Diario de un viru: al domingo. | Letras Libres
artículo no publicado

Diario de un viru: al domingo.

El sábado nos despiertan 150 mil decibeles de cohetones. Mi esposa lanza la siguiente hipótesis: son unos cañones antiaéreos que coadyuvan con un radar que detecta cuando pasa un viru. El radar mira al viru y le avienta un cohetón y adios viru. Sólo hoy, cincuenta cabrones virus menos.

Una señora declara en el noticiero: “Lo bueno es que la semana que viene no habrá clase”.

¿Podré ir a trabajar a mi Instituto? A fin de cuentas es un sitio sin conglomeración ni masa compacta ni nada. La página web de la UNAM dice que habrá información más tarde, cuando haya información.

Afuera de la casa un vecino toca el claxon como loco. Cuando todos nos asomamos a la ventana, grita melodramáticamente: “¡Se agotó el tapabocas!”.

Dice el diario citando a algún funcionario: “Aparentemente el virus se originó en una zona euroasiática, mutó y fue transportado por un individuo y después empezó a reproducirse”.

El aparentemente presidente de la Junta de Coordinación Política de la cámara de diputados, Sr. Javier González Garza (PRD), declara: “Estamos considerando sesionar en un local abierto, estamos preparando los diferentes escenarios, ese es el tipo de cosas que estamos previendo”. El diputado no previó hasta cuando estarán considerando, preparando o previendo, pero de que prevé, prevé. En estos días la angustiada Patria voltea esperanzada hacia la cámara de diputados, masa compacta de honestidad e inteligencia, y prevé sentirse reconfortada.

Mauricio Hernández, subsecretario de salud, declara: “Tenemos 20 defunciones, pero si las comparamos con las 350 mil defunciones anuales en el país, es un aumento pequeño.” Después de decir lo anterior, el señor Hernández mutó y fue transportado por un individuo.

Nada, que se cierran los institutos de la UNAM. Han sido ascendidos al rango de conglomeración, igual que cines, iglesias y estadios de futbol. Ni modo.