Precious | Letras Libres
artículo no publicado

Precious

Dirigida por Lee Daniels, Precious narra la historia de una adolescente obesa que es abusada sexualmente por su padre –del cual espera un segundo hijo– y es maltratada por su madre, al tiempo que intenta continuar con sus estudios. El mundo exterior no es más amable con Precious: su caminar brusco y su indiferencia defensiva la han cosificado ante todos aquellos con quienes tiene contacto, a tal grado que su nombre se vuelve una ironía, ¿cómo puede ser preciosa esta chica hosca, sin emociones y sin palabras?

Basada en el libro Push de Ramona Lofton, conocida como Sapphire, la película consigue recrear la narración original en una manera bastante satisfactoria. Cabe mencionar que tanto Push como Precious son poco consoladores a la hora de concluir: que Precious encuentre cierto bienestar en una independencia conseguida gracias al interés repentino de unos extraños en un centro comunitario no garantiza su inclusión en un ambiente en el que la sexualidad le es vetada, tanto por su aspecto físico como por estar infectada con el virus del SIDA.

La carga que se da durante todo el filme a la relación entre la sexualidad accidentada y la tragedia que de ella deriva es lo que hace que la historia de Precious sea tan poco prometedora y que, por ende, su final resulte un poco forzado; es decir, condenada por una violación e impedida para los placeres con los que fantasea constantemente, es posible deducir que esta breve “reconciliación” de Precious con la vida gracias al nacimiento de su hijo no será suficiente para completar la humanización a la que Sapphire y Daniels quieren llegar a través de la alfabetización del personaje.

Sin embargo, Precious es una película bien lograda, que toca un punto importante en materia social evitando la crítica ramplona y los lugares más comunes, es decir, el denuesto del consumismo y los valores sociales que le son propios. No, Precious es producto de una realidad mucho más compleja, cuya resolución requiere mucha más conciencia de la que un arrebato sentimentalista pueda dar, y es por eso que vale la pena verla.

– Aura Antonia García