En busca del paraíso económico: Huxley en México | Letras Libres
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En busca del paraíso económico: Huxley en México

El episodio está narrado en clave cómica. Aldous Huxley y su esposa llegan en lomo de mula a San Pedro, Oaxaca. Como acostumbran hacerlo en todas sus escalas, se hospedan con el rico del pueblo. Después de una frugal merienda el anfitrión les pregunta cuánto dinero se necesita, más o menos, para viajar como ellos de Europa a México. Huxley le responde pero disminuyendo las cifras ya que “probablemente un año de trabajo no le permita a este hombre costearse ni siquiera un boleto de ida”. Hecho el repaso de todos los gastos, el aldeano se queda pensando un rato y atina a responder: “No entiendo, ¿por qué querrían gastar su capital para venir a un lugar como San Pedro?” Para el narrador inglés la respuesta es tan obvia que la omite, pero justifica la incomprensión del indio: “Despilfarrar nuestro capital por esto, sí, parece raro. Pero luego, ¿qué más hacer con él? La alternativa es invertirlo en Kreuger, Toll o Insull. De que ellos lo despilfarren a que yo lo haga, prefiero hacerlo yo.”

Beyond the Mexique Bay (1934) son los apuntes del viaje que Huxley hizo por nuestro país y Centroamérica. En una lectura superficial parecería que estamos ante un diario de viaje sin otra intención que capturar sus peregrinas reflexiones. Pero su objetivo es mucho más ambicioso y está relacionado con Kreuger, Toll e Insull, apellidos que poco nos dicen ahora pero que en su época eran tan elocuentes como lo es hoy el de los hermanos Lehman. ¿Qué hace uno de los más afamados escritores ingleses perdido en villorrios oaxaqueños en 1933? La clave está en la duda del indio y en la reflexión que ésta despierta en Huxley: algo de su libro de viajes está íntimamente relacionado con la catástrofe financiera de 1929 y su relectura podría arrojar cierta luz ante la catástrofe financiera de hoy.

Después de la Primera Guerra Mundial, México se convierte en una página en blanco donde intelectuales europeos buscan escribir una nueva historia. Es un vacío, un hueco, una incógnita dispuesta a asumir cualquier valor que el viajero decida adjudicarle. Pocos años antes que Huxley, D. H. Lawrence había rentado una casa en Chapala para escribir The Plumed Serpent (1926) y postular en sus páginas que la decadencia de Occidente sólo podía ser superada con una recuperación del lado primitivo del ser humano. Ese proceso es el que sufre Katie, su personaje principal, al involucrarse con la creación de una religión nueva en Sayula, Jalisco. Huxley era gran amigo de Lawrence, así como uno de sus mejores lectores, y con la misma preocupación visita México poco después, pero con dos diferencias insalvables: ocho años más tarde lo que le aflige ya no es la Primera Guerra, sino los estragos de la Gran Depresión, y lleva The Plumed Serpent en la maleta.

Huxley entra a nuestro país por Puerto Ángel, Oaxaca, nombre que, a juzgar por la descripción del lugar, resulta irónico. Prosigue en mula hasta la capital del estado, pasando por Progreso, Miahuatlán y Ejutla, caseríos que se confunden entre ellos de tan iguales. A través de su travesía la pregunta del indio se convierte en la del lector: ¿por qué un escritor amigo de los miembros del Bloomsbury estaría interesado en la artesanía oaxaqueña? Huxley visita México para corroborar, como si se tratara de una fórmula financiera, si la propuesta redentora de Lawrence es viable. Quiere saber si es posible volver a estadios anteriores de progreso; intenta descubrir si es dable modernizar a la barbarie o barbarizar a la modernidad. Huxley sabe que algo hay en México—para él un país preindustrial, medianamente civilizado, donde se vive una especie de economía medieval— que puede ayudar a los intelectuales de Occidente a sortear las consecuencias del Martes Negro. Busca una solución aquí para los problemas que aquejan al mundo tal como un científico la cura del cáncer en la selva amazónica.

Tras recorrer Oaxaca, Puebla, Ciudad de México y Taxco, Huxley concluye que la propuesta de Lawrence es inoperante: un hombre civilizado no puede retroceder por voluntad propia el transcurso del progreso. Lawrence es el mejor ejemplo al ser incapaz de quedarse en México después de la culminación de su novela. Volvió apresuradamente a Europa, harto de tanto salvajismo. Pero en su peregrinaje Huxley dice haber encontrado una posible salida: la no especialización laboral del hombre primitivo; reside en su no alienación, característica que, inevitablemente, le proporciona una suerte de totalidad, de completitud, que lo hace uno con el mundo circundante. Mientras las instituciones europeas intenten devolverle este estatus metafísico al ser humano, la civilización occidental podrá seguir adelante y recuperarse de sus descalabros.

Por qué gastar nuestro tiempo leyendo Beyond the Mexique Bay, puede preguntarse el lector de estas líneas, con la misma auténtica vacilación que el indio ante el novelista. Tal vez la conclusión de Huxley sea en exceso romántica, tan poco viable como la de Lawrence y demasiado inasible como para elaborar un programa y ponerla en práctica. Pero si algo podemos aprender de su lectura es la preocupación de un novelista por un problema social que resultaba ineludible. Ya no hay escritores como Lawrence y Huxley; los problemas económicos han sido relegados a la esfera económica, es decir, ha habido una mayor especialización, incluso en el ámbito intelectual, de la que había en la década del treinta. Releer a Huxley no nos ayudará a solucionar el problema de la crisis planetaria pero permitirá descubrir la riqueza de la no especialización. Sólo en el encuentro con el otro, viajando a otro país, hurgando entre las plantas de una selva que no es la nuestra podremos conversar con el indio y hacernos esas preguntas que, de tan obvias, resultan fundamentales. Preguntas que si bien no podemos contestar del todo, en alguna medida terminan por explicarnos.

- Guillermo Espinosa Estrada