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artículo no publicado

Tercera crónica del FICM

El Festival Internacional de Cine de Morelia rindió homenaje este año al iraní Abbas Kiarostami. Aquí una reseña de las cuatro cintas suyas que se exhibieron en el festival. 

El Festival Internacional de Cine de Morelia rindió homenaje este año al iraní Abbas Kiarostami. Se le entregó la medalla de la Filmoteca de la UNAM y, además, se exhibieron cuatro películas que alcanzan para hacerse una idea de su cine. Su obra ha sido celebrada y premiada en diversos festivales, y su estilo ha sido motivo de emulación (para Carlos Reygadas, por ejemplo) y admiración (para Martin Scorsese y Michael Haneke, entre otros). Actualmente es uno de los cineastas más apasionantes. Como anota Geoff Andrew, autor del libro 10 (que dedica al iraní y en particular a la película epónima), en 2003 y en Morelia “Werner Herzog y Barbet Schroeder concordaron que el cineasta más valioso de su época era Abbas Kiarostami”. Motivos no faltan, pues, para ocuparnos brevemente de su cine y de lo que se exhibió en Morelia.

                Abbas Kiarostami propone un acercamiento sui generis a la realidad, por lo que sus películas tienen un aura documental y no es extraño que uno dude si efectivamente está viendo una ficción. A ello contribuye una puesta en escena sin maquillaje: fotografía naturalista, que respeta las fuentes de luz que hay en el lugar (como luego adoptó el Dogma 95), rodaje en locaciones y la costumbre de trabajar con actores no profesionales. La cámara –a menudo en mano– da seguimiento a los personajes, como suele hacer el cine de no ficción. Por lo general establece un ritmo apacible y propone elipsis poco convencionales. La banda sonora es de cierta crudeza y en ella se amplía el campo: son abundantes los sonidos en off (en particular voces) por medio de los cuales se da presencia a personajes que no vemos, entre otras cosas. Por todo esto el espectador tiene que “trabajar” más de lo que lo haría en una cinta al estilo Hollywood.

                En Morelia se proyectaron el documental ABC África (2001) y las ficciones Close-up (Nema-ye Nazdik, 1990), El sabor de las cerezas (Ta'm e guilass, 1997) y Copie conforme (2010). De ellas, sólo la última fue exhibida comercialmente en México; algunas de las otras formaron parte de la Muestra Internacional de la Cineteca. ABC África es producto de un encargo y es la primera incursión en el mundo digital del iraní: la ONU lo invitó a realizar una película para dar a conocer lo que se hacía en Uganda, donde había un millón y medio de huérfanos cuyos padres murieron a consecuencia del sida. Antes de la filmación viajó con el fotógrafo Seifollah Samadian (quien también asistió al festival) y con dos cámaras digitales para hacer apuntes visuales. Pero el material que grabó resultó tan bueno que fue suficiente. Kiarostami registra con sobriedad y a veces con ánimo lúdico la cotidianidad y los esfuerzos que algunas organizaciones llevaban a cabo para atender a los desamparados. El iraní dedica abundantes minutos a los niños, por los que tiene particular afecto y a los que dedicó sus primeros proyectos cinematográficos. El documental alberga además un largo pasaje experimental, en el que la pantalla queda en negro por varios minutos y toma protagonismo el sonido. Al final va más allá de la descripción de un paisaje miserable: es una emotiva invitación a ver el drama humano en donde no es raro ver tan sólo una serie de cifras.

                Close-up  acompaña a un hombre que se benefició del engaño a una familia, a la que hizo creer que era Mohsen Makhmalbaf (uno de los realizadores iraníes más respetados) y les propuso papeles protagónicos y utilizar su casa como locación en su siguiente película. Por esa razón es llevado ante las autoridades. Kiarostami filma el juicio, y las cámaras que instala en la sala provocan una dinámica en la que de nueva cuenta se vuelven difusas las fronteras entre la realidad y la ficción, pues las personas se “interpretan” a sí mismas. Al final hay elementos para reflexionar sobre la identidad y los artificios de la puesta en escena (que no es).

                El sabor de las cerezas acompaña a un hombre que quiere morir. Como en Irán el suicidio es una abominación, busca desaparecer sin dejar huella, para lo que precisa la ayuda de alguien más. Entonces conduce su camioneta buscando a ese alguien. Conforme hace sus pesquisas y dialoga con los posibles candidatos, su perspectiva adquiere otros matices. En la filmación Kiarostami nunca reunió al conductor y a los diferentes ocupantes del asiento del copiloto. Comentó que lo hizo para poder controlar mejor el desempeño de los actores que, como en otras ocasiones, no eran profesionales. La película avanza a partir de los trayectos en automóvil, que tanto gustan al iraní (porque comenta que al volante la gente puede expresarse con mayor libertad). Los escasos diálogos que lleva a cabo el personaje principal con los demás son pertinentes para reflexionar las contrariedades de la vida y el papel de los demás en la circunstancia de cada quien. El último pasaje de la película, para no variar, es una nueva invitación a cuestionar el umbral de la ficción.

                Copie conforme es una película atípica en su filmografía, pues Kiarostami trabajó con actores profesionales y en un esquema industrial. El argumento se inspira en una experiencia que vivió el cineasta y sigue los pasos de James Miller (William Shimell), un escritor británico que llega a Toscana para presentar su más reciente ensayo, que versa sobre el valor de las copias en el arte. Ahí conoce a una mujer (Juliette Binoche) que maneja una tienda de antigüedades. Ella (cuyo nombre nunca sabremos) lo invita a pasear por Lucignano, una ciudad que es un concurrido escenario para bodas. En algún momento alguien sugiere que son esposos, y ambos se enganchan en el juego, asumiendo que realizan un viaje del recuerdo para celebrar su decimoquinto aniversario. Y entonces comienzan los reproches y su convivencia se convierte en algo diferente, en algo cercano a un matrimonio. El matrimonio es como un juego, nos dice Kiarostami, un juego que a menudo se acaba… y acaba con los jugadores.

                Cuando le preguntan a Kiarostami si su propuesta es documental contesta: “es una buena película”. Si es al contrario su respuesta es: “es una película que parece un buen documental”. Y concluye: “Una buena película es la que tiene un fondo de realidad”.