Pixar, inquietante arquitectura de la genialidad | Letras Libres
artículo no publicado

Pixar, inquietante arquitectura de la genialidad

La historia de cómo las instalaciones de Pixar fueron creadas a imagen y semejanza del cerebro de Steve Jobs. 

A un animador recién contratado por Pixar le desconciertan los largos desplazamientos para ir al baño. Para él, este incordio adquiere sentido un día que acude a los aseos y encuentra en el cubículo vecino a Pete Docter, con quien charla por un par de minutos. Cuando sale del baño, descubre en el pasillo a Docter y Jonas Rivera hablando de un escapista octogenario. Sin saberlo todavía, esos eventos anodinos detonarán la producción de la cinta Up. Al regresar a su estación de trabajo, al animador le asalta una extraña sensación: las instalaciones de Pixar son en realidad un continuo proceso psíquico que condiciona los actos de todos los empleados. En How Pixar Fosters Collective Creativity, Ed Catmull escribe lo atinente a los medios de que se vale Pixar para espolear la imaginación de sus miembros. El más asombroso: el edificio de los estudios, construcción que Steve Jobs diseña a partir de sus estructuras cerebrales. Lo presente explora esta creación de la sede central de Pixar localizada en Emeryville, California. Pieza clave de su éxito.

En su libro Steve Jobs, el biógrafo Walter Isaacson relata que después de la recaudación millonaria de Toy Story 2, Jobs se da a la tarea de buscar el terreno idóneo donde alzar los estudios de la empresa de animación. Lo encuentra en Emeryville. Jobs contrata entonces al arquitecto Peter Bohlin para su diseño. A Jobs le interesa generar espacios comunicantes pues está convencido que la interacción, fomentada por encuentros casuales, es la mejor manera de generar ideas y desarrollar la creatividad. Aunque Bohlin es el arquitecto responsable, pronto el emprendedor californiano se obsesiona con su construcción. “Jobs creía en la idea de Louis Kahn de que los espacios tienen el poder de determinar las actitudes”, dice Aaron Winston, profesor del Departamento de Arquitectura de la UC Berkeley, quien detecta que Jobs pretendía algo más: “Tenía un objetivo perverso, creo. Al esquematizar la construcción de Pixar en correspondencia con los mapas de su cerebro, lo que quería no era solo influir en las actitudes de sus empleados, sino meterlos en su cabeza y controlarlos”.

El cerebro de Steve Jobs es tema de artículos y libros, y también motivo de fascinación personal. De acuerdo con Bradley Markey, investigador del Allen Institute for Brain Science, Jobs se realiza escáneres cerebrales con mucha frecuencia a finales de los noventa. “Steve invertía mucho tiempo analizando los cortes de su cerebro, estudiaba las placas, me consultaba a mí y otros colegas neuroanatomistas”, dice. Jobs, muy consciente de su inteligencia, sabe cuál es el órgano responsable de su brillantez. “No creo que estuviera deteriorándose como Howard Hughes, o algo así. Simplemente estaba muy interesado en descubrir los arcanos mecanismos de su genialidad [...] Construir las oficinas de Pixar era la oportunidad de oro de Steve para poner sobre la mesa los planos de su cerebro”. Markey señala que Steve Jobs llega a dominar la complejidad de su atlas cerebral. El largo atrio central de Pixar, al que están orientados los baños, la sala de juntas, la cafetería, el área de correo y el cuarto del cereal, y que interconecta los perfiles multidisciplinarios de los empleados con la finalidad de potenciar su creatividad, es solo una muestra del alcance del diseño propuesto por Steve Jobs. La disposición de las salas de proyección, los centros de animación, la sala de conferencias, el war room, los cuartos de grabación, las oficinas, los jardines, etcétera, en el resto del edificio, corresponden, según Markey, con los procesos fundamentales y funciones primarias de los lóbulos de la corteza cerebral y el cuerpo amigdalino de Jobs. Para Bradley Markey, esto es un logro deslumbrante de la arquitectura. “La sede central de Pixar diseñada por Jobs tiene la misma capacidad del cerebro humano de ser reflexivo, de percibirse a sí mismo en el mundo y de ordenar qué hacer y qué no a quienes los habitan”.

Para decepción de muchos, Pixar no ofrece visitas guiadas a sus instalaciones. Quien logra cruzar la entrada y no es un asociado de la empresa, familiar, o un invitado distinguido, llega hasta el atrio y no más allá. Incluso la tienda de recuerdos abre solo para los empleados. “Este celo era muy característico de Steve Jobs”, dice la psiquiatra Cheryl Loring, del Autism Science Foundation, quien conociera al empresario en las terapias del grito primal a principios de los setenta. “Steve era un hombre obsesivo, intransigente y con sentimientos de omnipotencia desmesurada que solo creía en la excepcionalidad de su ingenio. No me sorprende, por ejemplo, que la producción de ideas en Pixar sea estrictamente endógena”. Solo las ideas que se conciben dentro del edificio son tomadas en cuenta para su eventual desarrollo.

Para revolucionar el cine de animación, las computadoras personales, la música y los teléfonos celulares se requieren cualidades notables. Pero más importante aún es tener una alta autoestima. En Steve Jobs, Isaacson describecómo los padres adoptivos de Jobs le decían todo el tiempo que era ‘especial’, y que, debido a ello, le consentían cada uno de sus caprichos y arrebatos. “En Estados Unidos los niños son expuestos desde edades tempranas a la idea que dice que tú eres lo más importante, que lo que tú quieres es lo más importante, y que tu misión en la vida es gratificar tus deseos. Es la ideología en este país”, acota el escritor David Foster Wallace.

Ese día que el animador descubre que pasa ocho horas diarias dentro de la cabeza de Steve Jobs, telefonea a su hermano. Semanas después, aparece en Pixar junto a su pequeño hijo. “No sentimos nada”, dice. Frustrado, el niño llora y patalea en el atrio de los estudios. Pero el padre no se avergüenza. Al contrario, reconoce, orondo, que está formando a un genio. Para combatir el estrés de educar a un fuera de serie, antes de abandonar el edificio, el hermano del animador va al baño y mete los pies en el inodoro. Tal como hiciera Steve Jobs para relajarse.