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Cultura amiga

El 15 de mayo de 2010 se inauguró, con 54 países participantes, la segunda edición de la Feria de las Culturas Amigas de la Ciudad de México. De acuerdo con los organizadores (GDF, Coordinación General de Relaciones Internacionales del GDF, Secretaría de Cultura-DF y la Secretaría de Turismo-DF) con esta feria se pretende fomentar el “intercambio turístico, cultural y comercial de 54 países hermanados a través de la cultura con la Ciudad de México”.

Pues bien, curiosa por conocer las culturas amigas del Distrito Federal el 22 de mayo recorrí los casi mil 500 metros de banquetas de Paseo de la Reforma (de Lieja al Ángel de la Independencia) en donde se ubicaron más de 80 carpas. Durante mi recorrido debo decir que el “intercambio turístico, cultural y comercial” fue tan enriquecedor como lo es una visita al duty free del aeropuerto internacional del país de referencia. Por ejemplo:

De Alemania, de acuerdo con lo que se exhibía en su stand, uno podía comprobar que la cerveza de papa jamás será mejor que una kölsc o una schwarzbier; descubrir lo que parece ser un negocio alemán a la alza: la producción de tazas de cerámica para tu Oma, Opa, Mutter o Vater; hacer tus compras preparatorias para el Octoberfest y, por supuesto, aprender a decir: Noch eins, bitte!

Si uno no supiera ni jota de Chile, Uruguay y Argentina una visita a sus stands permitiría suponer, por la enorme promoción que le hacían al mate y al choripan, que seguro una parte importantísima del PIB la obtienen gracias a estos dos productos.

De Cuba, uno saca en claro que “¡la trova no ha muerto!” y que Cuba es el lugar en el que uno debe pensar cuando quiera comparar bongós (exhibidos en su primer stand) y... ¡bongós! (exhibidos también en su segundo stand).

Pero, independientemente de la pertinencia de montar 54 duty free sobre Reforma, me sorprendió muchísimo enterarme de que Arabia Saudita es una de esas culturas con la que aparentemente los capitalinos estamos hermanados. Caminando hacia su stand pensaba en qué tipo de intercambios pensaba el DF fomentar con este país de la península arábiga: ¿Intercambios turísticos? ¡Imposible! Arabia Saudita no emite visas para turistas, o por lo menos no para turistas mexicanos; ¿intercambios culturales? No lo sé ¿apreciamos su encantador trato hacia las mujeres? (En Arabia Saudita las mujeres deben solicitar el permiso de un tutor varón para poder trabajar, viajar, estudiar, casarse, tener acceso a la atención de la salud o a cualquier servicio público); ¿la manera en que reprenden a sus niños? (Amnistía Internacional reportó que en 2009 habían sido ejecutados 69 menores de 18 años) o ¿su eficaz manera de perseguir minorías religiosas? (Denied Dignity: Systematic Discrimination and Hostility toward Saudi Shia Citizens, un informe de Human Rights Watch).

Barajeaba yo esas posibilidades cuando, a dos pasos de su carpa, descubrí el intercambio hermano, el lazo de “solidaridad internacional” que nos une: ¡Dátiles! En un enorme portafolio negro, abierto de par en par, una montaña de dátiles era obsequiada a curiosos y glotones. ¡Que se sigan violando derechos humanos en Arabia Saudita, esos suculentos dátiles bastan y sobran para hablar de la mutua solidaridad internacional!

- Cynthia Ramírez