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Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen

Cuando Woody Allen le atina, arrasa. Si en Scoop y Los inquebrantables se le notaba fuera de forma, rutinario y un tanto insulso, en Vicky Cristina Barcelona recupera el buen pulso mostrado en Match Point. Como en algunos de sus mejores filmes, este mezcla con certeza la comedia romántica con el drama, y todo aderezado con una visión irónica y ácida de la vida. La química del cuarteto formado por Javier Bardem, Penélope Cruz, Scarlett Johansson (la nueva musa de Allen) y Rebecca Hall, es fantástica y los cuatro brindan actuaciones memorables. El enredo amoroso que forman es divertido y lo mejor es que no está exento de reflexiones que a más de alguno inquietarán. Al final, la sentencia es conocida, pero no está de más que nos la recuerden: en cuestiones de amor, nadie está nunca satisfecho.

– Bernardo Esquinca

Shine a Light, de Martin Scorsese

Hay que aclarar: Shine a Light es un concierto filmado –y no un documental– de los Rolling Stones. Esto puede evitar decepciones a quien espere de Martin Scorsese un trabajo similar al extraordinario No Direction Home, sobre la vida y obra de Bob Dylan. Se trata, además, de un trabajado encargado por los propios Stones; algo que podría explicar que Scorsese se haya limitado a filmar lo que pasaba en el escenario, y no mostrara otros aspectos (tal vez más conflictivos) de la relación entre los integrantes del grupo. Nada de esto le quita interés. Scorsese ha declarado que debe a los Stones el ímpetu y la visión detrás de sus primeras películas; su forma de rendir homenaje a esa vitalidad es logrando que Shine a Light sea todo un testimonio de la energía física, casi sobrenatural, de Mick Jagger.

– Fernanda Solórzano

Tres días, de F. Javier Gutiérrez

Los directores españoles siguen manteniendo su buena reputación dentro del cine fantástico y de terror. A las recientes Los abandonados, El orfanato y Rec, se suma esta sencilla producción, que nos recuerda que el buen cine de género se logra con atmósferas y no necesariamente con pirotecnia y efectos especiales carísimos. Todo sucede en un pequeño pueblo, tras conocerse la noticia de que un meteorito caerá y terminará con la vida en la Tierra. Una madre, sin embargo, decide proteger a sus nietos de una amenaza más apremiante: un asesino de niños que, tras la fuga de varios reos de una prisión cercana, regresará a cobrar venganza por un asunto del pasado. La moraleja viene bien en estos tiempos aciagos y apocalípticos: no importa que el fin del mundo sea inminente: the show must go on.

– Bernardo Esquinca

El puente, de Eric Steel

El puente Golden Gate, en San Francisco, es la estructura más favorecida por los suicidas en el mundo. Movido por este dato, el director Eric Steel reunió a un grupo de trabajo, y colocó cámaras que, a la distancia, abarcaban la totalidad del puente. Durante un año, Steel y su gente se dedicaron a filmar saltos. El resultado es el documental El puente, que muestra buena parte de los más de veinticuatro saltos registrados en 2004, e incluye entrevistas con familiares y amigos de los sujetos filmados. Más que el espectáculo de la muerte, lo inquietante de El puente es el contraste entre el acto suicida y la meticulosa planificación del salto. Nunca exhibido en México, ahora circula en edición DVD, e incluye entrevistas con el equipo de filmación. Sus testimonios y reflexiones son tan perturbadores como el propio documental.

– Fernanda Solórzano

Australia, de Baz Luhrmann

El director australiano Baz Luhrmann, ya se sabe, es kitsch y cursi. Aun así, hace buenas películas en las que plasma, en un formato “pop”, su particular visión del cine y las relaciones amorosas. Prueba de ello son Romeo + Julieta y Moulin Rouge! Tras siete años de ausencia regresa con una superproducción, protagonizada por Nicole Kidman y Hugh Jackman –sus paisanos más famosos–, en la que a todas luces va tras el Oscar que hasta ahora se le ha negado. La película, sobre una aristócrata inglesa que hereda un rancho en la tierra de los canguros y se enfrenta a la vida rural, es entretenida, aunque la parte melodramática llega a cansar, sobre todo cuando la historia se mezcla con la adopción de un niño aborigen. Jackman hace buena contraparte como el forajido que se roba el corazón de Kidman.

– Bernardo Esquinca