Cultura y disparidad: el espejo de Virginia Woolf | Letras Libres
artículo no publicado

Cultura y disparidad: el espejo de Virginia Woolf

En esta segunda entrega de la serie, una lista de autoras de magníficas novelas policiacas. 

Fue Virginia Woolf quien escribió, en otras palabras, que las mujeres han sido el espejo en que los hombres pueden verse al doble de su tamaño. No se trata pues que sean más grandes, sino únicamente una cuestión de percepción. Pienso en eso mientras repaso los libreros en busca de títulos escritos por mujeres. Creí que sería sencillo: apilar 12 libros de escritoras que quisiera leer o releer en el transcurso de un año. Nada extremo, uno por mes. Me doy cuenta, con esta revisión, de la pertinencia de #readwomen2014. También he sido, sin querer, una lectora sexista.

Soy asidua al género policiaco en todas sus vertientes y derivaciones hasta llegar a la novela negra, tal vez con eso podría justificar que mi librero sea un mundo habitado por hombres y que algunos de ellos ocupen espacios francamente amplios, en contraste con la limitada presencia de las escritoras; pero me parece más honesto reconocer, retomando la idea de Virginia Woolf, que hasta ahora he sido parte del espejo en el que la imagen de la literatura masculina se agranda, dejando poco espacio para que lo que escriben las mujeres pueda verse.

Mi #readwomen2014 es para recordarme lo buenas que son las novelistas que abordan este género, y la injusticia que he cometido contra mí como lectora por no haberlas buscado con más ahínco.

1.       El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie, una historia en donde todos son sospechosos y el final es impredecible.

2.       Veneno Mortal de Dorothy L. Sayers, porque el detective se enamora de una escritora de asesinatos acusada de homicidio.

3.       La hija del tiempo de Josephine Tey, porque el investigador busca probar que los malos, en este caso Ricardo III, no siempre son tan malos como los pintan.

4.       El tigre en la niebla de Margery Allingham, por la detallada construcción de las atmósferas.

5.       La muerte baja en ascensor de María Angélica Bosco, porque la búsqueda del asesino es un pretexto para asomarse al mundo de las relaciones humanas.

6.       Más allá hay monstruos de Margaret Millar porque nos hace preguntarnos si vale la pena cruzar los limites de lo conocido para conocer verdades que no siempre son agradables.

7.       Extraños en un tren de Patricia Highsmith, porque busca demostrar una premisa: Cualquiera es capaz de asesinar si se ve obligado por las circunstancias.

8.       Un juicio de piedra de Ruth Rendell, por la elaboración psicológica del personaje central a partir del analfabetismo como causa de su capacidad para la violencia.

9.       Mensajeros de la oscuridad de Alicia Giménez Bartlett porque reflexiona sobre las religiones y su utilidad –o inutilidad– para el ser humano.

10.    La muerte me da de Cristina Rivera Garza, por el juego de intertextualidad y metaficción que logra la autora sin descuidar el relato de la investigación.

11.    Perra Brava de Orfa Alarcón porque trata el papel de la mujer en el mundo de la violencia.

12.     Falsa Liebre de Fernanda Melchor porque no ignora que detrás de la violencia social está la violencia íntima, la que no llega a los noticiarios.