El libro que se le pasó a María Kodama | Letras Libres
artículo no publicado

El libro que se le pasó a María Kodama

María Kodama está siempre muy atenta para quitar de circulación los libros que, según ella, le faltan el respeto a Borges. Pero cada tanto alguno se le escapa.

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Hace un par de semanas, María Kodama —viuda y heredera universal de Jorge Luis Borges— vivió un revés en la Justicia argentina. Una cámara de apelación ratificó un fallo de primera instancia, emitido en febrero, que sobreseía a la web Taringa! en una demanda por presunta defraudación de derechos de propiedad intelectual. Es decir, por incluir en sus páginas textos completos de Borges.

El tribunal dictaminó que “solo se podrá considerar a las empresas intermediarias de internet como responsables por cualquier contenido ilícito subido por usuarios a través de sus plataformas, una vez que sean debidamente notificadas por el damnificado titular de un derecho vulnerado y solo si una vez notificados no proceden con rapidez y diligencia para remover el contenido y detener la infracción”.

Más allá de Taringa!, me pregunto si habrá algún texto de Borges que no se pueda consultar íntegro en la red. Hago la prueba: pienso en un texto de Borges, el más raro que se me ocurre. Lo busco en Google. Lo encuentro. Pareciera que todos los textos de Borges están en la web como todos los libros están en la Biblioteca de Babel.

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El afán judicial de María Kodama es muy conocido. La lista de las personas y los libros contra los que ha actuado —acusándolos, en general, de “oportunistas que buscan aprovecharse” de la figura y la obra de Borges— se torna interminable. Desde libros casi secretos (como El Aleph engordado, el experimento del argentino Pablo Katchadjian de reescribir el cuento “El Aleph” con más palabras, del cual una editorial mínima e ignota produjo doscientos ejemplares en 2009) hasta obras más comerciales (como El hacedor (de Borges), Remake, del español Agustín Fernández Mallo, editado en 2011 por Alfaguara), una cantidad de obras han sufrido la persecución de Kodama. Muchas de ellas, como las dos mencionadas, fueron retiradas de circulación.

Pero no siempre se sale con la suya. Pese al poderío de su ejército de abogados, a veces pierde, como le pasó contra Taringa! (de todos modos, el caso no está cerrado: uno de los letrados anunció una nueva apelación). Y otras veces, muy cada tanto, aunque estos custodios estén siempre tan atentos a cualquier mención de la palabra Borges, algo se les escapa. Como el libro que motiva estas líneas.

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El libro se titula A New Universal History of Infamy, de 2004, y su autor es el galés Rhys Hughes. La edición en español, Nueva historia universal de la infamia, data de 2007. Fue publicada por Librópolis, una minúscula editorial madrileña. Por si hace falta aclararlo, traza una línea paródica hasta el primer libro de ficción de Borges, Historia universal de la infamia, publicado en Buenos Aires en 1935.

Hughes remeda la estructura del original borgeano: redacta las biografías de siete personajes históricos, en las que se mezclan los datos verdaderos con los frutos de su imaginación. Textos como “El impostor inverosímil Tom Castro” o “El proveedor de iniquidades Monk Eastman”, de Borges, son homenajeados por el autor galés con títulos como “El impostor honrado Denis Zachaire” o “El proveedor de calamidades Basil Zaharoff”.

Después de las siete biografías, en el libro de Borges aparece el relato “Hombre de la esquina rosada”. En el de Hughes, “Ratón de la esquina rosada”. Y ambos volúmenes son completados con una selección de textos breves titulada “Etcétera”.

Es decir: Rhys Hughes hizo una remake de Historia universal de la infamia similar a la que Agustín Fernández Mallo hizo, años después, de El hacedor. La diferencia es que la campaña de marketing de Alfaguara para este último derivó en un mini-escándalo y la orden judicial de retirarlo de las librerías pocas semanas después de su publicación. El de Hughes, en cambio, pasó inadvertido.

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Hughes fue de hecho mucho más allá que Fernández Mallo. Cita el siguiente fragmento:

“De no ser por mi estancia indefinida en el Jardín de los Senderos que se Bifurcan, tendría la oportunidad de contarles lo encantado que estoy de que cierto intrépido galés haya decidido continuar mi obra. Al imitarme de forma simiesca, este galés ha alcanzado sus propias certidumbres”.

Se lo atribuye a un tal J*rg* L**s B*rg*s.

El libro lleva como epígrafe el poema “Amorosa anticipación”, de Luna de enfrente, el segundo libro de Borges.

Y la contratapa sostiene que “en la fecunda tradición de Herbert Quain y Pierre Menard (autor del Quijote), el galés Rhys Hughes se propuso escribir la Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges. El resultado es una obra netamente original…”

¿Se puede ser, en la consideración de María Kodama, aún más sacrílego? Sí, se puede. Como el original de Borges incluye dos prólogos (“a la primera edición” y “a la edición de 1954”), el de Hughes cuenta con dos prefacios: “a la edición inédita” y “a una edición imaginaria”. El primero reza:

“Mis piezas son insolentes en el deseo de imitar los originales, que por su parte son audaz y encantadoramente irresponsables. […] Aun este prefacio, que no deseaba escribir, porque no se me ocurría nada sensato que decir, era necesario para coincidir con el modelo. Más aún, se han incluido dos prefacios, porque son los que figuran en la edición que poseo”.

Si Rhys Hughes hubiera tenido una edición de Historia universal de la infamia previa a 1954, su libro de 2004 habría llevado sólo un prefacio.

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Hace tiempo intercambié algunos e-mails con Hughes. Le dije que había encontrado su Nueva historia universal de la infamia en un puesto de usados y que me sorprendía que no hubiera sufrido el acoso de la más borgeana de las viudas.

“Ahora es un libro oscuro —me escribió—. La verdad es que se vendió muy mal. De hecho, el editor emitió un comunicado dos años después de la publicación en el que decía que fue el título peor vendido en la historia de Librópolis. Así que imagino que María Kodama simplemente no vio el libro y, debido a eso, no sabe de su existencia, ya que casi nadie sabe de su existencia. El libro apenas existe, en realidad”.

Entonces le dije que me gustaría escribir un artículo sobre su libro, siempre y cuando él me diera su aprobación, ya que no quería perjudicarlo poniéndole en contra a la presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. En su respuesta me autorizó a hacerlo.

“Borges es mi dios literario. Estaré complacido si lo escribes. Y no creo que ninguna consecuencia pudiera perjudicarme demasiado, ya que todas las ediciones están ahora descatalogadas. Y, por cierto, creo que sería divertido entrar en combate con el ‘legendario monstruo’ de María Kodama”.

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Así estamos. La Nueva historia universal de la infamia, de Rhys Hughes, “apenas existe”, como dice su autor, pero existe al fin. Es el libro que se le pasó a María Kodama. Y a sus abogados. Yo tengo un ejemplar en mi casa. Y también tengo uno de El hacedor (de Borges), Remake, de Agustín Fernández Mallo. A veces fantaseo con que un tipo enorme, de pelo cortísimo y anteojos oscuros se presentará en mi casa y me revelará su misión de destruir esos ejemplares. No me extrañaría. Podría escribir un relato sobre esa idea.