El escarnio público como política pública | Letras Libres
artículo no publicado

El escarnio público como política pública

Como la autoridad está ausente en el Estado mexicano, el funcionario-justiciero aparece como héroe y es ejemplo de autoridad.

Las autoridades de la delegación Miguel Hidalgo (DMH) han decidido utilizar la plataforma Periscope para transmitir la realización del operativo “Vecino Gandalla” y exhibir por medio de esta red a  personas que no cumplan las reglas de cultura cívica en la Ciudad de México. A partir de ello, se han dado ciertos sucesos que permiten cuestionar la legalidad y la legitimidad del uso de esta plataforma con tales fines: desde la exhibición de una madre y un menor de edad por tirar basura en la calle hasta las agresiones que recibió el funcionario responsable de la aplicación del operativo.

En la página de la delegación Miguel Hidalgo (DMH) no aparece una descripción sobre el operativo “Vecino Gandalla”. Sin embargo, en los videos y en diferentes notas en medios de comunicación, funcionarios de la delegación han nombrado de esa manera a este operativo. Es importante resaltar este punto: si el operativo es de la delegación, debería explicarlo. El manejo que los medios han dado de este tema ha personalizado el operativo en la figura de Arne aus den Ruthen, Director General de Desarrollo Delegacional o “city manager”, ya que lo presentan como un método particular de este funcionario y no como un programa institucional. Pero, él no es el responsable sino la delegación la que debería explicar la racionalidad de esta política, sus bases y sus objetivos. A la fecha no hay información oficial. Lo que encontramos son explicaciones de Arne aus den Ruthen sobre sus fundamentos y aplicación como política pública.

Según Arne aus den Ruthen en esta entrevista, el programa “Vecino Gandalla” parte de la idea de que “en el espacio público todos perdemos nuestra intimidad” y que “no tenemos conciencia del bien común”. Se basa en el miedo y el castigo: “el problema es que le perdimos el respeto a lo público porque no somos señalados, y lo que tenemos que recuperar es esta capacidad de castigo social”  y en algunos casos llegar hasta “el escarnio público del 'gandalla'”. Según el funcionario: “lo primero que tiene que ocurrir es que haya moral en las personas para saber qué está bien y qué está mal. Cuando ese primer cerco falla, y a algún inmoral se le ocurre hacer algo indebido, viene la segunda barrera: el castigo social”.

De acuerdo con esta lógica, la ciudadanía es gandalla porque está “mal educada” y la manera en la que la DMH pretende “educar” moralmente a la ciudadanía es bajo un régimen de exhibición y tabla. Bastante parecido a las escuelas que, todavía hace unos años, consideraban como una sanción disciplinaria aceptada avergonazar a los niños enfrente de sus compañeros. El nombre de “Vecino gandalla”, utiliza un calificativo denigrante que no debería usarse por parte de ninguna autoridad. El juicio es mediático e inmediato: lo declara culpable sin posibilidad de audiencia y su pena es ser exhibido.

La transparencia es un mecanismo que sirve a la cuidadanía para fortalecerse frente a la autoridad y no de la autoridad para exhibir a la ciudadanía. Una cámara en manos de una persona puede servir para filmar la mala actuación de una autoridad y es legítimo que así sea, porque le da cierto poder frente a la autoridad, que tiene el poder del Estado. Incluso podríamos aceptar como legítimo que una persona filme a otra incumpliendo ciertas normas de convivencia porque se mantienen en un plano de horizontalidad política (aquí encontramos lo que hacen por ejemplo Los Supercívicos). Sin embargo, que las autoridades utilicen Perisicope (o una cámara) para filmar a un persona, exhibirla y castigarla socialmente pervierte el sentido de la transparencia, del principio de publicidad y supone el reconocimiento de que la autoridad delegacional y el poder institucional es nulo, que todas las herramientas que tiene de su lado: la fuerza, la ley, el derecho, el Estado no son suficientes, y hay que recurrir al escarnio público para imponer orden.

La transparencia obliga a que las autoridades documenten su actuación y en ese sentido es válido que estos operativos se graben en video para tales efectos. Pero exhibir en vivo a una persona por medio de la red global no es documentar, es atentar contra su dignidad, porque el escarnio público es una pena degradante y porque en una democracia la privacidad no se pierde en el espacio público.

Parte de la sociedad apoya este tipo de operativos y tampoco debe extrañarnos que así sea. Una de las razones por las que el método de la DMH ha sido tan popular es su demagogia. Ante la falta de respuestas institucionales, la impunidad y el desorden en el que se vive en esta ciudad, las personas se desesperan. Hay tanto vacío de justicia que este puede llenarse fácilmente por un programa justiciero. A sabiendas de la impunidad, la sociedad sacia su deseo de venganza contra los malos ciudadanos por medio de este circo público, burlándose de ellos, humillándolos (Por favor: revisen los comentarios que acompañan los videos de Periscope de la DMH). Como la autoridad está ausente en el Estado mexicano, el funcionario-justiciero aparece como héroe y es ejemplo de autoridad. Pero, no olvidemos que no se construye ciudadanía por medio de panópticos contemporáneos.

 


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