Cruceros traicioneros | Letras Libres
artículo no publicado

Cruceros traicioneros

 En la ciudad de México hay cruceros traicioneros, esquinas con una marcada incidencia de accidentes viales. 

 

Acaso el dato lo registre la mítica guía Guinness, a la cual nunca he visto ni por el forro (y esa es una de las razones por las que la considero mítica), pero los periódicos me informan de que México es, en un meritorio nivel mundial, el séptimo de los países en que acaecen más accidentes de tránsito, y que su ciudad capital (¿capital como un pecado?) se gana el récord nacional de atropellamientos, colisiones y otros accidentes cuando no incidentes automovilísticos. Resulta que según la Dirección General de Ingeniería de Tránsito de la SSP- DF, entre 2009 y junio de este año se han dado en Esmógico City 2,554 accidentes, especificados como 1,586 choques (con quién sabe cuántos muertos), 854 atropellamientos de personas (con el mismo “quién sabe” del paréntesis precedente) y 114 “casos diversos”. Y según la misma fuente tales casos ocurren sobre todo en ciertos puntos citadinos por los cuales uno, ya sea como peatón o como automovilista o autobusista o microbusista o metrobusista, debería cuidarse mucho de pasar, pero que, ay, son inevitables, dadas las exigencias de la laboral cotidianidad metropolitana. Y los cinco principales cruceros nominados de mayor a menor incidencia o accidencia son los siguientes: el de Paseo de la Reforma e Insurgentes; el de Eje 2 Norte y el Eje Guerrero; el de Paseo de la Reforma e Hidalgo (el más canalla para los peatones); el de Circuito Interior y Marina Nacional (donde los choques no son con buques, precisamente) y el de la calle de Florencia y avenida Chapultepec. A tales cinco cruceros mayormente letales les siguen otros que también tienen lo suo: el de Eje Central Lázaro Cárdenas y un extremo de la Calle Francisco I. Madero; el de José María Izazaga (¡la calle de gran parte de mi infancia, ya “fábula de fuentes”!) y Pino Suárez; el de Fray Servando Teresa de Mier y el Anillo de Circunvalación; el de 20 de Noviembre y la Plaza de la Constitución; y el de Tenochtitlán y Héroe de Granaditas (¿el cual fue héroe porque solía cruzar por ese crucero?).

Y me considero avisado. Ya sé que deberé seguir peatonando por la grandota, caótica, malévola y pese a todo querida metrópoli… pero  procuraré “hacerme cruces”, es decir santiguarme, pero a la manera atea (si la hay) cada vez que me vea ante los tales cruceros letales.