Ejercicios de crítica universitaria | Letras Libres
artículo no publicado

Ejercicios de crítica universitaria

En el número de julio de Letras Libres aparece una entrevista que me hizo Luisa Bonilla sobre la UNAM que puede leerse aquí

El día 27 del mismo mes, Javier Flores, investigador de la UNAM y editorialista del diario La Jornada, publicó un comentario sobre un tema que se trataba en esa entrevista y que se reproduce a continuación:

Al iniciarse el periodo vacacional en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) –que concluyó apenas ayer–, comenzó a circular el número de julio de la revista Letras Libres, cuya portada está dedicada a esa institución. El ejemplar incluye, bajo el rubro de “Reflexiones críticas”, los textos de cuatro destacados intelectuales mexicanos: Javier Garciadiego, Enrique Krauze, Guillermo Sheridan y Gabriel Zaid. Los dos primeros abordan distintos aspectos de la historia de la educación en México en la que, desde luego, desempeña un papel importante la Universidad Nacional, y los dos últimos entran de lleno a la crítica sobre la vida de la más importante institución de educación superior e investigación en el país. Yo me voy a referir aquí a uno de los temas abordados por Sheridan, en una modalidad extraña de entrevista-monólogo que aparece publicada con su firma.

Sheridan conoce bien la UNAM, pero en este caso la examina con poca seriedad, dibujando una caricatura. Dirige sus críticas sólo a una parte de ella, además de recurrir a algunos lugares comunes en los que muchos podríamos coincdir: las prácticas sindicales, la nociva burocracia o los territorios ocupados. Pero no quiero desviarme del tema que realmente me interesa, el de las patentes, pues el texto al que me refiero tiene el mérito de conducirnos a una reflexión más amplia sobre el papel de las universidades en el desarrollo de tecnología.

La derecha que abomina de las universidades públicas (no me refiero en este caso a Sheridan) piensa que el bajo número de patentes que éstas registran es una debilidad que hay que explotar. Por eso el licenciado Gustavo Madero, líder del Partido Acción Nacional en el Senado, se refirió antes que Letras Libres a este punto. Sheridan hace segunda y cantinflea. Primero al señalar que una universidad privada, el Tecnológico de Monterrey (ITESM), logró 14 patentes más que la UNAM en 2008, ¿y? Luego, para criticar lo que según él es el discurso oficial de la UNAM: “… la educación superior es garante de la futura independencia tecnológica del país y, por tanto, debe tener más presupuesto”. Aquí le hace falta una referencia: ¿Quién, cuándo y dónde se ha dicho esto? ¿Acaso, lo establece la Ley Orgánica? Él cita a dirigentes sindicales, estudiantiles y a algunos expertos en educación para apoyar algunas de sus críticas. Pero en este punto habla sin ningún sustento. Sería muy bueno que nos dijera de dónde lo sacó.

Lo que se ha dicho muchas veces, y se seguirá diciendo, es que se requieren mayores recursos para la investigación científica y tecnológica a escala nacional para enfrentar la dependencia tecnológica y esto incluye a las instituciones públicas y privadas. Esto lo sostiene no sólo la UNAM, sino las organizaciones científicas de carácter nacional como la Academia Mexicana de Ciencias. Las universidades públicas representan una proporción importante de la investigación que se realiza en el país, actividad que se ha desarrollado a contracorriente y como bien dice Sheridan, en áreas científicas y humanísticas que no son necesariamente patentables –aunque potencialmente muchas lo son.

Sólo desde una visión muy primitiva acerca del desarrollo tecnológico (como la de Madero), se puede pensar que las universidades, públicas o privadas están obligadas a registrar patentes para invitar luego a las empresas a beneficiarse de ellas. El mecanismo es exactamente el inverso, al menos es lo que indica la experiencia mundial.

¿Cómo explicar el escaso desarrollo de tecnología endógena? Los propios datos que consiguió Sheridan para su texto son reveladores. Resulta alarmante que 89 por ciento de las patentes en México sean registradas por extranjeros. Surgen algunas preguntas: ¿Por qué el ITESM, que es un modelo de institución de educación superior privada, creado bajo los auspicios y filosofía de las empresas, registra tan sólo 1.4 por ciento del total en 2008? ¿No nos debería hacer pensar este dato, que no se trata de un problema de las instituciones educativas, sino de algo distinto?

A diferencia de lo que ocurre en otros países en los que las empresas son las principales promotoras de la investigación y el desarrollo y por tanto de la generación de patentes, en México esto no ocurre. Aquí contamos con algunos de los hombres más acaudalados del planeta, sin invertir en ciencia y tecnología. No hay gasto suficiente ni siquiera en las instituciones privadas como el ITESM, que debería ser ejemplo del dinamismo innovador de los empresarios nacionales. Han transcurrido ya 40 años desde que se fundó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y el discurso oficial, por reiterativo, resulta cada vez más aburrido: los inútiles llamados al sector privado a invertir en ciencia y tecnología aderezados con estímulos fiscales y hasta mecanismos abusivos de subsidio… que no se traducen en nuevas patentes.

El PAN con sus críticas a la UNAM (a las que ahora se suma la revista Letras Libres) no representa a una derecha moderna, pues no es capaz de poner al país a tono con las tendencias actuales de desarrollo económico a nivel mundial, y no me refiero a las naciones más industrializadas, sino a países emergentes como Brasil, China, India o Rusia. El escaso número de patentes registradas por las universidades (públicas y privadas) es, en mi opinión, un reflejo fiel del nivel de atraso de los empresarios del país, y no una falla de estas instituciones.

Ese mismo día envié una respuesta al periódico del Dr. Flores, que la publicó unos días más tarde:

Me refiero al artículo que publicó el pasado martes (27 de julio) el doctor Javier Flores sobre una entrevista que me hizo la revista Letras Libres en su número de julio y cuyo tema es la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De los muchos temas tratados en esa entrevista elige usted el de las patentes. Opina que “la derecha” (de la que le agradezco me exculpe) usa el bajo número de patentes para atacar a las universidades públicas y pone como ejemplo lo dicho por el senador Gustavo Madero, a quien usted opina que yo le hago “segunda”. Ignoraré ese agravio a mi autonomía y le diré que fue el rector José Narro quien lamentó la baja cantidad de patentes logradas por la UNAM: mi comentario sobre el tema lo tiene a él como única referencia. Moléstese pues con el doctor Narro, que no conmigo; trátelo de derechista, y acuse luego al senador Madero de hacerle segunda.

Le molesta a usted que yo sostenga que hay un discurso en la UNAM en el sentido de que “la educación superior es garante de la futura independencia tecnológica del país y, por tanto, debe tener más presupuesto”; pregunta quién ha dicho eso y cuándo, y me conmina a probarlo (no deja de ser chistoso que usted mismo lo diga en su siguiente párrafo: “esto no sólo lo sostiene la UNAM”). De nuevo: es el rector Narro, jefe nato de la UNAM, quien lo ha dicho en repetidas ocasiones, como suele informarlo el periódico de usted. Tenga un ejemplo: La Jornada del 26 de septiembre de 2009, donde el rector establece relación entre el presupuesto, las pocas patentes y el riesgo de hipotecar así el futuro de México. Así pues, moléstese de nuevo con el rector.

Luego argumenta usted airadamente que en México las empresas no son, como en otros países, la principales promotoras de la investigación y el desarrollo tecnológico. Tiene usted absoluta razón. Tanta como yo, que digo lo mismo en la entrevista, dato que oculta a sus lectores en su afán por inscribirme en la tozuda “derecha”. Esta actitud explica, me parece, su gusto por la palabra “caricatura”.

Porque dice usted que en mi crítica “dibujo una caricatura” y que me refiero a “lugares comunes” de la UNAM. Pero agrega que se trata de “lugares comunes en los que muchos podríamos coincidir: las prácticas sindicales, la nociva burocracia o los territorios ocupados”. Celebro que usted y “muchos” coincidan conmigo en el daño que esas caricaturas le hacen a la UNAM. La diferencia es que yo critico y usted (y “muchos”) sólo coinciden. Es precisamente la ausencia de crítica sobre la UNAM lo que ha hecho de esos problemas caricaturas y lugares comunes. Le conmino, doctor Flores, a que rompa la comunidad de esos lugares explicando en su columna de qué manera coincide conmigo.

¿Qué le parece comenzar con “las prácticas sindicales”?

Guillermo Sheridan

En el mismo número, el Dr. Flores contestó:

En un texto publicado en el número más reciente de la revista Letras Libres, Guillermo Sheridan afirma que “...el discurso oficial de la UNAM es que la educación superior es garante de la futura independencia tecnológica del país y, por tanto, debe tener más presupuesto”. En mi artículo publicado el pasado martes, yo señalé que esta afirmación, que no es para nada trivial, requería de una referencia, puesto que a partir de ella, Sheridan elabora un juicio sobre la relación entre el presupuesto que recibe esta institución y el cumplimiento de sus tareas, lo que resulta una continuación de lo expresado por el senador del PAN Gustavo Madero, el primero de junio de este año.

Luego de destacar que en 2008 la UNAM logró 17 patentes, mientras que el Tec de Monterrey obtuvo 31, Sheridan señala: “...Y si presupuesto equivale a objetivos, pues la UNAM está en un problema”. Adjudicar a una institución un dicho (oficial) que implica la responsabilidad sobre el desarrollo tecnológico del país requiere de una prueba. Sheridan nuevamente cantinflea y dice que lo dijo el doctor José Narro Robles, quién sabe en dónde, citando cosas que nada o poco tienen que ver con el punto en cuestión, pero, al fin, nos remite a una fuente: una nota publicada en La Jornada el 26 de septiembre de 2009, en la que Narro se refiere a la necesidad de destinar mayores recursos públicos para la educación, la ciencia y la tecnología, pero en la que no hay algo que tenga que ver con la afirmación citada. En otras palabras, Sheridan construye un castillo de naipes en cuya base hay... nada.

Reducir la dependencia tecnológica en México no es responsabilidad de las instituciones de educación superior, sean públicas o privadas. Esta es una tarea de toda la nación. Las universidades deben participar apoyando con sus recursos materiales y humanos las iniciativas del sector productivo, lo que puede traducirse en la generación de nuevas patentes. Desafortunadamente, como lo digo en mi artículo, estas iniciativas son hoy raquíticas.

Javier Flores

En la entrevista referida, comenté lo inquietante que resulta que la UNAM y las instituciones de educación superior en general disfruten de una dispensa por parte de la crítica, sobre todo de la que produce la misma UNAM.

Lamentablemente, el Dr. Flores lo demuestra: se niega a leer y, predeciblemente, se niega a escribir. Dijo coincidir conmigo en que “las prácticas sindicales” y lo que él llama “la nociva burocracia” son problemas de la UNAM. Lo reté a criticar tales problemas. No va a hacerlo. Nunca se atreverá a hacerlo.

¿Por qué? Por temor a que, si osa criticar cualquier aspecto de la UNAM, alguien le diga que le hace segunda al PAN y que cantinflea: el mismo tratamiento que me recetó a mí. Así pues, Dr. Flores, guarde silencio.

Guillermo Sheridan

Postdata: Sé que es inútil decirle esto a alguien que no lee, pero no a quienes sí: en la revista Plural –desde 1971– y luego en la revista Vuelta, hasta 1999, se publicó abundante crítica sobre la UNAM (Paz, Zaid, Rossi, Krauze, yo mismo y otros) tal como lo ha seguido haciendo Letras Libres. El Dr. Flores siempre podrá alegar que el PAN es retroactivo.