¡Cuba libre! | Letras Libres
artículo no publicado

¡Cuba libre!

19 de septiembre de 2003
      
     Hoy se cumple medio año desde que el régimen de Fidel Castro encarcelara a 75 representantes de la oposición. En las celdas se encuentran más de cuarenta coordinadores del Proyecto Varela, más de veinte periodistas, y también representantes de distintos movimientos prodemocráticos. Todos ellos han sido castigados, en procesos que fueron una mera puesta en escena, a condenas que van de seis a veintiocho años de prisión, y sólo por haber tenido la osadía de expresar una opinión que discrepa de la oficial.
     A pesar de ello, la voz de los cubanos que piensan con libertad sigue creciendo, y es una voz que se convierte precisamente en lo que Fidel Castro y su gobierno, con mucha razón, temen. Miles de cubanos han demostrado su valentía firmando el Proyecto Varela, a despecho de la omnipresente policía secreta y a pesar de la propaganda oficial. El Proyecto Varela, que se apoya en la Constitución de Cuba, llama a convocar un referendo sobre la libertad de expresión y de asociación, y pide que se ponga en libertad a los presos políticos, que se permita la libre empresa y se convoque a elecciones libres. No obstante, y en el mejor de los casos, el régimen hace como si el Proyecto Varela y otras iniciativas no existieran, y en el peor de los casos las reprime.
     La última ola de confrontaciones, unida a diversos ataques antieuropeos por parte de la representación política de Cuba, no puede considerarse sino como manifestación de debilidad y desesperación. El régimen se está quedando sin aliento, tal como se quedaban sin él los gobernantes y funcionarios en los países de detrás de la Cortina de Hierro a fines de los años ochenta. La oposición interna va cobrando fuerza y no ha caído de rodillas ante la redada policial del pasado marzo. Los tiempos cambian, la Revolución y sus líderes envejecen y el régimen sufre cierto nerviosismo. Fidel Castro es muy consciente de que, un buen día, la Revolución morirá con él.
     Nadie sabe con precisión lo que sucederá después. Sin embargo, cuanto más claro quede en Bruselas, Washington, México, entre los exiliados y entre los ciudadanos cubanos, que la libertad, la democracia y la prosperidad de Cuba dependen del apoyo que se otorgue a la disidencia en Cuba, tanto mayor será la oportunidad para la futura transición pacífica de la sociedad cubana a la democracia.
     El mundo democrático tiene la obligación de apoyar a los representantes de la oposición en la isla, independientemente del tiempo que los estalinistas cubanos duren en el poder. La oposición cubana debe experimentar el mismo apoyo que recibían los representantes de la disidencia política en la Europa dividida hasta hace poco. Las reacciones de condena y las medidas diplomáticas concretas procedentes de Europa, Iberoamérica y Estados Unidos podrían ser una manera idónea de presión contra el régimen represivo de La Habana.
     No puede afirmarse que el embargo estadounidense contra Cuba haya dado el fruto apetecido. Tampoco se puede decir lo mismo de la política europea, que hasta la fecha se ha manifestado cada vez más alerta con respecto al régimen de Cuba. Es preciso dejar de lado las discrepancias transatlánticas relativas al bloqueo de Cuba, y centrarse en el apoyo directo a los disidentes cubanos y a los presos de conciencia y sus familiares. Europa debería manifestar claramente que Fidel Castro es un dictador, y que una dictadura no puede ser el interlocutor de países democráticos mientras no emprenda un proceso de distensión política.
     Al mismo tiempo, los países europeos deberían crear el "Fondo democrático cubano" en apoyo a la emergente sociedad civil de Cuba. Dicho Fondo estaría listo para emplearse de inmediato en caso de cambios políticos en la isla.
     La reciente experiencia europea de transición pacífica de la dictadura a la democracia, ya se trate del anterior ejemplo de España o posteriormente en los países de la Europa Central, ha servido de inspiración a la oposición cubana. Precisamente por eso, Europa, remitiéndose a sus propias experiencias, no debería vacilar en este momento. Europa está obligada a actuar a causa de su propia historia. -
      
     — Václav Havel, Lech Walesa, Árpád Göncz,
     ex presidentes de la República Checa, Polonia y Hungría
      
      
     La Habana, 31 de octubre del 2003

Señor Václav Havel,
     Ex presidente de la República Checa.

Estimado amigo:
     Recuerdo con mucha emoción los cortos días que pasé en Praga durante el viaje que hice cuando fui a recibir el Premio Sajarov. Recuerdo el encuentro que ambos tuvimos y la conversación, toda sobre Cuba. Por aquellos días, según me decían, usted estaba muy preocupado, ya que el proceso de elección de un nuevo presidente checo se dilataba. Entre muchos contrastes, para mí ése era otro: un presidente que está preocupado porque no puede dejar el cargo, ya que los que deben elegir no se han puesto de acuerdo para nombrarle relevo. Sin embargo en mi país, como en todos los países que han sido dominados por el comunismo, esos cargos parecen ser vitalicios y la "democracia socialista" siempre garantiza la reelección por unanimidad. Como usted ve, la democracia real tiene "complicaciones", como son las elecciones libres y la existencia de varios candidatos, que el socialismo real supera. En Cuba no hay esos problemas. La Ley Electoral establece un solo candidato por cada plaza de diputado, que además es propuesto como candidato por comisiones de candidatura que están formadas por "organizaciones de masas". Pero lo más llamativo es que el elector sólo tiene oportunidad de votar positivamente, ya que si no, su voto no vale. Al final son contados esos votos positivos, y sepa usted que siempre salen "electos" todos los candidatos únicos, que después siempre eligen a la misma persona como presidente del Consejo de Estado. Creo que en Corea del Norte, como en la antigua Albania, hay un sistema parecido, mucho menos complicado que el que los checos y eslovacos asumieron después de noviembre de 1989.
     No olvido tampoco a los amigos checos que me acogieron, ni al cardenal Vlk y al obispo auxiliar Maly. Ambos, durante la época del comunismo, fueron discriminados por no ser simpáticos para el régimen. Después el obispo Maly, quien fue compañero de usted desde la época de aquella luminosa "Carta de los 77", vino de visita a Cuba. Vino para traer aliento a los familiares de "Los Prisioneros de la Primavera de Cuba", que están en la cárcel desde marzo de este año. Aquí pudo revivir, en su propia carne, sus tiempos de sacerdote excluido por ser solidario con los perseguidos.
     A mis amigos de Praga yo les decía, durante mi corta estancia allí, que esta experiencia era como viajar en la máquina deltiempo. Fue así para mí, que aún vivo en el ambiente de la cultura del miedo que genera el régimen comunista en toda la sociedad, cuando encontré a los pueblos como el checo y el eslovaco, que sufrieron esa experiencia y ahora son libres. Es viajar hacia el futuro y tener la demostración de que la liberación es posible. Con esto no quiero decir que queremos copiar el modelo checo de transición, pero sí que nos inspira su fe y su determinación.
     Para el obispo Maly, mi amigo, su viaje en la máquina del tiempo fue en sentido contrario: hacia el pasado, desde la libertad hacia el mundo del totalitarismo, de la esclavitud. Pero no vino para hacer turismo, ni con el morboso deseo de sentirse superior aquí, donde los cubanos son discriminados y humillados en su propia tierra, y los extranjeros son privilegiados. No vino a divertirse abusando de las desventajas de un pueblo que vive bajo un régimen de No Derecho.
     Siempre pensamos que la liberación de los pueblos de Europa que estaban sometidos por el comunismo, incluyendo el pueblo ruso, traería un movimiento de solidaridad hacia Cuba y de comprensión de nuestra realidad. Pero muchos parecen haber perdido la memoria o haberse sumergido rápidamente en la libertad de mercado, y no tuvieron o no tienen el tiempo para su hermano en desgracia, el pueblo cubano. Por eso valoro tanto a esos checos, eslovacos, húngaros, polacos y otros con buena memoria y corazón generoso que nos han acompañado solidariamente desde hace años. Nadie como ustedes puede conocer nuestra realidad e interpretarla, porque la vivieron. Son una gran ayuda para que Europa y el mundo comprendan la realidad cubana. Agradezco mucho la carta que el 19 de septiembre divulgaron usted, el ex presidente polaco Lech Walesa y el ex presidente húngaro Árpád Göncz, reclamando la liberación de nuestros hermanos los "Prisioneros de la Primavera de Cuba" y apoyando la campaña cívica del Proyecto Varela. Creo positiva su iniciativa de proponer el "Fondo democrático cubano", ya que esa ayuda será muy útil para el pueblo cubano en la etapa de la transición. Pero a esa etapa llegaremos mediante este movimiento cívico pacífico que ya comenzó. Es un movimiento integrado por miles de cubanos que luchan en medio de la discriminación, la persecución, el acoso de sus familias, la pobreza y la falta de recursos para su trabajo pacífico. Es un movimiento que necesita ayuda ahora, pero hay muchos prejuicios que, sumados a las presiones y la propaganda difamatoria del régimen, logran que las iniciativas de ayuda al movimiento cívico cubano sean muy escasas y reducidas. Aunque de todas maneras continuaremos la lucha con los principales recursos: la fe, el amor por el pueblo y la determinación de lograr la liberación.
     Volvamos al tema de la transición. En primer lugar, en el contexto latinoamericano, este término puede interpretarse como el camino hacia modelos que de nada han servido a algunos pueblos, sino para aumentar la pobreza de las mayorías, la corrupción y para hacer dudar a muchos de la autenticidad de la democracia, al menos cuando es sólo formal. Ésa no es nuestra meta. Por otra parte, la propaganda oficial y su sistema de desinformación sistemática, después de caído su mito del indestructible imperio soviético, se ha tenido que conformar, no sin cierta eficacia, con asustar al pueblo cubano. Lo asusta con una imagen de caos y miseria que, supuestamente, ha producido la transición en toda la Europa ex dominada por el comunismo (aclaro porque nunca hubo una Europa comunista, como no hay una Cuba comunista). Creo que la trampa pudo haber confundido a muchos.
     Me explico: el comunismo es un régimen de exclusión; esto no es teoría, es la vivencia de décadas, demostrado desde el nacimiento, vida y muerte de este régimen. Al terminar, deja a la mayoría desposeída, sin propiedades, sin dinero, sin recursos, sin sindicatos, sin partidos, sin organizaciones que los defiendan. Deja un sistema jurídico antiderecho y torcido, anula la cultura del trabajo, institucionaliza la corrupción, al final convierte la economía en un sistema híbrido de campamento colectivizado y capitalismo salvaje: ése es el "comunismo salvaje". Sería muy larga la descripción. Pero también en la Europa ex dominada dejó, en cada país, un reducido grupo de grandes capitalistas que hasta el día anterior eran grandes dirigentes o personajes de mucho poder. Son entonces los nuevos más ricos, que hasta entonces eran los únicos ricos, porque en el comunismo todo es único. Un partido único, una doctrina única, una opinión única, un sindicato único, un gobernante único, y de paso se convierten en los únicos ricos. En Cuba, éstos, mientras dicen al pueblo "socialismo o muerte", ya son también los únicos capitalistas, los futuros grandes empresarios. Parte del tema sería hablar de las consecuencias del genocidio cultural y humano del imperio soviético, que desfiguró sociedades enteras y que hoy día pagan con mucho dolor y hasta sangre de pueblos y países enteros. Pero de esto se habla poco o se prefiere no hablar: todavía tiene gran inercia o presencia la dictadura de la mentira.
     La trampa está en presentar lo que es el fruto destructivo y aberrante del comunismo, y sus secuelas inerciales, como males de las democracias nacientes. Es como decir al esclavo: "Mira las consecuencias de tu liberación: mejor te quedas como estás."
     En primer lugar, mi interpretación de la transición en la Europa ex dominada está muy lejos de la imagen que da la propaganda oficial del régimen. Pero también creo que existe, al final del comunismo, el peligro de que algunos se conformen con decir a la muchedumbre de los antiguos esclavos: llegó la economía de mercado, tú también puedes ser empresario.
     Tal cosa se convierte en una ironía, porque los cubanos (para aterrizar en Cuba), la mayoría, ni tienen dinero, ni propiedades, ni recursos, ni entrenamiento, ni nada: no tenemos nada. Los nuevos empresarios sólo podrían ser los más ricos de ahora, los únicos que ahora tienen y pueden tener. Y así se consagraría entonces, bajo la "economía de mercado", la nueva forma de opresión donde la mayoría, ahora marginada, quedaría en situación semejante. Con esto no quiero decir que los cambios, en Cuba, no serán una prolongación de la desventaja de la mayoría, porque no se puede construir la nueva sociedad sobre las bases de esas desventajas. Y en el totalitarismo la desventaja de la mayoría es total. Por eso, aunque no rechazamos el concepto de transición, recordamos que el proceso que los cubanos hemos puesto en marcha es de liberación. En esto somos radicales. Radicalmente pacíficos, porque no aceptamos la violencia como recurso para los cambios, porque no nos motiva el odio, sino el amor a todos nuestros hermanos cubanos. Esta etapa de la historia cubana, que está terminando, ha sido muy compleja humanamente hablando, y otra secuela de este régimen sería seguir enfrentando a los cubanos unos a otros por lo que ha ocurrido hasta ahora. Así seguiríamos sometidos al odio y las injusticias que sembró el totalitarismo. El perdón y la reconciliación son esenciales en este proceso de liberación, por lo que se comprende que la vía pacífica para nosotros no es un simple método, sino una meta. Superar la violencia, el odio y la ofensa para siempre. Creemos firmemente que es posible, ya que este sentimiento está vivo en la mayoría de los cubanos. Aun los que forman parte del poder están atrapados en un sistema que no les respeta sus propios derechos, aunque les da privilegios.
     Sigo pensando en Chekia. Ustedes lograron cambios, lograron la liberación, lo han hecho y lo hacen a su manera, que es muy importante.
     En Cuba también lo haremos, ya lo estamos haciendo, entre cubanos, entre todos, los que vivimos dentro y los que viven en el destierro, que son parte inseparable de nuestro pueblo.
     El Proyecto Varela es ya un movimiento ciudadano por los cambios pacíficos. Se realiza con el valor de aquellos que dan un paso de liberación personal y vencen el miedo, pero también es un paso de solidaridad con su propio pueblo, ya que exigen los derechos para todos. Ahí está el fundamento del cambio que buscamos, en la participación de los ciudadanos en la vida política, económica y cultural del país como personas libres. Ése es el primer paso que busca el Proyecto Varela. Pero no es el único, ya que debemos preparar la transición para Cuba y ya lo estamos haciendo. Ésta será la transición hacia la democracia, la justicia social, el desarrollo y la paz. Por eso, por encima de cualquier modelo estará la persona, la familia y la comunidad.
     La pobreza y las diferencias en Cuba son fruto de la falta de derechos. Por tanto, este proceso de transición liberará todas las potencialidades creativas y laboriosas de los cubanos. La libertad económica implica el derecho a tener empresas, negocios y a contratarse libremente. Pero, como trataba de explicar, este derecho no será posible de ejercer si no hay un proceso de democratización de la economía, que implica oportunidades y posibilidades para todos. En esta etapa, lejos de privatizar los servicios básicos de salud, educación y otros, tenemos el propósito de hacerlos más eficientes. Que los ciudadanos los reciban gratuitamente, como un derecho y no como una concesión de los que gobiernan, que hasta ahora exigen incondicionalidad política a los ciudadanos a costa de esos servicios. Lo que no dicen es que esos servicios se sostienen con el trabajo y los aportes de los propios ciudadanos.
     Creo que en Cuba existe un consenso de que la transición debe abrir las puertas para los cubanos, ahora excluidos de la libertad económica, y al mismo tiempo mantener, ampliar y hacer verdaderamente eficientes los servicios sociales gratuitos. Esto es un desafío para nuestra sociedad, pero estamos seguros de que los cubanos, como hombres y mujeres libres, haremos realidad una transición y un futuro donde la democracia, la justicia social y el ejercicio de todos los derechos sean una realidad.
     Los cubanos nunca escogimos este régimen sin derechos. Los Prisioneros de la Primavera de Cuba están cumpliendo condenas hasta de veintiséis años por defender pacíficamente los derechos de todos los cubanos. La mayoría son miembros de los Comités Ciudadanos del Proyecto Varela. Otros son periodistas independientes y líderes de agrupaciones cívicas. Están encerrados en jaulas de 1.6 metros de ancho por tres metros de largo, muchos con puertas tapiadas, llenos de insectos y ratas, con raciones de comidas propias de campo de concentración, con visitas sólo cada tres meses y recibiendo humillaciones frecuentes. Sin embargo este régimen de aniquilamiento no ha quebrado su fe, y desde las prisiones nos iluminan con sus palabras de aliento. Esperamos que las voces por su liberación se levanten en todo el mundo. Esos Prisioneros de la Primavera de Cuba son el testimonio "del poder de los sin poder".
     Yo sé que usted comprende muy bien el momento de peligro y esperanza que vivimos los cubanos. Ahora el pueblo cubano necesita de la solidaridad con esta campaña cívica por los cambios pacíficos que se ha concretado en el Proyecto Varela, y que continúa extendiéndose en medio de la represión que ya no es capaz de paralizarnos.
     Querido amigo Václav, quiero que transmita nuestro saludo solidario al pueblo checo, y nuestra gratitud a todos los amigos que apoyan con sus voces y trabajo nuestra lucha pacífica.
     Gracias por el apoyo que me dio en su propuesta para el Premio Nobel: muchos cubanos lo acogieron como un apoyo a la causa de la libertad en Cuba, que es también la de la paz.
     Reciba mi abrazo fraternal,
     — Oswaldo José Payá Sardiñas
     17 de noviembre del 2003

Estimado amigo:
     Me ha agradado mucho leer su carta, en la cual he encontrado percepciones que me son tan familiares.
     Por estos días yo también viajo en la "máquina del tiempo", a la que se refiere en su carta. Pero sin duda tengo la ventaja de que hoy lo hago solamente en la memoria y con mis pensamientos. Resulta que su carta me llegó poco antes del 17 de noviembre, día en que checos y eslovacos recordamos, entre otras cosas, los inicios de la caída del totalitarismo comunista. Este aniversario es siempre una oportunidad para detenerse a pensar más a fondo sobre las vivencias de aquellos días y reflexionar sobre lo que conseguimos y lo que no.
     Hace poco una periodista checa me preguntó por qué me intereso tanto por Cuba precisamente, y no, por ejemplo, por Corea del Norte. Le respondí que siento una conexión más profunda con Cuba: tuve la oportunidad de encontrarme con usted, así como con otros activistas de la oposición; mis ideas son bien conocidas en Cuba, porque la mayoría de mis obras han sido traducidas al español, y sé que son enviadas a Cuba, donde son impresas por publicaciones samizdat. Sin embargo, la razón principal de mi interés por Cuba radica en que, entre los regímenes totalitarios actuales, el cubano es el que más se asemeja a mis experiencias. Existen muchos paralelos, y el nivel de deterioro se acerca mucho a la fase final del régimen en nuestro país.
     Mis amigos de la disidencia y yo tenemos un sinnúmero de experiencias que, Dios mediante, somos capaces de ofrecerles, y en algunos aspectos incluso de asesorarlos para no cometer nuestros mismos errores. A pesar de que el camino de los cubanos hacia la democracia es y será único, dadas sus condiciones particulares, algunos pasos y modelos de comportamiento se repetirán, con férrea regularidad, durante cada cambio de régimen, en cualquier parte del mundo. En este contexto me permito hacerle algunas observaciones, y a la vez dividir el tiempo así: la actual fase terminal de la era totalitaria, el momento de la entrega del poder y, finalmente, la formación de una sociedad democrática. Cada una de estas etapas requiere una atención especial, y aunque estará caracterizada por un común denominador moral, en cada una de ellas el proceder práctico será diferente.
     Permítame referirme en esta carta a la primera etapa, es decir, a la fase terminal de la era totalitaria del régimen comunista.
     El fin del totalitarismo en la antigua Checoslovaquia estuvo caracterizado por un enorme nerviosismo de parte del régimen. Los que, hasta poco tiempo antes, pensaban que se mantendrían en sus cargos eternamente comenzaron a tambalearse. Algunos de ellos ya intuían que sería necesario contar, si no con su supervivencia política, al menos con que se les debía asegurar garantías en caso de cambios sociales. Aquel puñado de disidentes, hasta hacía poco blanco de burlas, comenzó a ser tomado en serio cuando cada vez más ciudadanos comenzaron a simpatizar con ellos. Hasta el régimen totalitario dejó de aparentar que se trataba de un mero grupo de individuos fanáticos, manipulados por servicios de inteligencia extranjeros, y dos años antes de su desmoronamiento se vio obligado a intervenir violentamente en las manifestaciones contra un número cada vez mayor de ciudadanos.

Martín Kovensky

Por primera vez después de veinte años, los ciudadanos de Checoslovaquia veían en las calles carros policiales blindados y grupos antimotines armados hasta los dientes. En esos momentos todos se daban cuenta de la realidad totalitaria. Durante un tiempo, la propaganda mediática logró mantener encubierto todo. Las primeras manifestaciones se concentraron principalmente en la capital; no obstante, el ánimo de los ciudadanos se radicalizó y su confianza en sí mismos creció. El régimen reaccionó con diversas prohibiciones, que condujeron a mis conciudadanos a dar pasos cada vez más osados. Recuerdo, por ejemplo, lo importante que fue la decisión de muchos artistas de este país —entre ellos la mundialmente conocida Orquesta Filarmónica Checa— de negarse a aparecer en los medios de comunicación nacionales, en caso de que no se cediese espacio a personas con diferentes opiniones políticas. Pocos meses antes de la caída del régimen (algo que entonces, por supuesto, ni imaginábamos), redactamos la declaración "Unas cuantas frases", donde exhortamos a la cúpula del poder a iniciar un diálogo con la oposición. Decenas de miles de personas ni dudaron en firmar. Recuerdo también el importantísimo papel que desempeñó el redactor en jefe de La voz de Estados Unidos de América, amigo mío además, quien diariamente, en las transmisiones para Checoslovaquia, divulgaba los nombres de más y más figuras públicamente conocidas que habían firmado ese documento.
     El régimen fácilmente solucionó el problema enviando a prisión a ese puñado de disidentes, pero se mostró notoriamente sorprendido cuando surgieron todavía más opositores protestando en público. Hasta ese momento había tolerado el pronunciamiento de opiniones diferentes en privado, pero públicamente no aceptaba oposición alguna. Sin embargo, debido a la nueva situación, más y más ciudadanos perdieron el miedo a salir del anonimato. El régimen, ya en apuros, reaccionaba como era costumbre: prohibiendo la disidencia y tratándola como un delito. La confianza que la ciudadanía concibió en sí misma creció, y la hasta entonces oculta confrontación se hizo presente por doquier. A ello se sumó un conflicto generacional: los hijos se opusieron al mundo vacuo del discurso de sus padres.
     El proceder del régimen totalitario se ha descrito muchas veces; incluso yo he intentado hacerlo. Quiero recordar estos hechos conocidos sólo porque a la actualidad cubana —con todas sus manifestaciones propias, y a pesar de lo específicas que éstas sean— la veo precisamente en ese período. El Proyecto Varela, que usted personifica, está inspirado en nuestra "Carta de los 77". Aunque en los inicios se haya tratado de un mero grupo de opositores, recientemente ha cobrado mucha fuerza. Con agrado recibí la noticia de que, algunas semanas atrás, presentó más de catorce mil nuevas firmas pidiendo al régimen el respeto de los derechos civiles estipulados en la Constitución. Se trata de una notable cosecha de sus actividades. El régimen totalitario, como es sabido, se caracteriza por una absoluta falta de respeto a toda ley, y por enfurecerse de que se le exija el cumplimiento de normas promulgadas, además, por él mismo.
     ¿Qué se puede hacer en una situación así?
     Según mi opinión y experiencia, en este período es importante la solidaridad internacional. La debe expresar cada país libremente organizado, al igual que cada individuo. Las naciones democráticas deberían condicionar sus contactos con la elite gobernante a la liberación de los presos de conciencia, y generar las condiciones para iniciar una discusión libre, en toda la sociedad. Las naciones democráticas deberían considerar como interlocutor a todo el que piense de manera democrática, independientemente de si desempeña algún cargo político o no. En este terreno, tengo muchas expectativas en la fundación del Comité Internacional para la Democracia en Cuba. Según entiendo, los preparativos para su primera sesión están en marcha. Por otro lado, debe existir también la solidaridad económica, por esa razón hace tiempo propuse la creación del "Fondo Cubano" para el apoyo de familias perjudicadas por la represión, y en pro de otras actividades de la oposición democrática. Estoy firmemente convencido de que la Unión Europea, en primer lugar, se unificará a la hora de adoptar procedimientos dirigidos al apoyo práctico de los demócratas cubanos. Supongo que no necesito convencerlos de que haré todo lo que esté a mi alcance para devolverles la mano a esos demócratas que, tanto a mí como a mis amigos, durante años y de diversas formas nos ofrecieron, o la manera con que expresaron su solidaridad en sus visitas a la entonces Checoslovaquia.
     Quisiera hacerle una observación sobre una de mis percepciones: a pesar de que como disidentes tengan los máximos méritos, aunque sean valientes y respetables, aunque permanezcan en prisión varios años, a pesar de todo aquello, les puede ocurrir que, ante la mirada de los políticos prácticos del mundo democrático, surja la sospecha de que ustedes son un mero grupo de quejumbrosos, de plañideros eternos, locos inofensivos, que permanentemente lloriquean. Esta sospecha luego puede desembocar en una convicción: podemos apoyarlos de manera simbólica, pero desde el punto de vista de la política práctica, no es necesario confiar en ellos, no son ellos nuestros interlocutores correctos. Pero en lo opuesto está la verdad. Sobre eso hay que convencer a los políticos del mundo democrático, y a eso yo me dedico desde hace muchos años.
     Permítame hacerle aún algunos comentarios. Le pido que los tome como experiencias que hemos acumulado con harto esfuerzo. Usted y sus amigos seguro sabrán cómo hacer uso de ellas y decidir si son aplicables o no en el contexto cubano.
     Como usted sabe, la Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia, a nosotros, los disidentes, nos tomó por sorpresa. No estábamos en absoluto preparados para recibir el poder de manos del régimen, el cual se derrumbaría en cosa de semanas. Entonces, si debo enfatizar algo, debería ser lo siguiente:
     ¡Todo demócrata y opositor al régimen totalitario debería actuar como si el poder fuera a ser entregado mañana!
     A nosotros nos tomó por sorpresa la rapidez con la que el exhausto sistema comunista se colapsó, y nosotros no estábamos preparados para una inmediata toma del poder. Por eso nos vimos obligados a tomar las decisiones más esenciales bajo la presión de las circunstancias, en cuestión de días, a veces de horas. Pero precisamente los primeros instantes de la entrega del poder fueron los más importantes. Entonces se decidía el destino de un país por muchos años, y lo que no alcanzamos a hacer en los comienzos debimos recuperarlo más tarde con mayor dificultad. Nos topamos con que no teníamos preparado ningún gobierno en la sombra, nos topamos con que no habíamos seleccionado a personas capaces para presentarlos inmediatamente a la opinión pública como opción de reemplazo del antiguo parlamento incompetente. Quedó de manifiesto que no teníamos preparadas las bases legales para las nacientes estructuras democráticas, ni había garantías económicas para el país de cara a los meses venideros. A falta de semejantes reglas, quienes rápidamente tomaron ventaja fueron, precisamente, aquellos a los que usted menciona en su carta: aquellos para los que el régimen representa un telón tras el cual se ocultan sus propias ambiciones, zorros capaces de todo, con ventajas económicas amparadas en los cargos que hasta entonces habían ejercido. No menos importante resulta también considerar —de darse el caso— con cuál de los actuales políticos sería posible negociar la entrega del poder.
     Seguramente muchos cubanos ven la cercanía de Estados Unidos como una amenaza. Los medios de comunicación del régimen son muy activos en cuanto a la propaganda. No hay que temerle tanto a una potencia como ésa, siempre y cuando demuestre que es democrática; más bien hay que temerle al totalitarismo, ya sea cercano o lejano. Por supuesto, la suerte de gravitación natural respecto de una potencia como Estados Unidos siempre ejercerá gran influencia sobre los países vecinos más chicos. Pienso que, como ciudadano de un pequeño país centroeuropeo, puedo comprender bien estos temores. Pero lo principal es que los cubanos puedan decidir su futuro por sí mismos, y decidir con quién y bajo qué condiciones desean o no entrar en acción. Ésta no debe ser una decisión manipulada, sino una que tomen los propios cubanos, y ningún país tiene derecho de imponerles ni de impedirles nada.
     Estimado amigo, pienso que, no obstante todas las dificultades, vale la pena emprender este recorrido. Estoy firmemente convencido de que, a pesar de la propaganda ejercida por el Estado comunista, la mayoría de los cubanos están conscientes de que, hace catorce años, las naciones de la Europa Central tomaron la dirección correcta y que será bueno seguir su ejemplo.
     Atentamente,
     — Václav Havel

19 de enero de 2004

Sr. Václav Havel,
     Ex presidente de la República Checa.

Estimado amigo:
     Nuevamente recibo una carta suya y sus palabras me llevan a reflexiones profundas sobre los cambios, que para ustedes ya son una realidad y para nosotros un futuro inmediato.
     Ciertamente, estamos en la fase final de la era totalitaria en Cuba, pero sabemos que lo que hagamos ahora, es decir la forma en que logremos realizar los cambios, determinará el futuro de nuestra sociedad.
     Hay ciertos contrastes. Uno de éstos es que los cubanos saben que este es un régimen que no tiene futuro y del que ya no pueden esperar nada, pero aún muchos, ya no todos, se comportan como si fuese a durar muchos años más. Estas actitudes son fruto de la cultura del miedo instalada durante varias décadas, de la intolerancia que la acompaña y de la agresión verbal de los dirigentes y medios de comunicación contra todo lo que pueda insinuar cambio. La intención es inducir la parálisis, como la que se impone a los pasajeros de un avión secuestrado, cuya única perspectiva es el agotamiento del combustible para que entonces se estrelle.
     Las metáforas siempre son limitadas para representar realidades y no es leal tratar de tomarlas punto a punto, pero podemos decir, continuando con ésta, que tan inhumano es el secuestro como el final que éste propicia. Esta nave es nuestra casa y en ella navega por la vida nuestro pueblo, que es quien desde dentro debe dar y dará solución a este drama, de manera que no se pierdan ni los pasajeros, ni la tripulación y ni siquiera los secuestradores, que ya se han quedado atrapados en una situación que parece no tener salida.
     Sin embargo, hay salida, que es la entrada en una nueva era.
     La desesperanza es el otro factor de parálisis. Por eso, ahora que ya miles de cubanos firmaron el Proyecto Varela, donde se hace una petición de Referendo para lograr los derechos fundamentales, se da el primer paso sustancial para el cambio pacífico: ciudadanos que se liberan del miedo y sin ninguna máscara, identificándose totalmente, piden este referendo.
     Esto está sucediendo en medio de la situación que le describía más arriba. Ya la represión no paraliza a todos. Durante muchos años se había hecho creer a los cubanos que las únicas opciones eran emigrar o someterse, y también que este régimen era eterno, y funcionó el síndrome de la indefensión aprendida. Ahora, la mayoría de los que conocen el Proyecto Varela descubren dos verdades. La primera es que el cambio pacífico es posible y que la vida no tiene que acabarse con este régimen. La segunda es que los propios ciudadanos podemos ser los protagonistas de este cambio, que sí hay algo que hacer y que ya hay miles de cubanos que se atreven a dar su propio paso. Es el anuncio de la liberación. Por eso el gran esfuerzo del régimen es por impedir que los cubanos conozcan el Proyecto Varela y reprimir a los que lo promovemos.
     La represión, más que contra el cambio, es contra el cambio pacífico, porque el cambio se producirá seguro. Pero el cambio que buscamos es el que incluye la reconciliación entre cubanos, el cambio que puede dejar al pueblo en control de su destino, y con capacidad para poner en práctica un programa de democratización, desarrollo y justicia social. Todavía muchos, en otros países, no creen que en Cuba el pueblo sea capaz de superar por sí mismo esta situación, y entonces sólo dan la sentencia de que no se puede hacer nada mientras viva Fidel Castro, como si su muerte fuera la solución, y dejan fuera de toda posibilidad el protagonismo de los cubanos. La solidaridad internacional con nuestra campaña cívica por el referendo sobre el Proyecto Varela y el diálogo nacional debería crecer ahora. Conflictos armados en América Latina y otras regiones han terminado con el diálogo apoyado por organizaciones internacionales, por fundaciones, iglesias y por muchas personas de todo el mundo. Pero cuando se trata de Cuba, son muchos los condicionamientos, las miradas desde posiciones ideológicas, las lecturas desde un antinorteamericanismo que llega a justificar la complicidad con la opresión y los intereses políticos o económicos que impiden la solidaridad. No estamos pidiendo ni queremos ninguna intervención, estamos llamando a la solidaridad con el referendo y el diálogo nacional.
     ¿Acaso no sería igualmente noble y humanitario apoyar este diálogo para superar la opresión y evitar posibles enfrentamientos entre cubanos, que apoyar los diálogos para terminar enfrentamientos? ¿Qué en este caso el gobierno no quiere el diálogo dentro de Cuba? Es verdad, pero el pueblo sí lo quiere y por eso lo vamos a realizar; es más, ya comenzamos.
     Para mí y para todos los luchadores cubanos por la democracia es un privilegio tener un amigo como usted, que sabemos que comprende profundamente nuestra realidad y que es sensible a lo que le ocurre a los cubanos. Una vez más le agradezco su solidaridad y espero que alguna vez pueda venir a nuestro país, donde muchos lo respetamos y admiramos y donde su pensamiento ha ayudado a abrir horizontes nuevos a los que lo conocen.
     Un fuerte abrazo,
     — Oswaldo Payá Sardiñas

28 de marzo de 2004

Estimado amigo:
     Me ha alegrado mucho su carta, la cual he leído detenidamente en varias ocasiones. Resulta para mí una prueba de una profunda vivencia de la realidad cubana. Intentaré responder a ella y al mismo tiempo enlazarla con las ideas que pusieron fin a mi carta anterior. Le escribía que cada demócrata y opositor a un régimen totalitario debería actuar como si el poder se le fuera a entregar mañana. Créame, se trata de una experiencia adquirida duramente.
     No es posible ver desde fuera los movimientos intrínsecos de una sociedad manejada por un gobierno totalitario, ya que los dueños del poder fingen, no sólo ante sus ciudadanos, sino ante sí mismos, y ocultan la realidad. Por lo tanto, es difícil presagiar cuál podría ser la última gota en la copa de la paciencia de los cubanos. Sin embargo, es alentadora la existencia misma de una oposición bien estructurada, a pesar de que sufra persecución y humillaciones. Asimismo, el número de firmas entregadas del Proyecto Varela resulta muy esperanzador.
     En caso de que el régimen se sienta arrinconado, en unos pocos días cada centenar de partidarios de la oposición se convertirá en un millar. El momento y la rapidez en que el miedo social será superado estarán dados por las condiciones del momento: habiendo concordia entre los opositores, ¿hasta dónde será el régimen capaz de reprimirlos ante la atención de la comunidad internacional?
     Usted escribe que la represión actual no está orientada a evitar un cambio, cuya llegada en general se espera, sino que principalmente va en contra de un cambio pacífico. Entiendo entonces que la amenaza de una transición pacífica representa para el actual régimen la peor visión sobre el futuro. Y debo preguntarle: ¿Por qué? De acuerdo con lo que conozco sobre el comunismo, sucede así debido a que el sistema en su totalidad se sostiene sobre el concepto de la permanente amenaza, contra la cual es necesario mantenerse —también permanentemente— en estado de alerta. La sensación de amenaza externa les hace pensar a los gobernantes que tienen derecho a ese injustificable bagaje ideológico, lo que en una segunda fase mantiene ese sentimiento de amenaza. Este círculo vicioso permite manipular fácilmente la opinión de los ciudadanos. La idea de que algunos acontecimientos históricos puedan tener lugar fuera de los marcos de una revolución permanente, fuera de los marcos de ese sentimiento de amenaza, sería la negación de las bases sobre las cuales el actual régimen cubano se sostiene.
     Considero valioso el Proyecto Varela en primer lugar porque demuestra que el régimen miente, debido a que el Proyecto Varela se funda en la Constitución vigente. Cada vez a un mayor número de cubanos se les enseña que la única amenaza es la propia existencia del sistema totalitario, y se les muestra cómo comportarse de manera cívica y conjuntamente responsable. Por supuesto, el régimen se esforzará en adelante por evocar una sensación de amenaza, y a toda costa acorralará tras ella a la sociedad. Y con el tiempo serán cada vez más quienes aparentarán lealtad. Varios de los que apoyan hoy al régimen cederán en cuanto se les pidan sacrificios en detrimento de su propia comodidad. Finalmente permanecerán fieles sólo los más fanáticos y los menos útiles a la hora de tomar decisiones importantes. La oposición debería saber aprovechar a los apóstatas del régimen, ya que el hecho de que aumenten será el último golpe para el régimen.
     Tarde o temprano llegará el día en que la oposición actual se convertirá en el foco de las discusiones sobre el futuro de Cuba. La manera en que terminarán los días del régimen represivo será sumamente importante para el desarrollo y el posicionamiento de la oposición durante estas discusiones. Sin embargo, será decisiva su firme organización y el planteamiento de metas compartidas claras, con las cuales se sentará a la mesa de las negociaciones.
     Los nuevos gobernantes suelen ser sometidos a numerosas pruebas. Una de ellas puede consistir, por ejemplo, en el anhelo de venganza. En su esfuerzo por limpiar su conciencia, anhelarán vengarse, además de algunas personas con trágicos destinos, aquellos que durante el totalitarismo fallaron. Frenar en su afán a estas personas es de suma importancia, y desde hoy es necesario reflexionar sobre la reconciliación con el propio pasado. El perdón colectivo, así como los tribunales populares de castigo, no conducen a buenas metas: solamente fomentan las pasiones, las divisiones de la sociedad y las escaladas de violencia, por un lado, o, por el otro, producen frustración, debido a que el que es culpable sigue controlando puestos de poder. La cimentación y el funcionamiento de juzgados legítimos se verán obstaculizados por la falta de jueces independientes: estarán disponibles sólo los que formaban parte de la maquinaria antidemocrática y de las prácticas totalitarias. Aquello es como bailar sobre el filo de la navaja.
     Tras la entrega del poder, gran parte de los representantes de la actual oposición será más bien apartada a la sombra política por aquellos que, si bien nunca arriesgaron su pellejo en los instantes decisivos, no obstante sabrán utilizar la efervescencia social para apropiarse méritos ilegítimos. Es una regla que rige durante todas las revoluciones, y sería de extrañar que en Cuba no ocurriera así. En todo caso, en el futuro los representantes del nuevo gobierno serán igualmente inculpados y criticados por sus actos, y con frecuencia por personas que no hacen nada.
     Querido amigo, no me parece que el mundo considere a los cubanos incapaces de efectuar cambios políticos, como escribe en su carta. Si el mundo duda, es una señal de que lo ciega su propio entorno. Y eso no es bueno. De seguro está usted consciente, sin embargo, de que no es posible exportar la libertad. Por lo demás, el valor de la libertad consiste precisamente en que cada individuo, cada sociedad, la puede alcanzar y diseñar por sí sola. Y si escribo diseñar y no solamente alcanzar, es porque pienso que se trata de un proceso largo. Debemos aspirar a la libertad incluso nosotros, que ya tenemos creadas las instituciones democráticas y en relativo funcionamiento. Quisiera asegurarle que, en los países que poseen experiencias frescas con el totalitarismo, la oposición cubana siempre encontrará comprensión. Vamos a continuar apoyándolos, y confío en que la Cancillería checa incluirá ese apoyo en sus propuestas a la Unión Europea, ente del cual la República Checa formará parte a partir del 1o de mayo.
     Al final de mi carta quisiera recordar que, en los últimos meses, hemos sido testigos de otra toma de poder por la vía pacífica. Me refiero al caso de Georgia, un país que por varias décadas formó parte del imperio soviético. Aunque su evolución durante los últimos diez años difiere de la inmovilidad del régimen cubano, me llena de alegría que haya tenido lugar otro cambio por la vía pacífica.
     Espero con ansia el día en que nos volvamos a encontrar.
     Atentamente,
     — Václav Havel
     Agradecemos la ayuda de People in Need