Segunda (y última) sobre "Sin filtro" | Letras Libres
artículo no publicado

Segunda (y última) sobre "Sin filtro"

Uno no puede ser liberal y añorar un Estado regulador; no puede hablar de democracia y celebrar el silencio del antagonista.

Finalmente vi Sin filtro. El programa me recordó a los debates que teníamos en la cafetería del Tec de Monterrey. Nos indignaban muchas cosas, alzábamos la voz con facilidad. No reconocíamos matices. Éramos maniqueos porque eso nos hacía sentir informados y despiertos. Estábamos enojados.

Pero nuestros enojos y preocupaciones eran diferentes. Veíamos al país con esperanza. No había ningún sentido de derrota frente al “sistema”. No sentíamos que “fuerzas caprichosas y completamente ajenas a nuestra voluntad” escogían nuestro destino, como ha escrito con regodeo fatalista Daniel Cubría, chico lúcido que forma parte del 132 y critica Sin filtro. No nos sentíamos víctimas de titiritero alguno. Deplorábamos al PRI tanto como los muchachos de ahora, pero creíamos en las vías de la democracia. Nuestra idea de revolución era la llegada de la elección en el 2000.

Aun así, no culpo a los jóvenes de Sin filtro por su desazón. Les ha tocado un país enervado por la violencia y la polarización política.

Lo que sí les reclamo es su nostalgia por la mano firme de un Estado que venga a dar golpes en la mesa para regular todo lo regulable. No comprendo por qué no advierten la contradicción inherente en lamentar el retorno del PRI, pero suspirar por la presencia de un Estado que le imponga reglas a los medios que “juegan con la conciencia del pueblo”. Eso no lo puedo compartir. Me sorprende escuchar a un joven de 24 años de edad decir que hay que acotar a los medios para, de inmediato, elogiar al libérrimo Hugo Chávez como ejemplo de dicha acotación. Tampoco puedo compartir los aplausos del mismo estudiante cuando se anuncia que Sin filtro tuvo el efecto secundario de desplazar a un periodista que ha sido crítico del 132. Uno no puede ser liberal y añorar un Estado regulador; no puede hablar de democracia y celebrar el silencio del antagonista. Simplemente no se puede.

Para los siguientes Sin filtro, me gustaría escuchar menos lugares comunes regurgitados de obras de fácil lectura e indignación, un trabajo más activo e ingenioso del moderador (parecía más interesado en abrevar de la juventud en éxtasis que le rodeaba que en contrapuntear con información y energía) y, de ser posible, una defensa vehemente de la palabra que, al menos en mi tiempo, era sinónimo de la vida universitaria: libertad.

http://www.youtube.com/watch?v=K4hvDFLOXV8