Dos poemas (versiones de Jorge Esquinca) | Letras Libres
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Dos poemas (versiones de Jorge Esquinca)

La toronja de Safo

 

Hace tanto tiempo que casi lo has olvidado.

Qué difícil esa primera penetración:

las uñas dentro de una carne

siempre más densa de lo que esperabas.

 

Pero quitar la piel se va volviendo más fácil.

Capa tras capa

la piel se separa mientras tus manos

se van acordando, se mueven despacio y la retiran.

 

El rubor te invita, delicado

y lascivo. Una casi virgen cautiva,

su vestido abierto tiene el color

de este amanecer.

 

Y tú casi estás ahí

bajo una maraña de membranas,

sólo una brizna de piel

te impide tomar aquello que anhelas.

 

Jugo, carne, pulpa, tragas

con avidez, tus labios comienzan a punzar,

tu garganta está bien abierta. Sacias

apetitos que ignorabas tener.

 

Luego, vuelves por las semillas.

Piensas en una línea de perlas,

en las hileras de pezones

en el pardo vientre de una gata.

 

Y a pesar de que lavas tu piel

una y otra vez,

no puedes librarte de la liviana

fragancia persistente,

 

pegajosa en tus manos, de esta fruta matinal.

Y todo el día recuerdas

que fue deliciosa

y amarga. ~

 

 

Bondage metafísico

 

Últimamente me descubro anhelando

una cama de cuatro postes: un lugar

para mis corbatas de seda, las medias y las esposas

que alguien me obsequió la pasada Navidad.

 

Aparte de esto, yazgo suspendida

en mi propia incredulidad, su curvo marco

de metal ya pulido por años de lento restregarlo,

las correas atadas en mis muñecas y tobillos.

 

Mi piel, marcada por el roce

con la áspera intemperie del cuero,

apenas siente los moretones.

De hecho, me parecen hermosos.

Seductores azules y verdes estallan y se oscurecen:

un corazón de enamorados en anilina rosa,

una orquídea negra con pétalos suavemente plegados.

 

Es mi deseo

por un cierto estirarse y reventar de cartílagos,

el tierno padecer de ligamentos y tendones,

y el dolor en los músculos internos,

lo que me mantiene aquí, suspendida.

Y me muevo maravillosamente, me arqueo y me retuerzo,

aun con mis cuatro extremidades atadas. ~

 

 

Versiones de Jorge Esquinca


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