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El jurado se pronuncia

El jurado de este año afirma sin sonrojarse unánimemente que premia a un narrador más allá de sus plagios como ensayista, pasto de los tribunales.

La FIL acaba de dar a conocer una declaración pública del jurado del Premio FIL que dice textualmente:

El jurado del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2012 valoró la obra literaria del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique y su aporte a las letras hispanoamericanas y, tal como establecen las bases del Premio, resolvió por unanimidad reconocer su valiosa obra de creación en el ámbito del cuento y la novela.

Las acusaciones de plagio en contra de Bryce competen al ámbito penal y corresponde a los tribunales –no a un jurado literario– decidir sobre este asunto.

Más allá de las acusaciones en su contra, el jurado votó a favor de otorgarle el Premio por su obra narrativa y la relevancia que, a lo largo de más de cuatro décadas, ésta ha adquirido en la literatura del siglo XX.

Esta declaración omite cuidadosamente informar que el premio se debe dar al conjunto de una obra. A una trayectoria. Tampoco dice que el ensayo es uno de los géneros de la convocatoria –“Podrán ser candidatos al Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2012 los escritores con una valiosa obra de creación en cualquiera de los géneros literarios (poesía, novela, teatro, cuento o ensayo)”–; género que ocupa un espacio no menor dentro de la obra de Bryce y en el que ha destacado como un contumaz copista. Tampoco dicen nada del acta que levantaron con su decisión donde se califica a Bryce de “cronista de la vida y las búsquedas literarias y políticas de los latinoamericanos de su generación”. También omiten informar que los plagios de Bryce ya han sido juzgados con una sentencia condenatoria, y otra ratificatoria, sin que el caso esté cerrado del todo por el derecho del sentenciado a recurrir a una instancia superior. El ensayo, curioso olvido de un jurado compuesto mayoritariamente por críticos literarios y académicos y cuyos siete miembros, de una u otra manera, lo practican.

El jurado de este año afirma sin sonrojarse unánimemente que premia a un narrador más allá de sus plagios como ensayista, pasto de los tribunales, pero los hechos son claros: premiaron con dinero público a un escritor cuya obra está parcialmente impugnada por plagio, con sentencia condenatoria y litigio abierto.

Lo más grave de todo es que la amistad del premiado con uno de los miembros del jurado es notoria desde hace décadas, incluye la escritura de al menos un texto del galardonado y haber formado parte de su defensa, como experto filólogo, en uno de sus muchos litigios. Genial: si lo que se premia es una trayectoria, con este premio no solo beneficia a un amigo, sino que juguetonamente se premia infinitesimalmente a sí mismo, como autor confeso de una mínima parte de la obra del premiado. Lichtenberg dijo que “un libro es como un espejo: si un mono se asoma a él no puede ver reflejado a un apóstol”. Este ecuménico jurado sí puede.