Louie: ‘Back’/’Model’ | Letras Libres
artículo no publicado

Louie: ‘Back’/’Model’

Alonso Ruvalcaba, Luis Reséndiz y Daniel Krauze platican y reseñan los dos primeros capítulos de la cuarta temporada de Louie.

Luis Reséndiz: Después del final de Breaking Bad se pudo ver cómo se soltaba una serie de teorías acerca de por qué el último episodio bien podría resultar una alucinación de un Walter White moribundo. Supongo que, de una forma parecida, lo visto en ‘Back’ y ‘Model’ nos permitiría hacer una interpretación similar y decir que el personaje de Louie “está muriendo” o “alucinando” o “enloqueciendo”. Supongo que sí y que esas son posibilidades de lectura. (A mí no me parecen particularmente afortunadas: decir que todos en una ficción "están muertos" suena un poco a respuesta fácil.) 

No obstante, me gustaría concentrarme en lo que se pudo ver más que en lo que se puede deducir de ello: en ‘Back’, viñetas más o menos sueltas dentro de un episodio que tiene una “trama”. La mayoría me parecen muy logradas: la de los basureros, por desconcertante y absurda –y porque hacen un ruidero enloquecedor–; inmediatamente después, el chiste de Pinocho sin punchline –que bien podría esconder una reflexión sobre la comedia: a fin de cuentas, el hombre de mantenimiento califica como “hilarious” algo que no lo parece, lo que remite a Hilarious, el show de Louis C.K. que trata el tema. A diferencia de ‘Model’, este primer capítulo luce como una colección de chistes y viñetas no necesariamente graciosas que como una “trama” armada.

La escena del póquer me parece muy lograda –otra pequeña adenda a la historia de esa convención–: por cómo está filmada y por los chistes que van soltando. Misma cosa con la secuencia del doctor, aunque esa, la verdad, se me hizo bastante menos graciosa: más triste, más desconcertante. Aquí el sonido del médico comiendo parece hacer énfasis en lo desagradable de la situación.

De ‘Model’, un capítulo con mayor apego a la narración en tres actos, hay que decir que ese momento frente a la audiencia de los Hamptons es incómodo como pocas cosas; señalar también a Jerry Seinfeld –¿que quizá parodia la imagen que existe de él mismo como un tipo antipático?–, desagradable a muerte. Aunque a mí la historia de la modelo me parecería más una viñeta, Matt Zoller Seitz ya tuiteó que el tercer capítulo responde directamente al segundo. Habrá que esperar.

Porciertos:

· En lo que a mí respecta, Model parece poner un estándar de incomodidad aún más alto, una mayor acidez en la sorna hacia la propia persona. Ese show fue incómodo a muerte, pero la sensación que da la risa solitaria de la modelo es escalofriante.

· Apunte de aficionado de los Beatles: qué bien los imita Louie.

· Cómo me gustaría ver más escenas de póquer con Louie y sus amigos. Qué bien escritas están, qué bien filmadas, qué hilarantes son. Causan nostalgia por los amigos que estaban y ya no, y también por los que uno nunca tendrá.

 

Alonso Ruvalcaba: Yo quisiera concentrarme en unos cuantos aspectos formales que, creo, revelan a un Louis CK aún más seguro y diestro de lo que lo habíamos visto en temporadas anteriores. (Digamos, para citar su primer monólogo, que Louie envejeció dos años de golpe. Digamos, para no citarlo, que fue para bien.) El primer ejemplo está en ‘Back’: la consulta con el doctor Bigelow. Ya dijiste, Luis, que “el sonido del médico comiendo parece hacer énfasis en lo desagradable de la situación”. Durante todo el episodio, el ruido ha sido un motivo: particularmente, un motivo que remite a la incomodidad: los basureros golpeando sus botes, el conserje taladrando algo que suena metálico, los gemidos quejicas y los ‘yucks’ de las niñas, los platos aventados sin ningún cuidado sobre la mesa... Es como si Louis CK mismo estuviera tratando de impedirnos dormir. (¿Saben cuando vives con alguien y tú duermes como un bebé pero ese alguien ha madrugado y decide ponerse a lavar los platos escandalosamente? Lo hacen las mamás, a veces. Pues así.) 

Cuando llegamos al consultorio del doctor Bigelow estamos más que listos para padecer, junto con Louie, otro atentado contra nuestro oído. El sonido que hace la boca del doctor al mismo tiempo corona un episodio dolorosamente auditivo, subraya “lo desagradable de la situación” pero sobre todo contrapuntea tal vez irónicamente la tremenda revelación del doctor: no es la espalda de Louie lo que está mal, es la espalda de la humanidad lo que está mal, al igual que la boca del doctor, rumiante, no está mal: es la edad a la que los humanos nos estamos empujando, estúpidamente, ciegamente, lo que está mal. El ruido incómodo es, entonces, uno de los motivos que sirven para trenzar esta serie de viñetas (no debe ser casualidad que nunca lleguemos a oír el único ruido verdaderamente placentero de ‘Back’: el brbrbrbrbrbrbr del vibrador que anticipa el orgasmo); viñetas que en muchos sentidos también están unidas por el tema de la edad: la del doctor Bigelow, la de Louie, la de sus colegas y los pocos placeres que con la edad les restan.

No sé qué opinen ustedes pero yo creo ya que ‘Model’ es uno de los mejores episodios de Louie: por la inteligencia con que Louis CK distingue a un comediante de excelente oficio (Seinfeld), capaz de adaptarse, leer a su público e improvisar, de un hombre cualquiera que, resulta, también es comediante (Louie, incapaz de todo lo anterior), por la melancolía con que enfrenta las ilusiones eróticas con la realidad (y su fractura), por la sorprendente mezcla de belleza y alegría en la cara y el cuerpo de Yvonne Strahovski (la model del título), que por supuesto son parte importantísima de la puesta en escena. Pero también, y acá llego a mi punto “formal”, por su uso brillante y económico de la profundidad de campo y los planos de acción.

El uso es económico en que enriquece el cuadro y su información con apenas la modificación del foco. A veces es como si al director le hubieran limitado el número de cortes para no encarecer la producción, pero también le hubieran exigido transmitir toda la información necesaria. Va una instancia. Hacia el final del episodio, cuando Louie ya ha golpeado a la modelo y está en el hospital, tenemos: en primer plano, Louie al teléfono suplicándole ayuda a Seinfeld; en segundo (en foco) un policía reprobatorio que anuncia el destino inmediato de Louie (la delegación); en tercero, la aparición de un hombre de smoking que sólo puede ser el padre millonario de la modelo y modifica el destino inmediato de Louie (ahora: una golpiza); y, también, en una suerte de primerísimo primer plano auditivo, tenemos a Seinfeld del otro lado de la línea deslindándose de lo lindo de la bronca de Louie. 

Polanski, el más grande tacaño cinematográfico que ha existido, habría aprobado esa toma riquísima. 

A veces el uso de dos planos de acción en el mismo cuadro redunda en emoción. Consideren estas tomas gemelas durante el evento de beneficencia:

Primer shot: en segundo plano Louie, invitado por Seinfeld, está haciendo el peor stand-up de la historia, mientras acá, con nosotros, a Seinfeld (que ya se perfila como el “villano” de la serie) se le retuerce la cara de vergüenza ajena; segundo shot: en segundo plano, Seinfeld –el comediante de oficio– ya ha adaptado su acto y carga su carrilla contra Louie que, en primer plano, acá con nosotros, no puede sino agachar la cabeza. No es vergüenza ajena: es la vergüenza de ser uno mismo, de encontrarnos en el mundo sin otra cosa que esta caja de herramientas, limitada, que tenemos. La vergüenza propia. (A mí también me dieron ganas de agachar la cabeza.) En el primer shot el rojo de la iluminación le da a la mueca de Seinfeld algo diabólico; en el segundo, la iluminación desde abajo le da al rostro de Louie algo eclesiástico, como si le estuviera rezando a una veladora. Y, para volver a la economía del lenguaje, son tomas que gracias al uso de dos planos incluyen la acción y su correspondiente reacción. Se gana agilidad, no morosidad. Un ejemplo externo que seguramente tienen en mente: aquel momento de la infalible Jerry Maguire en que Jerry en primer plano le dice a la hermana de Dorothy que ha cortado con su novia –mientras, en segundo plano, se nos da el beneficio de conocer la reacción de Dorothy a la noticia:

A veces, la economía y el uso de la profundidad de campo funcionan como generadores de suspenso y de curiosidad. Cuando Louie ha salido por fin de su enorme flop en la gala de beneficencia, alguien (la única persona que se rió durante el performance) llama a gritos su atención:

La toma dura al menos un minuto así, con apenas cambios de foco. Sabemos de alguna forma (porque es Louie, y algo así tiene que pasar) que la mujer es bellísima, y que esto será un desastre tarde o temprano, pero la cámara se niega a ampliar nuestro rango de conocimiento. Tal vez, nos dice, pero hasta que no sea realidad, no lo será. Entonces nos quedamos con Louie un poco más, 30 segundos, mientras la mujer va a su auto, lo arranca y maneja hasta Louie, invitándolo a subirse. Es un gran tease –¿quién es esta mujer que a lo lejos se ve y se oye tan hermosa, tan seductora, tan imposible?– que culmina con una bofetada de fantasía que más tarde terminará con una bofetada de realidad:

Porciertos:

· ¿Notaron que la hija pequeña de Louie le pide a su papá en ‘Back’ que le ayude con la mochila “porque le duele la espalda” y que, claro, Louie se niega a ayudarle? La venganza es un platillo que sabe mejor etcétera.

· El hermoso desparpajo de Yvonne Strahovski me remite a una niña que, contra toda orden, decide salir a bailar bajo la lluvia. También me recuerda a los mejores momentos de Cameron Díaz y Jennifer Lawrence. Le regalo mi corazón.

· Sólo de paso hay que mencionar esto para la “teoría” de que Louie “está muriendo”. La modelo ha llevado a Louie a su millonaria casa, ha tenido relaciones sexuales con él. Louie, naturalmente, dice: “Esto no suele sucederme.” That's not how I roll. A lo que ella responde: “Tal vez no está sucediendo en realidad.” Y, por favor, olvidémonos ya de esa teoría.

 

Daniel Krauze: Tacañería. Bien visto.

El ejemplo de la modelo afuera de la gala, antes de subirse al coche, es una de muchas tomas donde CK posterga el descubrimiento del otro. Ya hablaron del sonido en la escena del doctor. ¿Y el emplazamiento? Solo al final de la secuencia descubrimos a Charles Grodin (jodidísimo, por cierto). Lo mismo pasa con la modelo, y no solo en la toma del automóvil, sino más adelante: el two shot en el convertible está más cerca de Louie; cuando llegan a la mansión, ella se aleja de nosotros, se desnuda y se mete al mar.[1]

En el perfil de CK en la última GQ, Andrew Corsello habla de una de las mayores virtudes de Louie: su capacidad para hacer visual al stand up. Se refiere a la riqueza verbal de sus rutinas, claro, pero también al estilo del programa. La secuencia del basurero es eso: un bit de stand up transformado en un chiste en imágenes (sin una sola palabra). El paroxismo de la escena, cuando los hombres entran a la recámara, me recordó a otros grandes bits de CK. En especial a este, que Corsello menciona, donde no importa tanto el punchline sino el absurdísimo set up:

https://www.youtube.com/watch?v=BEBy3sKTG-c

Dicen que no les importa si Louie ocurre en el mundo real o en la imaginación del protagonista. De acuerdo. Pero pongo otra teoría sobre la mesa. Aceptemos que en Louie hay poca progresión dramática. Dudo volver a escuchar algo sobre Letterman o el personaje de Parker Posey. En ese sentido, me remite a Los Simpson, y a ese momento donde Lisa le asegura a Bart que, sin importar el desenlace de esta semana, a la siguiente todo volverá a ser igual. Louie parece seguir esa línea. En ese eterno retorno está su gracia. ¿O a poco creen que lo vamos a ver pagando esos cinco mil dólares semanales hasta el final del programa?



[1]¿Alguien más pensó en Jaws? El tipo reticente; la mujer (semi)desnuda. Desde ahí supe que la cosa no iba a acabar bien.