Cultura y disparidad: Alfabetos | Letras Libres
artículo no publicado

Cultura y disparidad: Alfabetos

Con esta entrega termina la serie dedicada explorar la disparidad y la literatura. 

La boca de felino de Marianne Moore, sus largos poemas de harina fría, pedazos de palmera y blandos arrecifes;

Las arañas empecinadas en sustancias bizarras de Clarice Lispector, la tibia descripción y la espesura de sus jardines botánicos;

Las cajas superpuestas en extrañas palabras anochecidas de Elizabeth Bishop y el pico del iceberg sobre aguas que se disuelven en la página;

Los muros derruidos cubiertos de pájaros hostiles de Andrée Chedid en la punta apenas de una cucharadita de té;

La suelta carcajada verde y las chuletas chamuscadas (que me contó Gerardo) de Wislawa Szymborzka y que me hacen olfatear una nueva música;

Los indecibles parajes advertidos por la luz de un día distinto de Elsa Cross en mares de una última gota;

La grave lentitud en letras frías de Lyn Hejinian y su vaivén de rostro pleno y seco;

Los botes de basura y la velocidad de bala de Marina Tsvietáieva;

El barro y las cáscaras de la memoria de Blanca Varela;

Las migraciones insistentemente únicas como gesto de caracol de pasto de Gloria Gervitz;

Las piedras erosionadas y la voz cavernosa de Olga Orozco;

La flama en ese cristal que penetra del otro lado siempre de Coral Bracho;

La desesperación en el filo de la razón de Alejandra Pizarnik;

La sensación de ver el cielo abierto y de cruzar los puentes como funambulista de Lygia Bojunga;

La realidad como si fuera una fruta mordida en las historias de Christine Nöstlinger;

Y la razón y la noche, y el tiempo a fondo y galopante como hilo líquido en las pesadillas de sor Juana;

Y los números y la imaginación del planisferio de Hipatia, la de Alejandría, y su astrolabio de duro silencio;

Y las sustancias de yema y lodo, de fuerza y pólvora de Marie Curie y su gramo de cloruro de radio.