Dos poemas | Letras Libres
artículo no publicado

Dos poemas

Pollería

a Marina –en un mandado

Gallos jóvenes, tenores imberbes aglutinados como huevos revueltos. O bien, como un maizal cruento después de una pelea de gallineros. Y ahora, sólo la convivencia forzada –casi dulce, casi solidaria– de los cadáveres. Galería confusa de gestos definitivos. Plumas volátiles sobre el brazo velludo y enérgico del pollero. Un pico largo, aquel pedazo de cresta, medio ojo seco, ese buche, esta pata tiesa, aquella cola implume, conformarían, todavía quizás, la estampa mínima de un gallo de apuestas derrotado.

–¿Cómo la va’ querer, Doña: así de pieza limpia o con huesos pa’ consomé?

Velorio soleado, concurrido, animado; con oraciones fúnebres sobre la calidad excelente de los difuntos; con moscas, ventilador eléctrico y sangrienta imagen religiosa a lo alto.

Granja herida. Canto de amanecer asesinado. “Quiquiriquí” ahogado bajo una “pechuga aplastada”.

 

 

 

 

Cementerio

(Homenaje a Fabio Morábito)

A Dan Russek

Al lote baldío de la calle para abandonar ahí una bolsa de basura. Ni un pordiosero, ni un perro, ni una rata, ni una planta; nada, esta vez, que me hable de la vida. Cartones de huevo, latas de cerveza, a granel: exequias de la fiesta, escombros del desfile.

De pronto, entre los desechos, se destaca y se oculta, con su negra fosforescencia, reacia al mediodía –como un murciélago malherido al que molestara la luz–, un pequeño ataúd de no más de noventa centímetros de largo. Las dos partes de la caja yacen juntas, pero desprendidas. Vampiro caído del cielo, con las alas rotas. El forro de las cubiertas es de terciopelo negro corriente; la manta interior es blanca, ya más bien grisamarillenta; una placa a medio caer, criptograma desvalido, reza a la letra: “Ataúdes Carmona. Tipo 1d especial. –Fabricamos todos tamaños. Trabajamos 24 horas. Acudimos a domicilio...” (dirección y otros datos ya ilegibles). Moños y listones claros adornan todavía los costados. Elegancia fracasada, olor a loción y brillantina de muerto. El difunto –un animal doméstico, un niño pobre, una anciana encorvada, un cirquero contrahecho, un hombre reducido ex profeso de tamaño por la agencia en tentativa experimental– ha escapado de la muerte, o al menos, del féretro miniatura. Trampa de dentadura dislocada, cáscara podrida sin carne, viuda negra abrazando la intemperie, madriguera de ratas y chinches, lecho de enanos urgidos. ~

 

 

© Vuelta, 130, septiembre de 1987