Cuando el enfermo es un rey | Letras Libres
artículo no publicado

Cuando el enfermo es un rey

En la cena de Estado que recibió a la treintena de líderes de la Unión Europea y América Latina para la cumbre celebrada en Madrid recientemente hubo un gran ausente. Faltó el rey Juan Carlos, el principal anfitrión de los mandatarios que visitan a España y uno de los principales embajadores de su país alrededor del mundo. Fue el príncipe Felipe, su hijo, el que ocupó el lugar del rey.

Juan Carlos I de Borbón, fumador y de 72 años, fue hospitalizado el 7 de mayo por un nódulo que se alojaba en uno de sus pulmones y por el que fue inmediatamente intervenido. Los médicos explicaron de inmediato que no se trataba de cáncer. Aun cuando en España su figura levanta polémica, la noticia ocupó los titulares de prácticamente toda la prensa española. Unos días después, don Juan Carlos posó con el equipo que había realizado su cirugía y hasta bromeó con los periodistas. “Quiero dar las gracias a todos, a los médicos, a todos los que me han cuidado. He estado muy bien. Debemos estar muy orgullosos de nuestra sanidad pública, tanto la de Cataluña como la de Madrid”, dijo. El Rey subrayó su carácter de ciudadano. La Casa Real pagó todos los gastos extra de protocolo y seguridad que causó su estancia e incluso la propia reina Sofía comía en la cafetería del hospital. Fuentes hospitalarias dijeron a la agencia Efe que el monarca era tratado como “cualquier ciudadano español”.

Al ser dado de alta del Hospital Clínic de Barcelona, el rey alabó las atenciones recibidas. “En España debemos estar orgullosos de la sanidad pública que tenemos”, afirmó. Y aquí es donde comenzó la polémica. Primero, porque el rey eligió un hospital catalán y no uno madrileño, donde reside. La comunidad de Madrid, que preside Esperanza Aguirre (del Partido Popular), ha recibido numerosas críticas por la mala atención en los hospitales públicos de la región y es la segunda comunidad autónoma que gasta menos dinero en atender a los pacientes, cuando es una de las regiones más ricas de España. Sin embargo, la elección del rey Juan Carlos para atenderse en Cataluña no respondió a la mala imagen madrileña. “El rey se hace sus revisiones en Barcelona, en la sanidad privada y cuando allí le detectaron el problema los médicos le recomendaron el Hospital Clinic”, explicó al diario español Público el portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (Fadsp), Mariano Sánchez Bayle.

El defensor del paciente, sin embargo, criticó al monarca por sus comentarios. “Es muy fácil hacer estas declaraciones cuando no se ha pasado por urgencias”, aseguró la presidenta de la asociación, Carmen Flores. “Quizás si usted estuviera informado se daría cuenta de la cantidad de personas que quedan incapacitadas, mueren o pierden su trabajo por no ser atendidas a tiempo”, añadió. Un estudio europeo en 2007 colocó a España en el lugar 14 de 29 países al analizar la calidad de atención en sus hospitales públicos. Y el problema no para ahí. La situación es tan grave que la Comisión Europea pidió al Gobierno español en noviembre reformar el sistema, argumentando su falta de sostenibilidad. “El sistema así es totalmente insostenible: o se da un tijeretazo en el gasto o se suben los impuestos”, señaló Ángel Laborda, director de coyuntura de la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas), a El País.

La cereza del pastel la puso el responsable de operar a su majestad, el médico Laureano Molins. En la rueda de prensa en que informó a los medios sobre el estado de salud del monarca, Molins aseguró que el rey se incorporaría muy pronto al trabajo pues “una cosa es un trabajo en un muelle descargando y otra es saludar a algunas personalidades y trabajar una horita en el despacho”. El comentario causó risas entre los periodistas y hasta un grupo de Facebook. El médico pronto ofreció sus disculpas y afirmó: “Todos los pacientes me preguntan cuándo podrán hacer vida normal. [...] En ningún momento quise decir que su majestad trabaje poco”. Otro paciente, pero sigue siendo el rey.

- Verónica Calderón