Dos encuentros cercanos con Masiosare | Letras Libres
artículo no publicado

Dos encuentros cercanos con Masiosare

Siempre es redituable insinuar la presencia de Masiosare, ese extraño enemigo, para ganarse simpatías chauvinistas. 

Poco sabemos acerca de Masiosare, excepto que es un extraño enemigo al que cada tanto le da por profanar con su planta el suelo de la patria querida. Agazapado en las tinieblas de la alteridad, Masiosare suele abalanzarse sobre cualquier extranjero despistado y encarnarse en él con su afán subyugador. Amorfo, difuso, inconmensurable, Masiosare es el perfecto Gran Otro del chauvinismo mexicano. Conscientes de esa condición, nuestros padres fundadores nacionalistas-revolucionarios nos legaron el Artículo 33 constitucional que le permite al gobierno identificar sin asomo de duda a Masiosare, escondido bajo los ropajes de cualquier visitante foráneo de apariencia inofensiva, y remover la amenaza expeditamente. Para mayor seguridad de la Nación, sectores de la izquierda suelen patrullar también la esfera pública para detectar su versión del Masiosare imperialista. En abril ocurrieron dos encuentros cercanos del tercer tipo con el extraño enemigo protagonizados por uno y otro guardián.

En el primer caso, un grupo de 8 estadounidenses se internaron en Ciudad Acuña, Coahuila, el 28 de abril, provenientes de Austin, Texas. Solo que en lugar de emborracharse hasta la ignominia, enseñar partes del cuerpo que no suelen recibir el sol, y comprar baratijas y sombreritos, como hace todo gringo decente en la frontera, estos 8 extranjeros se reunieron con jóvenes trabajadoras de la maquila buscando conocer sus historias de vida y de lucha y entender su perseverancia bajo condiciones riesgosas de trabajo y un clima violentamente antisindical, incluyendo, claro está, la propia actuación de las autoridades del trabajo para obstaculizar la organización sindical independiente en las maquiladoras.  Por supuesto, las autoridades migratorias mexicanas reaccionaron rápida y furiosamente. Bajo el principio constitucional de “la ropa sucia se lava en casa”, (les comparto la cita exacta cuando la encuentre) y la política de “no me hagan quedar mal con los invitados”, los 8 estadounidenses, miembros de una congregación religiosa, fueron detenidos varias horas en la estación migratoria local y obligados a firmar papeles sin asesoría consular bajo la amenaza de ser enviados a Saltillo y retenidos hasta resolver sus casos. Al final, los ahora conocidos como “the Acuña 8” fueron expulsados del país bajo el pretexto de no contar con las tarjetas de turistas que ¡ningún visitante necesita en la frontera!

El mensaje es claro. Desinhibirse sin límites del lado mexicano del río es una actividad totalmente legítima y alentada para los extranjeros amigos de México, como también lo es invertir en plantas maquiladoras que infringen rutinariamente las leyes laborales mexicanas. Sin embargo, interesarse por las vidas de los mexicanos de carne y hueso y solidarizarse ante las condiciones adversas que enfrentan los trabajadores y trabajadoras de la maquila, son actos de profanación de la soberanía nacional de una perfidia tal que solamente pueden ser obra de Masiosare.

En el segundo caso, varios sectores de la izquierda nacionalista lograron detectar el intento descarado de entregarles las playas mexicanas a los extranjeros y alertaron de ello a la nación entera. Como se recordará, el pasado 23 de abril la Cámara de Diputadas aprobó una reforma al Artículo 27 constitucional para eliminar la prohibición de que los extranjeros puedan adquirir propiedades en las playas y a menos de 100 kilómetros de las fronteras. En las redes sociales, en las calles y en las propias playas, estos soldados que en cada hijo Dios le dio a la Patria se movilizaron sin tregua y no escatimaron ninguna acción para oponerse a este nuevo asalto a la soberanía. El ex diputado Gerardo Fernández Noroña no dudó en sumarse a la causa y bravíamente se atavió con las chanclas y los shorts para ir a protestar al propio sitio del atraco. Hicieron de todo, excepto leer la reforma constitucional en cuestión e informarse de los antecedentes.

Véase por ejemplo esta imagen  tomada de la página de Facebook de Jóvenes Morena de Comitán, Chiapas, donde se mezclan el nacionalismo anti-Masiosare con uno de sus aliados naturales, el antisemitismo. Y esta otra tomada de la página de Facebook de #YoSoy132 Cancún. Ambos casos exhiben una ignorancia absoluta sobre los contenidos de la reforma citada. No se considera que: 1) la reforma limita la adquisición de propiedades a su uso residencial y excluye explícitamente el uso comercial; 2) por ley la franja de arena que constituye la playa no puede ser propiedad privada en ningún caso, así que nadie que no sea el gobierno le puede impedir a nadie ir a remojarse los pies en el mar;  y 3) dicha propiedad siempre ha existido en los hechos a través de fideicomisos en los que administradores de bienes raíces aparecen como los legítimos propietarios de los inmuebles en posesión de extranjeros.

Las grandes cadenas hoteleras ya tienen todo el aparato legal que necesitan para operar cómodamente en el país; esta reforma no les incumbe en absoluto. Ya hay miles de ciudadanos extranjeros viviendo en zonas costeras; esta reforma constitucional elimina los fideicomisos y establece una relación directa entre los propietarios extranjeros y la autoridad local para fines del impuesto predial particularmente. Además, todo extranjero que adquiera propiedades en México renuncia explícitamente a la protección de su gobierno para la resolución de disputas sobre sus bienes inmuebles.

¿Por qué se pone el grito en el cielo sin conocer primero lo que se rechaza tan tajantemente? Porque para parte de la izquierda el mito de Masiosare es indispensable como movilizador de conciencias. No importa que tan sólo 0.85 % de los residentes en México sean extranjeros, y buena parte de ellos amables jubilados que no compiten con nadie más que por el aire que respiran.  No importa que nuestro país no haya experimentado nunca una de esas histerias xenofóbicas, más allá de casos aislados y muy locales, por desgracia tan comunes en el mundo. No importa que millones de mexicanos en Estados Unidos posean legalmente propiedades en donde se les pegue la gana -y les alcance para- comprarlas. Siempre es redituable insinuar la presencia de Masiosare, ese extraño enemigo, para ganarse simpatías chauvinistas. Y en eso, buena parte de la izquierda no se distingue del gobierno.