Un alza engañosa | Letras Libres
artículo no publicado

Un alza engañosa

Recientemente, un lector me reclamaba el que parezca haberme alejado de temas económicos para escribir más sobre política. Es una crítica válida. Sin embargo, como he dicho antes, el centro de gravedad de las decisiones financieras se ha trasladado de Wall Street a Washington. Ha dejado de dominar la racionalidad de los mercados y el brutal pragmatismo político es el que avasalla y construye una realidad paralela en la cual encuentran resguardo las temerosas expectativas de una sociedad confundida.

Se ha vuelto imposible tratar de entender la economía y los mercados sin descifrar las intensas dinámicas políticas y sociales detrás de estos.

Otros lectores me han dicho que por qué debe interesarles si los mercados financieros estarán al alza o a la baja si ellos no están invirtiendo en éstos. Les respondo que hasta que no se estabilicen los mercados financieros, no podremos determinar a ciencia cierta el tamaño del descalabro sufrido, no sólo por el sector financiero sino incluso en el patrimonio de las familias. Mucho de lo que viene dependerá de la magnitud de pérdidas que están aún por determinarse y de éstas dependerá la necesidad de estímulo fiscal. Es este estímulo el que definirá la capacidad de los gobiernos para ofrecer paliativos al dolor provocado por la crisis. Créame que aunque nunca haya cruzado por su mente comprar una acción o un bono, buena parte del entorno que le tocará vivir en la próxima década se definirá por lo que pase en los mercados financieros.

Lo que ha ocurrido no ha sido un ajuste menor o el simple devenir de un ciclo económico que ha pasado de la fase de auge a una contracción natural. Jeffrey Immelt, el CEO de General Electric, dijo “this is not a cycle, it’s a reset”, haciendo referencia a la naturaleza cismática y no recurrente de lo que estamos viviendo. Hoy me doy cuenta de que ésta, como toda ruptura, dejará una cicatriz; esto puede saberse aun cuando la profundidad de la herida queda por determinarse.

Para darle gusto a lectores ávidos de comentario puramente económico, empezaré por decir que la fortísima recuperación (23% desde su punto más bajo) que vemos en los mercados será tan efímera como descabelladas fueron las causas que la detonaron. Podemos señalar el punto de partida en la declaración de Citibank afirmando que el banco logró ganar dinero en los primeros dos meses del año. Esa es la nota que los medios capturaron con gran estruendo. Mereció mucho menos entusiasmo la frase posterior: “antes de hacer cargos y reservas”.

Cualquier banco del mundo gana dinero al realizar su función básica de captar dinero –proveniente de depósitos– y emitir instrumentos de deuda en el mercado, prestando a una tasa mayor. La función básica de una institución bancaria es hacer ese arbitraje entre la tasa a la cual el público está dispuesto a financiar a la institución, y la tasa a la cual un individuo o una pequeña empresa pedirán prestado. La complicación empieza cuando el banco tiene que reservar y hacer provisiones por aquellos préstamos que hizo y no logró cobrar, o por haber hecho inversiones con su capital en las cuales perdió dinero.

La pregunta obvia sería: ¿por qué una institución sofisticada como Citibank habría de insultar nuestra inteligencia con una aseveración tan primitiva? Más aún: ¿qué les llevó a hacer un comentario sobre su desempeño en los primeros dos meses del año, cuando lo usual es evaluarlo trimestre a trimestre?

Sólo puedo pensar en una respuesta probable: porque su acción se estaba cotizando en un dólar (o menos) y el costo de “nacionalizarlos” se había vuelto insignificante. Es decir, que en un proceso de “nacionalización”, de quiebra ordenada, o como queramos llamarlo, los perdedores evidentes son los accionistas. Éstos, sin embargo, tenían ya sólo un dólar por perder y, por ello, el prospecto de nacionalizar empezaba a parecer factible. Esto llevó a Citi a intentar parecer “viables”, subrayando la “rentabilidad” lograda en el primer bimestre. En el mundo insensato en que vivimos, el experimento funcionó y en un cuestión de días el precio de la acción se había triplicado.

Un rebote así crucifica a todos aquellos que, especulando con la posible quiebra de la empresa, habían vendido acciones en corto [1]. Ante la vertiginosa alza, la única opción es cubrir esa posición, generando demanda por acciones y, consecuentemente, contribuyendo al alza en el precio.

Una buena razón para dudar de la solidez del alza está en el hecho de que el liderazgo provino de los sectores más afectados por la crisis: el sector financiero, el de materiales para la construcción y el de bienes de consumo discrecional. Los sectores que menos participaron en el alza fueron el de salud, bienes de consumo básico y servicios básicos (como energía eléctrica). Suena a que es una típica alza de corto plazo en un mercado que conserva aún una tendencia a la baja.

En los próximos días escribiré sobre las razones por las que podemos esperar que los mercados vuelvan a probar sus niveles mínimos, y también sobre por qué las recientes medidas anunciadas por la administración de Obama resulten quizá poco efectivas.

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[1] Tipo de operación en la cual se vende algo que no se posee, con la esperanza de recomprarlo a un precio más bajo en una fecha futura, cubriendo así la posición “corta”.