La comedia perversa de Don Hertzfeldt (2) | Letras Libres
artículo no publicado

La comedia perversa de Don Hertzfeldt (2)

El paródico usa odres viejos y los rellena con agua de jamaica. Ya sea el hexámetro épico clásico, o las normas de la tragedia, lo usa con otros fines, lo profana. Un anciano venerable con máscara y coturnos, de repente, orina sobre el escenario: risas. El poeta invoca la inspiración de las musas para cantar la heroica batalla entre los ratones y las ranas: chistoso. Su mecanismo es voltear al mundo de cabeza. La risa emerge de lo imprevisto, cuando no vemos cumplida nuestra expectativa. Pero utilizar dibujos animados para explorar las profundidades de una duda ontológica cancela la función paródica. Asistimos a una reivindicación de lo bajo y a una humillación de lo alto, pero no para crear un mundo al revés. Si con el primer movimiento se acentúan las ambigüedades de la vida, con el segundo se subrayan sus pocas certezas, que pueden resumirse en el siguiente adagio: Life’s a bitch and then you die. La risa remanente, como regusto amargo de vino viejo, tiene una esencia violentada.

Una trayectoria de éxito suele ser predecible, monótona y aburrida. Carece de peripecia, es difícil identificarnos con el triunfador, no le creemos y necesitamos verlo sufrir. Eso se esperaba de Hertzfeldt fuera de la protección académica: que hiciera publicidad, que fuera cooptado por contratos millonarios, absorbido por Hollywood y que trabajara para Disney, como el joven Tim Burton. Pero no fue así. Defraudó a los guionistas de su fracaso con la fundación de Bitter Films, su compañía productora, y el estreno de Rejected (2000). Las virtudes de esta obra no pueden medirse con la cantidad de reconocimientos. Es una serie de comerciales apócrifos —supuestamente rechazados por las grandes compañías que los solicitaron— que, en diez minutos, van construyendo un mundo con sus propias reglas, valores y principios. Pero hay algo torcido en este universo animado, Hertzfeldt-Dios no lo ha hecho del todo bien y las cosas comienzan a empeorar paulatinamente. Al final, el autor de ese universo destruye a sus propias criaturas en una de las más conmovedoras representaciones que, en el cine, se hayan realizado del Apocalipsis. Aquí incluso el final funciona, es el mejor posible, es el final de todo.

http://www.youtube.com/watch?v=j0GdVVZw6Jg

Entonces se acabaron las sorpresas. Ya nadie se impresionó de que, cinco años después, el festival Sundance presentara The Meaning of Life (2005), tal vez su filme más abstracto. Durante 12 minutos observamos el desarrollo de la vida en la tierra, hasta un cataclismo que concluye la Era del hombre. Pero la evolución no se detiene ahí, diversos organismos se siguen desarrollando hasta que vemos a dos criaturas desconocidas que parecen ser un padre y un hijo. El mayor parece explicarle el sentido de la vida al menor pero, para desgracia del público, lo hace en un idioma que nos es ajeno.

La última obra de Don Hertzfeldt es, hasta ahora, su proyecto más ambicioso. Una trilogía que trata la historia de Bill, un joven solitario que comienza a perder la razón. Everything Will Be Ok (2006) es la primera parte, este mes llega a México I Am So Proud of You (2008), la secuela. El director del festival de cine de Ottawa la describió con las siguientes palabras: “A fucking masterpice”.

http://www.youtube.com/watch?v=U_crYtmZxi4

Algunos califican la comedia de Herzfeldt como “humor negro”. Me resisto a utilizar ese lugar común. En sus películas sucede algo que me gustaría designar como la perversión de la comedia. Todos sus recursos, ya sean “menores” —como la animación o las historias románticas— o “mayores” —como sus aporías existenciales y el Apocalipsis—, coartan su fin original. No están ahí solamente para hacernos reír o reflexionar, conllevan una carga irónica que los relativiza: resultan en una banalidad trascendente. Su eficacia se suspende entre la razón y el sentimiento, ante un azoro casi inexplicable. Don Hertzfeldt es un equilibrista que se tambalea sin red sobre la cuerda del humor.

- Guillermo Espinosa Estrada