Credo | Letras Libres
artículo no publicado

Credo

Escribe el joven Albert Camus:

Un hombre contempla y otro cava su tumba: ¿cómo separar a los hombres de su absurdo? Mas he aquí la sonrisa del cielo. La luz se hincha y pronto llegará el verano. Aquí están los ojos y voces de aquellos a quienes debo amar. Me aferro al mundo con cada gesto; con toda mi gratitud y mi piedad me aferro a los humanos. No quiero escoger entre los lados correcto e incorrecto del mundo, ni me gusta tampoco que se elija. La gente no quiere que uno sea lúcido e irónico. Dicen que eso prueba que “uno no es agradable”. No entiendo bien. Desde luego, si escucho decir que alguien es calificado de inmoralista, traduzco que ese alguien precisa de una ética; si escucho que alguien desprecia la inteligencia, advierto que se trata de alguien que no tolera el peso de sus dudas. Pero esto obedece a que no me gusta que la gente haga trampa. La verdadera valentía sigue siendo mirar de frente tanto a la luz como a la muerte. Además, ¿de qué otra forma definir al eslabón que me conduce de mi abrumador amor a la vida a mi secreta desesperanza? Si escucho la voz de la ironía que repta bajo las cosas, no tarda en manifestarse entera. Guiñando sus claros, pequeños ojos, dice: “Vive como si…” A pesar de tanta búsqueda, esto es todo lo que sé. 

L'envers et l'endroit (1937)