Spielberg en siete películas: Schindler´s List | Letras Libres
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Spielberg en siete películas: Schindler´s List

En un año en el que por primera vez fue jurado de Cannes y en el que vaticinó la muerte del cine tal y como lo conocemos, vale la pena revalorar y criticar la carrera de Steven Spielberg. 

La entrega de los premios Oscar en 1994, cuando Schindler's List de Steven Spielberg ganó siete de las doce estatuillas a las que estaba nominada, fue particularmente interesante. A su lado compitieron en diversas categorías cintas tan memorables como In the Name of the Father, The Piano (ganadora de la Palma de Oro en Cannes), The Remains of the Day, Philadelphia, The Age of Innocence y Short Cuts, pero no solo eso: Jurassic Park, otro hito en su filmografía, ganó también tres premios, dos de sonido y uno por efectos especiales. La noche le perteneció a Spielberg, ganador del premio al mejor director y a la mejor película. Una cinta al menos cuestionable se elevó sobre las otras.

            El foco central es la vida de Oscar Schindler durante la segunda guerra mundial en Polonia, donde llegó como empresario. La película está basada en la novela de Thomas Keneally, a su vez basada en las memorias de Poldek Pfefferberg, uno de los sobrevivientes. Según la versión fílmica, Schindler llegó como un frío hombre de negocios, utilizó dinero judío para fundar una fábrica y empleó a judíos perseguidos por los nazis por conveniencia monetaria. El personaje cambia radicalmente conforme avanza la guerra, cuando los abusos a la comunidad judía se profundizan hasta llegar al exterminio. Liam Neeson como Schindler, Ben Kingsley como Itzhak Stern, el contador, y Ralph Fiennes como Amon Goeth, el terrible encargado del campamento de trabajos forzados, ofrecen actuaciones a la altura del drama que recrean.

            Los aspectos técnicos de la película son impecables. El diseño de producción en su conjunto es una joya en blanco y negro, casi una postal. Hay una belleza en cada plano que cautiva de una manera contraria al tema de la película, que a fin de cuentas trata uno de los episodios más atroces en la historia de la humanidad. Aunque en muchos aspectos Schindler's List es una buena película, también provoca objeciones. No pretendo poner en duda la destreza de Spielberg, ese icono hollywoodense que además de ser un director de cine fuera de serie es un símbolo: el maestro de una cierta forma de filmar que es casi una escuela. En un ensayo visual Kevin Lee dice que "Spielberg merece ser llamado el maestro de la manipulación de audiencias", y creo que tiene razón. Es precisamente su capacidad de manipulación la que va en contra de un tema tan trascendente como el holocausto. "Adulteración" y "falsificación" son sinónimos de "manipulación". Si en la mayor parte de sus películas es precisamente esta capacidad lo que las hace grandes, en este caso el resultado es el inverso.

            Algunos años después del estreno de Schindler's List Jean-Luc Godard retó a Spielberg en el festival de Locarno. Su idea era abrir un debate en torno a la película, Godard atacándola y Spielberg defendiéndola. Por supuesto, Spielberg se negó. Y es que en realidad hay varias aristas que dan pie a semejante ataque. Al recrear un evento como el holocausto debe de haber un acercamiento académico a la realidad, a la verdad histórica. Por ejemplo, pudo haber sido hablada en hebreo, polaco y alemán. Mel Gibson filmó The Passion of the Christ en latín y arameo y aún así ganó más de seiscientos millones de dólares. Schindler's List hubiera sido un caso análogo, sin embargo se hizo en inglés con una fotografía seductora y preciosista. Godard dijo que la película es "du Max Factor", es decir un comercial de cosméticos. Para recrear las partes más cruentas del holocausto habría que enflacar a los actores y los extras que hicieran el papel de judíos en un campo de concentración hasta casi matarlos. Las fotografías y el pietaje cinematográfico que hay de los verdaderos sobrevivientes es estremecedor: todos están famélicos y desamparados, con el alma en un precipicio existencial inimaginable. En cambio quienes aparecen en la película de Spielberg —y en cualquier otra cinta de ficción que recree los campos de concentración— son personas sanas, y es imposible replicar las oscuras miradas de desesperación de la gente que estuvo al borde de la muerte y que presenció ese nivel de sufrimiento y horror. Por respeto a las víctimas, dice Godard, el holocausto es una historia que solo puede contarse desde un punto de vista documental, como Noche y niebla (1955) de Alain Resnais. Lo demás es lucrar con el dolor de un pueblo.

            Stanley Kubrick estuvo cerca de filmar “Aryan papers”, la historia de un niño y su tía que se esconden de los nazis, pero el estreno de Schindler's List lo detuvo. "Kubrick eventualmente concluyó que una película correcta sobre el holocausto está fuera de las capacidades del cine", una conclusión similar a la de Godard. Entonces, lo que se cuestiona no son las intenciones de Spielberg, a todas luces loables, sino la imposibilidad de recrear un evento tan diabólico y tan doloroso. El guión de Kubrick sucedía lejos de los campos de concentración, en el camino de huida, y aún así el director de Full Metal Jacket —una recreación de la guerra de Vietnam— pensó que el cine no era capaz de llevar ese proyecto a buen puerto. La literatura podría hacerlo bien, pero no el cine, un medio basado en lo concreto, incapaz de escapar a sus limitaciones: el mundo físico y el tiempo. La literatura puede hablar de ideas abstractas a través del lenguaje, también abstracto, mientras que el cine está atado al espacio y al tiempo. No basta con mencionar la palabra “casa”: es necesario mostrar una casa en particular. Lo mismo pasa con las víctimas.           

            Lo más probable es que Oscar Schindler no haya sido ni tan frío y calculador al inicio de la guerra ni tan sentimental al final. Ese arco dramático atractivo para el gran público es otra manipulación. Y así sucesivamente, porque gran parte del cine funciona de esa forma, sobre todo el que se basa en las reglas clásicas del drama. En el cine cada decisión construye un mundo nuevo, una fantasía que solo existe en la pantalla. Ya sean los decorados, la actuación o la música, cada parte del film edifica una realidad paralela. En un caso tan delicado como el holocausto lidiar con la ficción es jugar con fuego.