El incierto voto hispano | Letras Libres
artículo no publicado

El incierto voto hispano

Tal como lo hace el censo poblacional, las próximas elecciones arrojarán luz y datos fundamentales sobre los cambios demográficos, generacionales, sociales y de cultura política por los que ha pasado la sociedad estadounidense en la última década. La narración de esa metamorfosis parece apuntar hacia todas partes, excepto hacia atrás, hacia el retroceso. Hasta que se conozcan los resultados del súper-martes de noviembre, queda pendiente por saber, igualmente, qué rumbo traen los hispanos en semejante paso histórico.

En este sentido, tiene razón León Krauze en traer a cuento el escepticismo realista de uno de los expertos más reconocidos en temas de política exterior de los Estados Unidos, Joseph Nye Jr., profesor de Harvard, respecto a un resultado claramente favorecedor para Barack Obama. Buena parte del optimismo en el campo demócrata parece provenir, dice León Krauze, del voto hispano en estados fundamentales: Nuevo México, Nevada y Colorado, los cuales tienen según el Pew Hispanic Center, la novena, la onceava y la octava proporción más alta de habitantes hispanos por estado a nivel nacional, respectivamente; por no hablar de Florida, que cuenta con un tercio de población hispana y que representa 1.7 millones de votantes potenciales. Por ende, el punto crucial aquí no es qué tanto podría afectar la elección uno o varios factores exógenos (la tesis de Nye: un posible ataque terrorista, la difusión de un video de Al-Qaeda), sino el punto en el que se hallan las comunidades de origen hispano en este momento de la historia estadounidense: el tema, en realidad, es si los hispanos están a la altura del cambio cultural que está teniendo lugar en los Estados Unidos.

Lo único claro al día de hoy es que existe, quién lo dijera, poca información respecto a las preferencias y posible comportamiento del electorado hispano el próximo martes 4 de noviembre. Es altamente probable que cualquier optimismo provenga, efectivamente, del arduo trabajo de los organizadores de base para hacerse con el voto hispano. Es todavía más probable, casi un hecho, que el equipo que dirige “Temoc” Figueroa posea encuestas propias y no divulgadas públicamente que documenten dicho optimismo en el campo demócrata. ¿Qué motivos habría para que el electorado hispano, reticente hasta el penúltimo minuto, se vuelque hacia un candidato de origen afroamericano del cual hasta hace poco recelaba por el solo hecho de ser negro? Van algunas respuestas tan rápidas como un exit-poll, enunciadas desde las filas del equipo demócrata: el sentimiento de decepción ante la presente administración por el endurecimiento de los operativos del Department of Homeland Security en los últimos meses, es decir el incremento en cantidad e intensidad de las redadas en los sitios donde se emplean por igual hispanos e indocumentados: fábricas, plantas empacadoras, restaurantes y hasta tiendas de barrio; la presión puesta a lo largo de la frontera para cortar el paso a nuevos inmigrantes, además de una situación abiertamente desfavorable para la primera minoría en tanto la crisis inmobiliaria y la desaceleración económica en los Estados Unidos han tocado frontalmente el sector de la construcción, donde se emplean una buena parte de los hispanos mejor calificados.

Sin embargo, las razones para el escepticismo provienen del propio candidato demócrata y de su equipo más cercano. Basta revisar su discurso ante el Congressional Hispanic Caucus Institute el pasado 10 de septiembre. Esa noche de gala, Obama recordó lo mismo a los 40 mil votantes registrados de Nuevo México que no se asomaron a las casillas electorales en el 2004, que a los 170 mil hispanos que hace un mes todavía no se habían registrado para votar en la elección histórica del próximo mes de noviembre. Al parecer, las cosas y las expectativas han cambiado, pero el voto hispano sigue siendo tan poco confiable que el propio Obama reconoció que no da por sentado un solo voto proveniente de la primera minoría.

Por algo será. Ojalá los hispanos, latinos o como quiera que se llamen los padres e hijos de inmigrantes provenientes del sur de la frontera, estén a la altura de las circunstancias y hagan la diferencia en esta insólita ocasión. De ser así, los hispanos darían su propio salto histórico en este proceso: habran cruzado, de la mano del resto de los Estados Unidos, algo más que la frontera sur del experimento civilizatorio más complejo de los últimos 230 años.

- Bruno H. Piché