El Barcelona: ética y estética | Letras Libres
artículo no publicado

El Barcelona: ética y estética

Estipular como regla del futbol que el marcador siempre favorece a quien practica con mayor estética este deporte, es tanto como decir que la fortuna suele ser más benévola con quien ha hecho obras buenas en la vida.

Así como hay casos de equipos virtuosos a cuyo lado se inclina el marcador, los hay de oncenas rácanas o poco espectaculares que han gozado de espléndidos destinos (pensemos, de igual forma, en los siniestros personajes que disfrutan de muchos años de felicidad y en los buenos seres humanos que coleccionan desgracias).

Esta semana el Barcelona logró abrir el cerrojo del Chelsea en la Liga de Campeones de Europa en pleno minuto 93, cuando las hordas azules ya festejaban su clasificación y la afición londinense creía en el sueño de por fin ver monarca continental a una escuadra de la capital británica.

El encuentro reunió todo lo necesario para ser catalogado como épico: existió dramatismo, hubieron controversias, los ánimos y las pasiones estallaron, la intensidad resultó permanente, el desenlace fue completamente inesperado, se dieron las condiciones para que lo sigamos discutiendo a perpetuidad, y, por si no basta lo anterior, esta versión futbolera de la Guerra de Troya (aquí el caballo sería, según posición y orientación, el confundido árbitro o el anotador Iniesta) aun devendrá en otra historia épica que será el Manchester United-Barcelona de la final.

Nadie puede discutir que los blaugranas practican un futbol mucho más vistoso y virtuoso que el de sus rivales blues: mientras que el cuadro catalán pretendía tejer complejas y divinas acciones, mientras se concentraba en dejar fluir acorde por acorde, toque a toque, un elevado juego, los ingleses actuaban más por impulso y a víscera salida, destruían lo que construía el contrincante. Sucede que la segunda de estas actitudes, la de los estruendos, parecía bastar para silenciar la sinfonía barcelonista.

El Barcelona merece avanzar a la final, sobre todo, por su fidelidad a una cuna, a una idea, a unos conceptos; en esta ciudad tan preciosista como vanguardista, en la que sin importar la cantidad de devotos católicos que acuden a misa se sigue construyendo “La Sagrada Familia” de Gaudí, se entiende que no ha de cuestionarse el sentido de la estética.

Es como trazar la pregunta: ¿Para qué sirve la poesía? Contestaría quizá un aficionado blaugrana o, incluso, el propio director técnico Josep Guardiola: para lo mismo que sirve jugar futbol bello: ¿Para ganar? No necesariamente: incluso puede servir para perder.

Guardiola creció bajo esa educación: fue el más prodigioso alumno surgido de la cantera barcelonista. Su principal valor nunca radicó en correr más rápido, brincar más alto o patear más fuerte el balón: él pensaba, sus pies convertían en jugadas lo que su arquitectónica mente imaginaba.

Bajo su conducción, el Barcelona da fe a quienes creen en el futbol y evangeliza a nuevos aficionados que nunca pensaron hallar semejantes pinturas o sonetos trasladados a la cancha.

Como sucede a menudo en el entorno filosófico, aquí cabe un debate sobre ética y estética (que según Ludwig Wittgenstein “son uno”, o sea, son lo mismo).

Entonces, ¿lo ético era que avanzara el Barcelona debido a que se desenvolvió con mayor estética? ¿Si ética y estética son lo mismo, el buen jugar blaugrana debía traducirse en el ganar?

Pero aquí cualquier aficionado inglés brincará y argumentará que para que ética y estética sean lo mismo, no hay estética justificada si no va de la mano de la ética; en ese momento colocará en la televisión numerosas repeticiones de los penales que el árbitro noruego no sancionó y dirá con razón: Chelsea mereció avanzar y es ilegítimo el triunfo del Barcelona.

Aunque a muchos no guste, la realidad es clara: no porque el árbitro se haya comido unos penales debemos avergonzarnos por disfrutar con las actuaciones blaugranas y no porque el Chelsea guste de parar un camión en su portería es ilógico que se le sancionen los penales a favor.

Insaciablemente, deseamos un futbol bello y a la vez justo.

En lo que nos perdemos en nociones éticas, estéticas, poéticas y hasta wittgensteinianas, nos preparamos para el 27 de mayo cuando se enfrentarán en Roma los dos equipos que más soberbiamente juegan este deporte en la actualidad: entonces vendrán más debates filosóficos, artísticos y morales.

– Alberto Lati