La incertidumbre será el tema en 2014 | Letras Libres
artículo no publicado

La incertidumbre será el tema en 2014

Se vislumbra un entorno extremadamente complicado para inversionistas, bancos e instituciones financieras.

Se acerca el fin de 2013 que, salvo que ocurra algo inesperado, será extraordinario para el mercado accionario estadounidense que hasta ahora (mediados de diciembre) a mostrado un alza de más de 27%. Este desempeño es una victoria de la Reserva Federal, misma que influyó agresivamente en las tasas de interés de largo plazo para buscar que se reasignaran los recursos, restándole atractivo a los mercados de bonos. Con esta medida mucha de la cautelosa liquidez estacionada en los bonos tuvo que salir a tomar riesgos en el mercado accionario y en otros de activos reales, como el de bienes raíces. En 2014 sabremos si la chispa generada con estímulo monetario será suficiente para generar una recuperación sostenible, o si simplemente se trató de una victoria pírrica que engendró burbujas en diferentes mercados y cuyo potencial estallido se traducirá en volatilidad y repliegue de inversionistas.

Alan Greenspan, quien presidió la Reserva Federal de 1987 hasta 2006, dijo en una entrevista con Fareed Zakaria para CNN que la economía mundial está entrando en el peor período de incertidumbre que él recuerde, una afirmación no menor proviniendo del casi nonagenario economista. Greenspan subrayó que hace dos años vimos el menor nivel de reinversión en compra de bienes de capital del flujo de efectivo producido por las empresas desde 1938.

En mi opinión hay muchos elementos a considerar. Claramente, sí estamos por ver el desenlace de una medida desesperada con la que la Reserva Federal logró reducir el costo de hipotecas y otros tipos de crédito al comprar bonos del tesoro a largo plazo. Con ello influyó para reducir las tasas que se utilizan como referencia para esas transacciones. El tema no es si el balance del banco central ha crecido de más (a casi cuatro millones de millones de dólares), pues sería posible hacer un asiento contable en el cual simplemente se neteara ese activo del gobierno en los libros de la Reserva Federal con el pasivo del gobierno que aparece como emisión de bonos en los libros del Tesoro estadounidense. El problema es cómo reaccionarán los grandes inversionistas institucionales ante la expectativa de que la Reserva Federal deje de comprar esos bonos, considerando que los 85 mil millones de dólares que adquieren cada mes representa alrededor de tres cuartas partes de la oferta total.

Lo que con este agresivo estímulo monetario se ha logrado hasta hoy es forzar a los inversionistas a tomar riesgos ante la certeza de que al invertir en bonos de alta calidad crediticia, ni siquiera logran compensar la tasa de inflación. Muchos inversionistas institucionales tienen que tomar la difícil decisión de tomar más riesgo de crédito (a más plazo del que querrían) o invertir más en acciones u otros activos más riesgosos. Sabemos que cuando la Reserva Federal deje de influir en las tasas, la distribución de las carteras de inversión se normalizará, lo que puede implicar fuertes salidas del mercado accionario, e incluso una menor demanda de inmuebles y otros activos conforme inversionistas rentistas tengan acceso a bonos que ofrezcan tasas razonables.

Mientras vemos que la economía estadounidense da muestras de recuperación, crece la presión para revertir el estímulo monetario antes de que se empiece a recuperar el multiplicador monetario, de que resurja el crédito y el dinero, generando una posible inflación que podría salirse de control en un proceso que equivaldría a prender un cerillo en una habitación anegada de gasolina.

Se vislumbra un entorno extremadamente complicado para inversionistas, bancos e instituciones financieras. Para muchos inversionistas, gracias a las tasas bajas, ha sido muy rentable y seguro invertir en bonos durante los últimos treinta años; pero, en la medida en que las tasas de los nuevos bonos resulten inferiores a las de bonos en el portfolio del inversionista, el precio de estos últimos se revaluara. En ese caso tendremos el entorno opuesto.

Para las instituciones financieras el reto será mayor. El entorno de tasas a la baja permitió jugosas ganancias aprovechando la poca transparencia con la que operan los mercado de bonos, mientras que en las últimas décadas la rentabilidad para intermediarios financieros que operan en el mercado accionario se ha reducido más de 90%. Ahora será mucho más complicado generar márgenes en mercados de bonos con precios a la baja, una situación que podría prevalecer por décadas.

Finalmente, algo que ha favorecido claramente la inversión en acciones ha sido que, con las bajas tasas de interés, cuando se calcula el valor presente de las empresas se utilizan muy bajas tasas de descuento sobre las utilidades futuras. A tasas más altas, la valuación de las empresas parecerá menos atractiva. No podemos afirmar que el mercado accionario esté inflado, pues el proceso de hacer más eficientes a las empresas estadounidenses ha sido extraordinario, pero tampoco está rebajado.

Como dice Greenspan: lo que viene es impredecible. Y lo es, en buena medida, porque el mundo nunca ha visto un estímulo monetario de la magnitud del que aplica no sólo la Reserva Federal, sino los bancos centrales de Europa, Japón, Suiza, Reino Unido y otros. No existe precedente de un proceso en el cual se revierta un estímulo de esta magnitud. La normalización de tasas podría afectar la delicada situación de muchos bancos europeos e incluso precipitar que revienten burbujas inmobiliarias en diferentes mercados desde Brasil hasta China.

A pesar de que la economía estadounidense se recupera, de que finalmente dejó atrás nubarrones presupuestales que amenazaban aguar la fiesta en 2014 y de que la emergencia europea parece superada, hay que tener cuidado de no echar campanas al vuelo de forma prematura. Salir de la peor crisis económica mundial desde la Gran Depresión no está exento de tropiezos. A pesar del buen desempeño de las bolsas, debe imperar la prudencia.