Marca personal a Mad Men: Man with a Plan | Letras Libres
artículo no publicado

Marca personal a Mad Men: Man with a Plan

El caos en las oficinas en SCDP es un microcosmos de la confusión reinante en el Estados Unidos de 1968, donde lo viejo no termina de morir ni lo nuevo de nacer. 

El matrimonio entre Sterling, Cooper, Draper y Pryce (SCDP) y Cutler, Gleason y Chaough provoca estragos en…

Episodio 07 “Man with a Plan”.

 1 “Hay años en los que no pasa nada, y hay días en los que pasan años”. La frase –un lugar común de las conferencias de Carlos Fuentes, aunque ignoro si él fue quien la acuñó- es adecuada para describir el manejo temporal en Mad Men. No sólo para entender el ritmo tumultuoso de los sesenta, década en que está situada la serie, sino para comprender la velocidad variable con la que Matthew Weiner y su equipo alteran la vida de sus creaciones. Lo uno alimenta lo otro. Los protagonistas de Mad Men no entienden la rapidez con la que se desdoblan los acontecimientos que los rodean, pero en lugar de tratar de comprender  el origen y destino de estas transformaciones (“No me gustan los cambios”, dice Peggy en “For Immediate Release”), ellos mismos toman decisiones apresuradas en un intento vano de darle dirección a sus vidas. El desconcierto se extiende al espectador: acciones inesperadas que en el momento se sienten presentadas con torpeza cobran sentido capítulos después, cuando la estructura interna de una dimensión de los personajes se revela por completo. Ejemplo: la boda de Don y Megan fue interpretada como una forma desafortunada e inverosímil de cerrar la cuarta temporada; vista a la distancia, sin embargo, abrió un camino congruente con el desmoronamiento gradual de Draper y el arribismo que caracteriza a la otrora secretaria de SCDP. Algo similar sucede con la fusión entre SCDP y Cutler, Gleason y Chaough, esbozada el capítulo pasado. La celeridad atropellada con la que se llevó a cabo, y que molestó a varios espectadores, encuentra ahora una justificación múltiple en “Man with a Plan”.

2 El caos en las oficinas en SCDP es un microcosmos de la confusión reinante en el Estados Unidos de 1968, donde lo viejo no termina de morir ni lo nuevo de nacer. La confrontación es violenta. El liderazgo vertical y caprichoso de Draper encuentra un rival poderoso en el estilo de management horizontal y metódico de Ted, quien tiene que soportar los embates del primero para asumir el control creativo del nuevo despacho. La primera vez que vimos a Ted fue en “The Chrysanthemum and the Sword” (T04E05), cuando pierde la oportunidad de llevar Honda a causa de una trampa maquiavélica de Don. En ese entonces, Chaough se presentaba como una versión “Godínez” de Draper; voraz, sí, pero convencional, sin magia ni genio. El estado de las cosas ha mutado. Chaough siempre carecerá del misterio y la hondura de Draper –lo que le provoca un malestar no exento de ternura, evidente en la secuencia en el hospital: Ted admira a Don casi al punto del enamoramiento- , pero ésas no son cualidades obligadas para liderar en los tiempos venideros. Don no calcula que su primera victoria –emborrachar a Ted frente al equipo- será obliterada por la eficacia entrepreneur de Chaough. El enfrentamiento de cosmovisiones empresariales queda resumido en la secuencia del avión. El estilo es una ilusión que impide reconocer que estás de cabeza cuando crees que estás de pie. ¿De qué sirve cuando atraviesas una tormenta?  “Got to watch your instruments.” Los papeles en el fiasco de Honda se han invertido. La nave remonta la tempestad. Brilla el sol. Ted se pone sus lentes oscuros. Luce como Richard Branson. Sonríe. Game over, Don.

3 The Last Picture Show, de Larry McMurtry. Qué libro tan raro para leer en una avioneta.

4 Jon Hamm no ha recibido el reconocimiento que merece. La organicidad con la que ha asumido la turbulencia emocional y multiplicidad de matices que componen a Don Draper lo desmarcan como un actor de grandes ligas. Su lenguaje corporal en la secuencia de apertura de “Man with a Plan” –en ese espacio que se pasea entre el purgatorio y los círculos del infierno- refleja la interiorización total de un individuo con el que ha vivido casi una década. No hay desplantes telúricos en Hamm. Su sutileza es, en sí misma, una explosión constante. Mad Men, a veces se olvida, no es un trabajo coral al estilo de The Wire; es una obra cuyo impacto, al igual que Los Soprano, descansa en buena medida en la ruta de su protagonista clave. El punto es que, al igual que los personajes espectrales de The Last Picture Show, Draper no va a ninguna parte. Su futuro es la disolvencia. Es una actuación que descansa en la postura y la simetría. ¿La ecuación? Control igual a inmovilidad. Don se mueve con rumbo en situaciones excepcionales (los pitches de Jaguar y Chevrolet, por ejemplo), pero para todo lo demás su respuesta corporal es la contención, el mínimo esfuerzo posible (“he doesn’t talk for long stretches and then he’s incredibly eloquent”). Casi no se desplaza. El elevador lo mueve al círculo de la infidelidad, donde las más de las veces sólo se deja caer sobre el cuerpo de Sylvia (¿quién sedujo a quién?, por cierto); otro ascensor lo lleva a la agencia, donde llega tarde y se esconde en su oficina tras asistir a reuniones a las que no quería ir. La reacción frente a las tragedias de su tiempo también es la inmovilidad: una postura vencida mientras escucha las malas noticias. Draper se rodea de cosas con la esperanza de que éstas terminen expresándole quién es. Por eso es publicista: la inyección de significados al sistema de los objetos es su búsqueda existencial. El extremo llega con los juegos sexuales de “Man with a Plan”. Don coloca a Sylvia al mismo nivel de un Jaguar: algo bello que puedes poseer y estacionar en un cuarto. El resultado: el final del affaire.

5 Bob Benson empieza a convertirse en una presencia misteriosa. Hasta la prensa supuestamente seria de Estados Unidos (Rolling Stone) le ha entrado a las teorías de la conspiración: ¿Agente del FBI que investiga a Draper? ¿Espía corporativo? ¿Periodista? Va una hipótesis. El nombre del episodio es “Man with a Plan”: un juego irónico que se burla sobre cómo cruzamos los acontecimientos sin contar con ninguna clase de certeza, en especial en épocas turbulentas. No obstante, como Joan le comenta a su madre, Bob podría contar con un plan de largo plazo. ¿Realmente quiso ayudar al llevarla al hospital, o fue una extensión más de su lambisconería? La jugada que realiza con la enfermera para que admitan a Joan de inmediato fue digna de un estafador de altos vuelos. El management de SCDP es disfuncional. Como acertadamente teme Pete, se avecinan cambios en la plantilla. Quizá hasta ocurran de manera trágica, como la salida de Lane en la quinta. Benson, en ese sentido, está más que preparado para asumir el relevo. ¿Será él “the man with a plan”, el hombre detrás de la cortina? A Weiner le gusta sabotear expectativas, pero todo apunta hacia esa dirección.  

6 La década ha dejado de sonreírle a Pete Campbell, el candidato más probable al suicidio en esta temporada. La locura de su madre es inquietante: refleja la enfermedad mental de la amante fantasmal que tuvo en  la quinta temporada. Ambas han olvidado que lo amaban. Lo mismo parece haber sucedido con Trudy. Es una constante en su vida. El departamento en Manhattan terminó siendo una pésima idea: una prueba aplastante de soledad.