Disculparás a quien se deje | Letras Libres
artículo no publicado

Disculparás a quien se deje

No siempre me queda claro qué es lo que alguien ofrece cuando ofrece una disculpa. Podría ser tan grande su poder o tan alta su autoestima y su amor propio que se siente en posición de perdonar magnánimamente, como lo haría un monarca, todas las faltas y estupideces de sus súbditos.

Quizá la confusión proviene de que, si busca ser disculpado, uno tiene que dar la cara, ofrecerla, y mostrarse arrepentido o avergonzado.

El caso de la semana es Javier Aguirre, el director técnico, mejor dicho el salvador de la Selección Nacional de Futbol, quien ofreció una disculpa por haber proferido un par de bobadas en una entrevista que concedió a un medio español. ¿Debemos sentirnos afortunados porque Aguirre perdone tan generosamente a México la ofensa de estar “jodido”?

Esta cosa amorfa e incontenible como una mancha voraz que llamamos lenguaje sigue, sin embargo, aunque parezca increíble, cierta lógica. Más o menos oscura, pero lógica al fin. Basándome en el Diccionario de la Academia (DRAE), pedir disculpas (sic, véase la entrada disculpa) significa “pedir indulgencia”. Por tanto, ofrecer una disculpa implicaría “ofrecer una indulgencia” e indulgencia es la “facilidad en perdonar o disimular las culpas o en conceder gracias”.

Es verdad que el DRAE no emplea el lenguaje más claro posible en sus definiciones, pero creo que no debería ser muy difícil entender que, cuando uno comete un error o una ofensa en agravio de otro y cuando uno advierte que el otro no lo merecía, uno desea disculparse por ser el culpable de ese agravio.

Entonces uno va con el otro a pedirle una disculpa, no a ofrecérsela; uno va y le dice al otro: “he venido a disculparme / te pido que me disculpes / te pido una disculpa” y no: “he venido a disculparme / te ofrezco que me disculpes / te ofrezco una disculpa”. En todo caso, quien ofrece u otorga la disculpa es el que disculpa al culpable del agravio.

Una disculpa se pide, pues, las disculpas se solicitan humildemente, incluso se imploran. El agraviado, dependiendo de lo grave de la falta, se halla en la posición de no disculpar, es decir, no otorgar, no ofrecer o no conceder el perdón, a menos que la disculpa sea pedida con notable sinceridad, con alguna muestra clara de arrepentimiento, como lo hizo Aguirre.

Así pues, don Javier, si no a nombre de todos los mexicanos –no está en mis manos–, por lo menos en el mío, lo disculpo por haber ofrecido una disculpa en lugar de haberla pedido, que era lo que muchos mexicanos estaban esperando. Y lo disculpo porque sé que se halla ocupado en asuntos más importantes, tales como salvar a la Selección Mexicana de Futbol del ridículo habitual.

Le ruego que me disculpe.

– Emmanuel Noyola

Una sentida disculpa

Errare humanum est, sed perseverare diabolicum, escribió Séneca: errar es humano, pero persistir (en el error) es diabólico. Otra versión de esta frase reza, después de errare humanum est, rectificare sapientis est: es sabio rectificar.

Como consta en este mismo espacio, he tenido el descaro –en mi descargo diré que bienintencionadamente– de aprovechar una coyuntura futbolístico-lingüística para dar una pequeña muestra de mi ilimitada capacidad de errar señalando injustamente que Javier Aguirre erró al ofrecer en vez de pedir una disculpa.

Creía yo que ofrecer una disculpa era erróneo y cegado por esa funesta creencia argumenté en tal sentido, lo cual por lo demás enseña que se puede argumentar en cualquier sentido exitosamente aunque sea en detrimento de la verdad.

Me quedé sin embargo con la espinita y consulté, algo tardíamente, el Diccionario de uso del español de María Moliner que más a la mano no podría haber tenido todo este tiempo. En la entrada disculpa se indica que este sustantivo puede ser precedido, entre otros, de los verbos admitir, dar, ofrecer, presentar, encontrar, merecer y tener; disculpa se toma como sinónimo de excusa, explicación y justificación.

Lección 1. Las disculpas pues se pueden pedir pero también ofrecer.

Lección 2. Antes de hablar de la lengua, no olvide consultar a doña María.

Así es que ahora ofrezco, como lo hizo Aguirre, y antes de que algún hincha o lingüista me reprenda, una disculpa: me desdigo, horror vacui...

–EN