You will meet a tall dark stranger | Letras Libres
artículo no publicado

You will meet a tall dark stranger

“La vida está llena de sonido y furia, y, al final, no significa nada.” Así comienza You will meet a tall dark stranger, la nueva película de Woody Allen, presentada en el marco del Festival Internacional de Cine de Cannes 2010, parafraseando a Shakespeare y evocando el momento en el que Macbeth –al enterarse que su mujer se ha quitado la vida– medita sobre el paso del tiempo y la existencia mortal a la que todos pertenecemos. A través de una serie de historias interconectadas que tratan del amor, la muerte y la mutabilidad de las relaciones humanas, el director neoyorquino plasma –una vez más– su visión nihilista de la vida.

Helena (Gemma Jones) es una mujer de edad madura que, trastornada por el abandono de su marido, decide poner su futuro en las manos de una adivina. Alfie (Anthony Hopkins), el ex esposo de Helena, es un hombre mayor en busca de una segunda juventud. Sally (Naomi Watts), la hija de Alfie y Helena, es una mujer sin dinero y sin una buena relación de pareja, que busca un hijo y su independencia profesional. Roy (Josh Brolin), esposo de Sally, es un escritor sin trabajo buscando a alguien que le publique su segunda novela. Todos viven en Londres y todos se sienten insatisfechos con sus vidas. Y qué mejor manera de enfocar sus insatisfacciones que obsesionándose –porque en el mundo de Woody Allen, la gente no se enamora, se obsesiona– con las personas equivocadas. Alfie se enamora de una ex prostituta treintañera; Helena, de un hombre obsesionado por encontrar a su esposa muerta en el más allá; Roy, de la vecina de enfrente (Freida Pinto); y Sally de su jefe (Antonio Banderas).

El planteamiento –aunque no es novedoso– es interesante. El problema es que en lugar de dejar que la historia se desenvuelva y las acciones de los personajes hablen por ellos, el director abusa del mismo recurso del que abusó en Vicky Cristina Barcelona: el narrador en tercera persona que todo lo sabe y todo lo comenta. Quien conoce el cine de Woody Allen sabe del gusto que tiene el director por los narradores. Siempre y cuando no abuse del recurso, ha logrado usarlo de manera creativa: amigos en un deli recordando las aventuras del protagonista; personajes narrando dos historias simultáneas, y protagonistas que rompen la cuarta pared y le hablan directamente a la cámara. Esta vez falla: en más de una ocasión quise tener un control remoto para presionar el botón de mute y callar al narrador.

Para no perder la costumbre, Allen analiza muy bien la psique femenina. Las historias de Helena y Sally son las más verosímiles. Y, curiosamente, el lado sobrenatural del argumento es el que mejor construido está. La adivina -aparentemente una charlatana sinvergüenza- termina por casi controlar la vida de Helena, de Sally, y de Roy. Y logra “predecir” gran parte de la película. Cuando Helena le dice a su hija que la adivina “ve” posibilidades entre ella y su jefe, Sally –desesperada– sigue el consejo, acción que resulta en la mejor escena de película: un instante tragicómico interpretado soberbiamente por Watts y Banderas. En una conversación que parece no tener fin, ella se esfuerza por confesarle su atracción mientras él hace lo posible por desviar la plática. Resulta imposible no reírse, como resulta imposible no sentir la angustia de Sally.

Por otro lado, el argumento de los personajes masculinos es menos exitoso. La historia de Alfie es el clásico cuento del hombre en crisis de edad madura que se casa con una jovencita sin cerebro y despilfarra su dinero en joyas y regalos con tal de mantenerla a su lado. La historia de Roy es interesante desde el punto de vista de que es un hombre ruin y amoral, capaz de todo con tal de conseguir lo que quiere. El problema es que resulta imposible creer que “la mujer de rojo” se pueda enamorar de él. Si algo ha logrado Woody Allen en sus películas anteriores, es hacernos creer que mujeres de la talla de Diane Keaton y Mia Farrow se puedan enamorar de ese personaje nervioso, neurótico y cobarde que siempre interpreta, sin importar lo feo y despreciable que sea. El enamoramiento de la vecina de Roy, en cambio, parece que fue al azar, para acomodar los requerimientos del guión.

Entrevistado durante el festival, Woody Allen dijo que “la vida no es más que una experiencia triste, lamentable y sin sentido. Es por ello que todos necesitamos un poco de ficción para hacerle frente a las dificultades que ésta presenta”. Y es que casi todos los personajes de su película viven una ficción. Alfie, Helena, Roy y Sally pasan el tiempo tratando desesperadamente de labrarse su propio destino. Pero así como la suerte acaba por alcanzar a Macbeth, los grandes proyectos de los personajes de la cinta se caen, y su suerte toma formas inesperadas.

La película ha sido criticada por su final abierto. Los personajes siguen con sus vidas, casi nada se resuelve y queda en el aire cuál será su destino. Pero en cualquier texto –como en la vida– siempre habrá espacios en blanco. Es tarea de la audiencia llenarlos.

You will meet a tall dark stranger no pasará a la historia como una de las mejores películas de Woody Allen. Es una película más y una manera cínica del director de expresar la insignificancia de la vida. Para él, al final todo es en vano. En conferencia de prensa durante el Festival de Cannes, un periodista le preguntó al director cuál es su postura hacia la muerte: “La misma que siempre he tenido: estoy totalmente en contra.”

-Olga de la Fuente