El solsticio | Letras Libres
artículo no publicado

El solsticio

Ya está tendido el lecho espeso del verano

Su pesada yacija sus sábanas con bruma

Sus grandes toldos de sopor su cielo con legañas

La tarde se emborracha de rumores

Cruzamos borbotones asfixiantes en pleno aire emboscados

De fermentos dulzones y fiebres exhaladas

El mundo saturado digiere torpemente sus bocados de horas

El tiempo está ahíto de tiempo

Todo va a bascular o a encallar para siempre

La tierra lucha con su propio peso

Se debate gimiendo por liberarse de su plenitud

Es el vasto solsticio

La hora de gloria para el sol triunfante

El imperio diurno extiende sus dominios

A expensas de la noche

El empuje del día quiere cubrirlo todo

Su hálito ardiente abrasa las guaridas de sombra

La noche está infiltrada de dulzura diurna

Todo será en el mundo medio día

No ha de quedar reducto

Para un negro designio de tiniebla

Todo ha de ser cenit sin vuelta

Y faz radiante sin espalda

Y luz sin disidencia

El día marcha hacia el final del círculo

Consigo mismo a unirse y a cerrarse

Y en la altivez encandilada

De sus altivas aguas entusiastas

Toca ya el borde de los diques del tiempo

Se arroja sin remedio en las redes del Límite

Juez sin piedad que robará su fuerza

Para atarlo con ella y esparcir en el viento

Lo que ella había bellamente unido

Algo en el mundo quiere detenerse

Burlar la ley soez de la alternancia

La justicia irrisoria

De las declinaciones y las disipaciones

Derrocar de una vez al dios idiota de los manotazos

Suprimir el escándalo

Del perpetuo no ir a ningún sitio

El delirio pueril de un universo

Que crea sin cesar hurtando los pedazos

De lo que antes creó y se mutila solo

Que no crea de veras que disipa y transforma

Trabajando sin meta pero siempre con pérdida

Algo en el mundo quiere no trabajar más para la muerte

Sube en el cielo el sol disco de oro de un péndulo

Que quisiera alcanzar su extremo y detenerse

Toda una mayor parte aplastante del mundo

Milita junto a él calladamente

Grandes fuerzas por él meten el hombro

Intentan resistir a su desplome

Y una parte también aplastante en nosotros

Con lúcido fervor renunciaría

A su porción inmensa de futuro y promesas

A cambio de algún fruto verdadero del tiempo

En que la vida infiel se respetase

En su obra perfecta y sin fracaso

Pero algo también languidece y añora

Algo piensa en la noche y la socorre

Una memoria díscola recuerda inconsolada

Todo lo que la gloria del verano

Bajo su pie resplandeciente ahoga

Y una impaciencia intransigente quiere

Lo que el verano no podrá ser nunca

El tiempo en su tarea inabarcable

De ir empujando todo cuesta arriba de él mismo

Se divide y desvía

Sus propias fuerzas cercan a sus fuerzas

Las fuerzas del retorno

Conspiran con las fuerzas de lo nunca visto

Contra el reino leal de la presencia

Pasado y porvenir pactan contra el presente

Flor y semilla son enemigas del fruto

El solsticio está solo ante la nada

El tiempo le hace defección

Sólo es bello el verano por ser insostenible

Sobre el lomo del tiempo viaja este esplendor

Que si tomara pie se ahogaría en su peso

Tampoco el cenit quiere reposar en su límite

También en él murmura

Como un agua de gruta en el bochorno

Una voz que consiente en no durar

Y esa voz crece con su crecimiento

También son el verano las vetas de frescura

Y los soplos nocturnos y las grietas de sombra

Cómo habrá de reinar si no se acepta entero

Si busca obtusamente cegar sus manantiales

Y sepultar el negro fondo de los huecos

Donde nunca la noche se evapora del todo

Así el día respira repleto de sus fuerzas

Habitado de noche poroso y expandido

Y con el tiempo vano se hincha los pulmones

La frente del solsticio se levanta

Y toca su corona impasible y abdica

Los ojos del verano miran hacia otro sitio

Toda belleza viene

A durar contra el tiempo y sin embargo

Lucha por arrancarse de sí misma

Qué busca pues la plenitud abriéndose

Y si no está vendiéndose a la muerte

Cuál otra plenitud le tomará el relevo

Es el tiempo de alzarse

De levantar miradas que luchen con el día

Tiempo de responder con ojos fieles

A la orgullosa obstinación del mundo

Que no pide respuestas y en la impiedad resiste

Sumido en el verano alguien lo escucha

No ha de ser ciego rayo para nadie

Su hoguera solitaria

A su vasto latido alguien opone

Como una tensa piel de tambor pensamientos

Donde sus ondas vienen sin verlos a chocar

Con frontones absortos y espejos abrasados

Y en un blanco retumbo

El suceder estalla y se deslumbra

Con muros y palabras hago nacer el eco

Soy el espejo que prolonga y dobla

Y devuelve la imagen del verano

Y a la vez no hace nada sino durar abierto

Volumen de ficción a fin de que el espacio

Se pueda ver en otro espacio

Y en sus salas de sueño el verano se sueñe

Soy así en otro sitio el igual de su fuerza

Soy yo mismo un verano en la torre del tiempo

En mí late el estío que calcina al estío

Y del blanco solsticio hago mi nombre

Pues es ahora el tiempo de nombrar

Yo y el verano hacemos nuestro lecho en el tiempo

Y hacemos nuestro lecho revuelto en lo decible

Bajo dos intemperies dormimos los dos juntos

Cómo sin el verano algo podrá decirme

Y cómo sin mis ojos será él el verano

Tampoco yo podría ser un orgullo a solas

Es mía la palabra pero no su poder

El verano la llena y la sostiene

Alzo mi pensamiento y cuando menos pienso

En él el tiempo toma la palabra

Y aunque soy siempre yo quien dice

Nunca soy yo lo dicho

Algo ha acudido a saturar mi voz

A fin de que algo más que un eco vano mío

Haya quedado en sus sílabas dicho

No digo yo el verano

Pero también en lo que digo alumbra

El lugar escondido donde nos encontramos

No en las palabras en el poder de las palabras

En esa árida luz donde su reino

Mientras yo pugno en vano por nombrarlo

Se despliega por fin frente a los ojos mudos

Iluminado pero en movimiento

En su ley y en su gusto aunque mirado

Vasto impensablemente

Exasperadamente obsesionado de imborrables cigarras

Recorrido de pájaros inubicables

Insuperablemente socavado

De recaídas y de podredumbres

Infectado de larvas y herrumbres y lepras

Inapresable y soberano

Verano para mí no para mi reposo

Para que sepa yo que no tomo refugio

Cuando tomo su nombre

Pues ni este lúcido decirlo

Podrá tampoco detener en mí

El verano que soy

Y este saber en paz que el tiempo

Este solsticio en mí colma una de sus copas

También encierra como estrías trémulas

La punzante nostalgia

De la hora que nunca volverá

Algo también en mí quisiera detenerse

En un cenit de vida

En una pleamar de amor y pensamiento

Pero algo también en mí saluda al tiempo

Esta gloria es la suya

Todo iba hacia un verano insostenible

El tiempo me lo trajo

Sólo en el lecho inhóspito del tiempo

Ha podido ser mío su cuerpo llameante

Y sólo el curso diáfano del tiempo

Me pone ante mis ojos

Aquel orden de allá donde se mira

La espalda ciega de este orden

Es él también altivo orden del tiempo

Proclamar el solsticio es negarse al regreso

Nada de lo vivido

Hubiera sido en la verdad vivido

Sin este raudo estío que lo deja atrás todo

Esa verdad donde por fin el tiempo

Se deja ver los ojos en que nos consumimos

Ha de quedar ardiendo en su alta intemperie

Que es la misma intemperie donde el verano y yo

Hemos dormido hablado edificado juntos

Esa misma en que miro reunidos

Mi solsticio y la sombra adonde avanza

Por un trazo fulgente que allí dice mi nombre. ~

© Vuelta, 1, diciembre de 1976

  • Apenas el 29 de abril de 2011 le hice una larga entrevista a Tomás Segovia, la primera de las que se están grabando para la historia documental de la literatura mexicana que prepara Clío TV. La sesión duró más de tres horas y en ella Tomás se prodigó en recuerdos y en teoría, en poesía y en prosa, en política y en utopía.