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artículo no publicado

Crítica vial

¿Quién conoce los nombres que camina?

 

¿Quién conoce los nombres que camina?

De todas las cosas que se han escrito, una de las más dolorosas e irrefutables es que México es un país de analfabetas. A pesar de ello, se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que en el presente se lee como nunca. Y no se trata de que ahora se lea a Juan de Dios Peza, por dar un ejemplo, fumando habanos, bebiendo Oporto y vistiendo un smoking jacket de terciopelo morado y solapas de seda. No es una cuestión de estilo, sino de números.

A principios del 2010, la Sociedad Internacional por la Protección de la Buena Prosa Gastada en Mal Verso (ISPGPWBV, por sus siglas en inglés) anunció con bombo y platillo que México es el país donde más poetas hay per cápita. El sondeo bienal demuestra que hay nueve poetas por cada lector de poesía, dos más que en el sondeo anterior. Si bien estas cifras son alentadoras, no deja de ser una tragedia que México despierte a la lectura cuando el libro mismo va de salida.

La crítica literaria ha sido un agente fundamental en la transformación de los hábitos de lectura de los mexicanos. Una vez superados el oleaje deconstructivista, el giro antropológico y la nueva hermenéutica, se ha abierto brecha la escuela de pensamiento conocida como “crítica de vialidades”. Habiendo surgido de un seminario impartido en el Instituto Tecnológico de Filología Aplicada de Tultitlan del Valle, la crítica vial rápidamente ha adquirido adeptos internacionales. En una reciente visita a nuestro país, el eminente crítico, Boris van Jörgen, heredero natural de la escuela de Frankfurt de teoría crítica, señaló que “para mí la literatura era ya letra muerta, pero la crítica vial me ha obligado a repensar todo lo que daba por hecho”. Sin duda, tanto la literatura universal como la literatura nacional han sido puestas en rigurosa tela de juicio y absolutamente todo está en juego.

Parte de la eficacia de la crítica vial se debe a la sencillez de su pregunta inicial: ¿quién ha leído las calles que maneja? Según el Doctor Johnson Martínez, uno de los máximos exponentes de esta nueva vertiente, “a partir de esa pregunta inicial los cuestionamientos se multiplican exponencialmente: ¿el valor de la obra de un autor es conmensurable al nivel de vialidad que lleva su nombre? ¿Hay secretas genealogías literarias dispuestas en el trazo y orden de las calles? ¿Por qué ciertos autores tienen muchas calles y otros no tienen ni una? En fin, podríamos pasar el día haciendo preguntas”

Pero la verdadera fuerza de la crítica de vialidades reside en las respuestas que ofrece a tan incisivos cuestionamientos. Primero, facilita la exegesis de la historia de la literatura, sustituyendo los antiguos períodos o movimientos (neo-clasicismo, romanticismo, simbolismo, etc.) por divisiones de barrios o colonias. Éstas normalmente agrupan autores de diferentes épocas, eliminando el molesto trasfondo contextual y permitiendo que la obra se valore por sí misma. Los autores más importantes, los imprescindibles, generalmente dan nombre a vialidades que trascienden las fronteras de una sola colonia. Se dice de ellos que son “acoloniales”.

Si tomamos por caso la colonia Nueva Anzures, se puede ver fácilmente que pasando la glorieta de Lafayette, Shakespeare deja de ser el autor poderoso del Rey Lear para convertirse en el mustio del Rapto de Lucrecia, cuando llega a morir al Circuito Interior. Victor Hugo, en cambio, trasciende como un autor relativamente mayor de constante ritmo ascendente y circulación hacia Polanco. Ahí mismo, la crítica vial nos permite ver a Dante y a Tolstoi en sus justas proporciones, es decir, como autorsuchos de tercera, condenados a discretas callecitas. Claro está que la obra de todos ellos palidece ante la del cercano Melchor Ocampo, que tiene su propia calzada. Y no era para menos, su apasionada Epístola es causante de miles de matrimonios anuales, y uno que otro divorcio.

La crítica vial, como se puede ver, ha multiplicado las opciones que tiene el lector de aproximarse a la obra de los clásicos. Además, ha hecho su comprensión y valoración a la vez más profunda y más sencilla. Ningún estudioso de la literatura puede pasar por alto esta nueva tendencia que replantea todo. Cabe añadir que próximamente aparecerá en librerías de prestigio, una colección de ensayos sobre la Novela de la Revolución, editado por el Doctor Johnson Martínez, titulada Cómo llegar a División del Norte. Dicha colección reúne las plumas de los críticos viales más importantes en torno a tan debatido tema. Promete ser un parteaguas en la historia de nuestras letras.

- Nicolás José

 

 

(Imagen tomada de aquí)

 

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