, o por lo menos muy poco atendido antes.

Se practican tres religiones en su país: el budismo, el confucianismo y el catolicismo. Muchas obras escritas en Corea tienen importantes influencias religiosas. Quería saber si hay influencias religiosas en su obra y de cuál de estas religiones.
Son muy escasas las obras literarias que han recibido la influencia del catolicismo en Corea. En cuanto al budismo, debo mencionar el nombre de Seong Dong Kim, que ha escrito sobre la vida de los monjes budistas. Pero son muchas las obras que tienen relación directa o indirecta con el confucianismo. El confucianismo forma parte de la vida cotidiana y las costumbres de Corea. Por ejemplo, el acto ceremonial de rezar a los ancestros es una acción que no es vista por nosotros como un acto religioso sino como algo totalmente integrado a la vida cotidiana. Estamos sumergidos en la cultura confucianista. A pesar de no ser creyente, mi obra también recibe sus influencias. Mi novela Ave dorada tiene sentido confucianista.

¿Qué temas le gustaría tratar que no haya tratado antes en sus novelas?
Quisiera escribir acerca de dos temas. Uno de ellos es la generación de los ochenta en Corea. Es decir, esa década de grandes movimientos estudiantiles y donde ocurrieron drásticos cambios políticos, sociales y estructurales en la nación. El otro tema que me interesa es el concepto de existencialismo.

¿Cuál es la presencia del erotismo en su obra, y cuál es su visión del tema?
Mi padre cruzó la frontera hacia Corea del Norte a principios de los cincuenta y mi madre quedó prácticamente viuda cuando tenía treinta y tres años; crió cinco hijos sola y murió a los 78. Esto significa que vivió 45 años solamente al servicio de sus hijos. Quizás por eso estableció una distancia en cuanto al erotismo, y llegó a considerarlo una suerte de mal. Esto nos fue inculcado a todos los hijos, y así fuimos educados dentro de una moral muy rígida. Mi hermana, a los 17 años, tenía pechos muy voluminosos, y mi madre se los ataba con fuerza para que no se notaran. Asimismo le prohibía el uso de falda corta y si hablaba con otros chicos en la calle, le pegaba. Con esto quiero decir que el tema erótico es el talón de Aquiles de mi obra. Además debo comentar que la cultura confucianista es algo hipócrita en cuanto a esto: por un lado habla de la templanza y la serenidad que debe mantener el hombre, pero por otro lado tolera cierta promiscuidad.

¿Cuál es la recepción en Corea de la literatura escrita en español?
A finales de los años ochenta y principios de los noventa estaba muy de moda la literatura hispanoamericana. Se leyó mucho a Mario Vargas Llosa o a Gabriel García Márquez. Sin embargo, en los últimos años, la presencia de la literatura escrita en español es muy escasa. Lo mismo sucede con la literatura inglesa, francesa o alemana. Quizás esto tenga que ver con una crisis de la literatura mundial, no sé.

¿Qué autores occidentales siente más cerca de su formación y de su obra?
Debo confesar mi deuda particular con los autores hispanoamericanos. En sus obras he visto siempre una búsqueda constante de la novedad y la originalidad. La manera de integrar la violencia a la vida cotidiana me conmueve y fascina. Pero mi deuda se extiende, sin duda, a autores más clásicos: Tolstoi o Dostoievski. Por otra parte, si bien mi formación particular tuvo una fuerte carga existencialista y estructuralista, me resultan muy poco atractivos los textos vinculados al posmodernismo o al posestructuralismo. Sencillamente no los entiendo. Quizás por ello no me atraiga cierta escritura francesa contemporánea. Además, cada edad viene aparejada a autores y gustos específicos. Mis compañeros de ruta han cambiado a lo largo de mi vida. Los autores que siempre permanecen son los clásicos.

Por último, ¿cómo ve los tímidos intentos de reunificación de las dos Coreas que se llevan a cabo desde hace algunos años?
Primero hay que decir que para los coreanos el tema de la reunificación no es algo para discutir sino para llevarlo a cabo: hay que hacerlo, y creo que todos estamos de acuerdo en esto. Ahora bien, ¿cuándo, cómo y de qué manera reunificarnos? El gobierno actual lleva adelante una política de mayor apertura, mucho mayor que la del gobierno anterior. Llevamos cincuenta años divididos, y la situación es muy compleja. Quizás la percepción de este proceso, a ojos de Occidente, puede verse como algo tímido. Pero la realidad es que el equilibrio de poderes se hace mucho más complejo, pues no sólo intervienen en este tema Corea del Sur y Corea del Norte sino buena parte de la comunidad internacional. ~