X-Files: la realidad supera la ficción | Letras Libres
artículo no publicado

X-Files: la realidad supera la ficción

¿Cómo puede seguir funcionando una serie como X-Files en el que abundan las herramientas para conocer la verdad que está "allá afuera"?

Spoiler: El gobierno de EUA ha mentido todo este tiempo sobre la presencia de seres alienígenas en la Tierra. Pero esto quizá ya lo saben todos: está en Internet. En una época plena en fantasmas semióticos potenciados por redes sociales, donde las conspiraciones y/o sospechosismos son lugar común y el espionaje doméstico es un secreto a voces, ¿hay suficiente lugar para seguir con X-Files?

En el primer capítulo –de la que promete ser una nueva mini serie de seis entregas–, escrito y dirigido por su creador original, Chris Carter, el ex agente Mulder observa en pantalla una entrevista [real] a Barack Obama en el programa de Jimmy Kimmel [4,536,156 visitas en You Tube]. El conductor pregunta al presidente si ha leído archivos relacionados con el Área 51 y ovnis, ya que cualquiera en su posición lo haría tan pronto fuera nombrado jefe de estado. "Es por eso que no serás presidente", contesta Obama con sorna, y entre risas continúa "los aliens no dejarían que eso ocurra". Al escucharlos, el desaliñado Mulder atina decir con un dejo de frustración: “Mi vida se convirtió en un chiste”.

 

 

Esta idea de la existencia de Mulder como un punchline marca el resto de la anunciada resurrección de una franquicia a la que parecería que el tiempo cobró la factura.

El episodio10x01, “My Struggle”, pone al día a las nuevas audiencias, con suficientes detalles para demostrar que se han adaptado –al menos superficialmente– a los tiempos modernos (“¿Uber?”). La conclusión, sin embargo, doscientos cinco capítulos después de aquel 10 se septiembre de 1993, es que ni la historia ni los protagonistas han llegado a alguna parte, esto en una época donde el modelo de negocio son las historias autocontenidas.

Recordemos que a diferencia de las series actuales, pertenecientes a la 'Tercera era dorada', donde el arco dramático se desarrolla a lo largo de una temporada con capítulos limitados, los programas de televisión de las últimas décadas del siglo XX buscaban mantenerse al aire el mayor tiempo posible, por lo que escritores y productores mantenían intactos a los protagonistas, sin preocuparse por desarrollarlos apenas lo suficiente, dispuestos a tener nuevas aventuras por cada episodio. 

Así, Mulder y Scully, hijos de su tiempo, se perpetuaron como los personajes entrañables que los fans adoran, y dado que el formato dejó de ser funcional, los tres primeros episodios apuestan únicamente a la nostalgia, saturándolos con suficientes guiños, chistes y lugares comunes para complacer a los seguidores incondicionales – hasta la secuencia de créditos al inicio del programa permaneció sin cambios–.“¿Qué pasaría si todo lo que nos han hecho creer es una mentira?”, pregunta Mulder a Scully por teléfono, revelación poco sorpresiva pero que sirve para darle un empujón a la historia. Dentro de la trama, al parecer esta vez, ahora sí, de verdad esta pareja encontrará “la conspiración más diabólica que el mundo haya conocido”, la suma de todas ellas, ya que después de todo el asunto de los extraterrestres, el leitmotiv original de la serie, fue solo una “cortina de humo”.

 

Hace poco más de 20 años X-Files se convirtió en un programa-frontera en la televisión popular estadounidense. Producto digno del momento, su gran acierto, a decir de Brett Martin [ @brettmartin ] en su libro Hombres fuera de serie, fue dividir los episodios: unos tantos serían historias independientes, y la otra mitad se dedicarían a [re] construir la mitología conspiratoria estadounidense alrededor de las vidas de los agentes Mulder y Scully, elementos imprescindibles en su éxito, que ayudaron a mantener por mucho tiempo las expectativas del público y la recaudación con las repetidoras. Por el lado creativo, X-Files se convertiría además en la mejor escuela de guionismo para muchos showrunners, entre ellos el alumno aventajado de esa generación, Vince Gilligan, creador de Breaking Bad. Resultaría significativo que en enero de 1999 se estrenara la primera temporada de The Sopranos, inaugurando de alguna manera la mentada 'Tercera era dorada de la Televisión', mientras que para entonces X-Files ya había agotado sus ideas, potencial y audiencia, concluyendo en mayo una –relativamente buena– sexta temporada –impulsada por un largometraje precedente– y estrenando una descolorida séptima temporada en noviembre, que anunciaba su decadencia –terminó en 2002–.

En cuanto a contenido, X-Files pertenece a un mundo antes del 11/9 y la hegemonía de Internet. Si la serie original se nutría de conspiracionesseres críptidos y extraterrestres, hoy día "la verdad" acerca de estos temas la podemos encontrar en abundancia, con miles de clones de Mulder sueltos, y millones de "creyentes" alrededor del planeta. Los temas de abducciones y otros fenómenos paranormales, cuyo auge mediático alcanzó su clímax en las décadas de 1970 y 1980, aunque fascinantes como fantasías modernas, hoy se han relegado al campo de la psiquiatría y la psicología.

 

 

Scully, la parte escéptica de esta pareja, conoce la traducción de una palabra en pakistaní. Ante el asombro de Mulder, ella, segura de sí misma, menciona que pertenece a “la vieja escuela, antes de Google”. Esta línea del segundo capítulo, 10X02 “Founder's Mutation”, escrito y dirigido por un viejo alumno de la serie, James Wong, al igual que en el episodio anterior, parece resumir el trasfondo –y el problema– del regreso de esta serie.

Entre los utensilios de papelería que han entrado en desuso, esto gracias a la digitalización rampante, los abrecartas son una auténtica rareza en las oficinas modernas, ya no digamos en una sala de servidores, esos cuartos [misteriosos, eso sí] con temperatura controlada que dan cabida a gabinetes plenos en equipo informático. Pero los ingenieros en sistemas que habitan en el universo [insostenible] de los Expedientes X son unos románticos. La aparición de este objeto en una sala de este tipo, en una corporación de tecnología de avanzada, luce anacrónico, implausible, pero efectivo para los intereses del guión. Esto y las contradicciones entre la verborrea reiterativa son las costuras que más se le notan, y que en parte fueron las responsables de cansar a la audiencia original, pero que los fans –y la Fox, por supuesto– insisten en celebrar.

Como apunta Mulder, esta vez la conspiración está organizada por hombres que desean controlar al mundo, usando a los extraterrestres como pretexto. Sin embargo, aunque él diga conocer a Edward Snowden, esto no le ha servido para desentrañar misterio alguno, aún con los recursos del FBI –¿por qué insiste en regresar a trabajar con la agencia gubernamental que todo este tiempo lo ha utilizado, y que forma parte de la gran conspiración?–. Como todo adulto rejuvenecido [¿chavorruco?], la impostura se nota en esta “nueva” temporada.

X-Files fue un programa que perfiló de alguna manera el futuro de la televisión, pero que hoy fue superado por nuestra realidad, un mundo donde los formatos televisivos han cambiado, y cualquier canal de You Tube puede ofrecer más misterios y conspiraciones que juegan con la realidad y la fantasía.